jueves, 29 de diciembre de 2011

El Cazador de Libros (19) Ensayos para estos días.

Me voy a permitir, antes de que desaparezca esto de los libros de papel, hacer algunas modestas recomendaciones bibliográficas aprovechando también estas fechas de dispendio venidas a menos. Voy a sugerir algunos de los ensayos que he leído este año y que, a mi juicio, pueden proporcionarle a los lectores muchas satisfacciones.
Empiezo por un género que me es particularmente grato: el de los libros que hablan de libros. Tenemos el último trabajo de este apasionado de la materia, Jesús Marchamalo, “Donde se guardan los libros” (Siruela 2011) en la que podemos bucear en las bibliotecas personales de una veintena de escritores. En plan lujillo disponemos ahora mismo de una magnífica publicación de Martyn Lyons, “Libros, dos mil años de historia ilustrada” (Lunwerg 2011), un auténtico regalo -como dice el tópico- para los ojos. En el capítulo de Historia viene bien una de estas publicaciones “posmodernas”, centrada en los acontecimientos que hasta el momento no fueron de excesivo interés para los profesionales del ramo. Se trata del libro de Bill Bryson, “En casa, una breve historia de la vida privada” (RBA, 2011). No sé si tendrá el éxito de “Una breve historia de casi todo” pero al menos su toque de humor anglo está garantizado. La editorial Acantilado por su parte ha rescatado una rareza del biógrafo Emil Ludwig, “Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin” en la que hace unas semblanzas tempranas (se trata de un texto de 1939) y extraordinariamente clarividentes. Ha caído en mis manos un volumen muy interesante, una versión gráfica (o en cómic -como se prefiera) de un autor pionero en sacarle las vergüenzas a EE.UU, una especie de antecesor de Chomsky, Howard Zinn, “Una historia popular del Imperio Americano” (Sinsentido 2010) que reúne un texto ágil con unas ilustraciones fantásticas. También centrado en EE.UU, pero desde otra perspectiva, es muy recomendable el libro de Russell Shorto, “Manhattan, la historia secreta de Nueva York” (Duomo 2011) en la que el autor saca a la luz una interesante y novedosa documentación sobre la época fundacional holandesa de lo que luego sería el ombligo del mundo. En el terreno de la Política (sí, han leído bien) les sugiero el texto de Mohamed El Baradei “Años de impostura y engaño” (RBA 2011) en la que el Premio Nóbel saca a la luz con todo detalle lo que muchos sabían: las rastreras maniobras del gobierno Bush para embarcarse en una guerra contra Irak. Ahora mismo me encuentro leyendo un libro sobre Corea del Norte, Barbara Demick “Querido Líder” (Turner 2011) espoleado por las tragicómicas imágenes del funeral del último de sus dictadores dinásticos, en las que cualquiera pudiera pensar que se trata de una gran opereta absurda -sino fuera porque detrás de esa escenografía de masas se esconde una dramática realidad donde millones de personas están condenadas a la inanición y a la sumisión más humillante. Para no pecar de exceso quiero terminar con el que quizás ha sido para mi el ensayo del año: Barbara Ehrenreich, “Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo” (Turner 2011). Un demoledor trabajo sobre todo el mundo sectario de la autoayuda y de la ideología del rollo positivo como forma de control social. Dicho queda.

¡FELIZ Y BIBLIOMANO 2012!
Posdata 1. Me alegra mucho que la entrada número 300 de este blog haya coincidido con un post sobre libros, pura casualidad -pueden creerme.
Posdata 2. Feliz año a los lectores y lectoras de “La inocencia del devenir”. Esperemos que los malos augurios que todo el mundo vaticina para este 2012 se conviertan al final en una corriente de energía transformadora. O al menos que lleguemos al 2013 para contarlo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El Catalejo (37) Lo aguantan todo

Mucho temo que el poder democráticamente constituido (parto de esta premisa para que no haya equívocos) ha desarrollado sus triquiñuelas para pasar por encima de cualquier disidencia. Está claro que con una mayoría absoluta y al comienzo de una legislatura nos toca esperar una buena tunda. La duda que me queda es si los electores, o al menos una parte sustancial de los mismos, tiene una idea clara de lo que significa darle carta blanca a la opción  más ultraliberal del zoco político. Tendremos que comprobarlo en nuestras maltrechas carnes. El problema está en que quienes manejan los resortes del poder han aprendido a aguantarlo todo. El ejemplo más palmario es Grecia. No parece que las oleadas de protestas masivas hayan servido para que el gobierno griego diera marcha atrás en sus medidas antisociales. El amago de Papandreu con lo del referéndum demostró el grado de cinismo, incluso, de esta gente. Las “guerras de desgaste” en un marco, al menos formalmente democrático, las ganan casi siempre los gobiernos. Para ello tienen varias cosas esenciales: las fuerzas policiales y armadas, los medios de comunicación de masas y sus sueldos asegurados. Pongamos otros ejemplos más cercanos: en el sector educativo público, empezando por el canario, las políticas de recortes (o el de la homologación del profesorado en su día) supusieron un rosario de justificadísimas huelgas y protestas por parte de los docentes.  Desde una concepción de la buena gobernanza (término que me resulta un tanto extraño pero que se ha puesto de moda) como armonización de diversos intereses y como defensa de lo público como base de una sana articulación social el resultado habría sido al menos un esfuerzo negociador sostenido. Pero no. Se trata de no dar ni un paso atrás -no sea que la opinión pública perciba alguna debilidad- y enrocarse en la postura de partida en base a cosas tales como el programa electoral (que muy poca gente lee y casi con seguridad no alude sino a unas cuantas vaguedades) y la responsabilidad de gobernar. Es decir: están preparados para lo que haga falta. A ellos no les descuentan los días de huelga ni les suele importar demasiado el deterioro de los servicios públicos. Luego viene lo del miedo, alguna campaña de imagen y, sobre todo, el tiempo que todo lo diluye. Cuando se acerquen de nuevo las elecciones ya todo será agua pasada y a agitar la benderita de nuevo. Así que no nos va a quedar más remedio que inventarnos algún procedimiento que de verdad les preocupe. ¿Qué tal un “apagón” futbolístico?

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Impertinente (11) Adiós, Europa, adiós...

Siempre nos habían dicho que Europa terminaba en los Montes Urales. Ahora habría que decir que Asia empieza en el Peñón de Gibraltar. Y es que la idea de Europa o, mejor, cierta idea de ella, ha terminado saltando por los aires. La Europa occidental surgida de la II Guerra Mundial que terminó por desarrollar un sistema de protección social que oponer a la Europa controlada por la Unión Soviética ha pasado a mejor vida. Quienes en su día criticaron el Estado del Bienestar como un señuelo socialdemócrata hoy suplican por salvar los últimos rescoldos del mismo. Estoy convencido que en el núcleo de esta supuesta crisis económica se esconde una operación gigantesca para acabar con la idea de Europa como confluencia, al menos sobre el papel, de estados sociales y democráticos. No se trata de que la crisis haya acabado con Europa sino que para acabar con Europa hacía falta una gigantesca crisis. Entre el modelo ultraliberal norteamericano y el disparate económico y social chino, Europa no tiene nada que hacer. Al menos en términos de competitividad económica al más puro estilo capitalista [“competitividad” = argucia para dejar a los trabajadores con lo puesto]. En la carrera por lo más barato el modelo europeo resultaba demasiado caro. Solo había que darle un empujoncito para que esto se terminara convirtiendo en una gran sucursal del todo a cien en el que ha devenido la aldea global.
Es cierto que no tenemos que idealizar demasiado un modelo europeo concebido desde el principio como un gran mercado y poco más. En la retórica política de sus orígenes, la Unión Europea, en sus distintos formatos, gustaba de presentarse como la garante definitiva de la paz en el Viejo Continente, la gran unificación de países que en su integración económica terminarían por coincidir políticamente. Hubo un tiempo que, con las locomotoras alemanas y francesas a la cabeza, entrar en el club europeo era el certificado de modernización de un país. Y en ese sentido, hay que reconocer que gracias a los fondos de cohesión y estructurales el Estado Español, desde su ingreso en 1986, terminó por dar un importante, aunque desigual, salto adelante. Pero en cuanto el flujo financiero tomó otros derroteros, haciéndose cada vez más especulativo, y el peligro soviético se disolvió como un terrón de azúcar las tornas empezaron a cambiar. Hoy se ha visto que la construcción y la solidaridad europea hacen agua cuando colisionan con los intereses bancarios y con los de Alemania (la gran beneficiada por esta cosa de la moneda única). Los famosos eurobarómetros están por los suelos y ya se habla sin ambages de la Europa a dos velocidades y de poco menos que países basura a los que hay que castigar como niños traviesos.
Pero si algo ha quedado en entredicho es el enorme déficit democrático de la Europa del presente y de la que nos están diseñando. Las instituciones europeas más relevantes, empezando por el Banco Central Europeo, y el eje París / Berlín, los que de verdad cortan el bacalao, ponen y quitan gobiernos, dan o niegan el visto bueno a presupuestos nacionales, aplican el bisturí sin vacilación alguna a países enteros, cocinan medidas económicas y diseñan su particular chiringuito a espaldas de la ciudadanía. Para ello utilizan la mejor de las armas conocidas: el miedo. Hay un permanente recurso al “o esto o el caos”. En vez de reconocer que el rumbo que han tomado las cosas no hace sino agravar esta crisis insisten en una permanente huida hacia adelante con la excusa de que es la única manera de salvar algo de esta Europa moribunda. Sin embargo, lo que se está tratando de salvar, digámoslo claro, es el nivel de vida de las clases y las corporaciones dominantes. Mucho me temo que, a estas alturas, solo una catástrofe hará que este impulso suicida se detenga. Y esa catástrofe muy posiblemente vendrá del colapso de la economía y del modelo social chino, mucho más frágil de lo que nos han contado y cuya honda expansiva dejará a Grecia como un inofensivo juego de niños. Mientras tanto no nos queda más remedio que entonar un “Adiós Europa, adiós... ¡abran paso a Eurasia!” (y que el dios de cada uno nos coja confesados).

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cine a solas (5) Un método peligroso

Plantearse una película sobre la famosa y turbulenta relación entre Freud y Jung y que esta no sea una rareza de autor, destinada a un público selecto y minoritario, puede parecer todo un atrevimiento. Y esto es justamente “Un método peligroso”. Aunque la historia de atracción fatal y amor sadomasoquista entre Jung y su paciente Sabina Spielrein supone el núcleo de la película, el telón de fondo, con el psiconálisis y su lucha por aparecer como un respetable descubrimiento científico y la desquiciada sociedad vienesa de principios de siglo, logra una historia singular, alejada de los lugares más o menos comunes en los que se mueve el cine comercial.
Mi escasísimo conocimiento de Jung (lo del 'insconciente colectivo' y poco más) me llevó a adelantar un libro que tenía en cola, Richard Noll, "Jung, el Cristo Ario" (Vergara, 2002). Esto me sirvió para valorar a posteriori el extraordinario guión sobre el que está cimentada la película. Las referencias a los hitos principales de esta relación triangular, tanto amorosa como intelectual, están logradísimos. Podemos asistir, ayudados por una cuidada ambientación, al reinado de Freud (un Viggo Mortensen sobresaliente) como apóstol indiscutido del psiconálisis entendido casi como una nueva religión, a la desafección del príncipe heredero, Jung (Michael Fassbender), quien inicia una deriva que le llevará a adentrarse en el oscuro mundo del espiritismo y el mesianismo redentorista. Se pone de manifiesto la necesidad del psicoanálisis, dominado hasta entonces por judíos, de saltar esa barrera étnica en la que el ario Jung jugaría un papel esencial. En medio, Sabine Spielrein, interpretada de una manera un tanto sobreactuada pero muy meritoria (se nota lo de la nominación al Óscar) por Keira Knightley, una paciente afectada de una grave neurosis que termina convirtiéndose en amante de Jung y discípula de Freud, una de las primeras mujeres admitidas en los cenáculos psicoanalíticos. Hay una breve pero decisiva aparición del excéntrico Otto Gross, uno de los discípulos bohemios y morfinómano de Freud, quien intentara una combinación fecunda pero explosiva entre la Filosofía de Nietzsche, los postulados psicoanalíticos y el anarquismo. Aunque se presenta también como paciente de Jung, obligado por su iracundo padre, termina arrastrando al terapeuta hacia su propio terreno. Gross plantea la liberación del individuo de toda represión y la más absoluta desinhibición sexual hasta el punto de proponer la poligamia como la vuelta a la verdadera naturaleza humana. Una película inquietante y extraordinaria que tiene la peculiaridad, como buen producto psicoanalítico, de ponernos en los límites difusos entre la razón y la locura, entre las convenciones sociales y los deseos más profundos. Hay que verla.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Catalejo (36) Contra la pureza

El título de este post no es precisamente una diatriba contra la festividad de la Inmaculada Concepción, allá los católicos y sus oscuras cosas metafísicas. Es un alegato contra la “pureza” política que todavía campa a sus anchas en distintos altares de las izquierdas de nuestros días. Esto viene a cuento porque me encontraba hojeando esta mañana la última publicación de Agapito de Cruz -un histórico del ecologismo canario- “Canarias en clave de Sol” (Libreando, 2011), en la que recoge una década de artículos free lance, como él mismo dice. Leer a Agapito siempre es un placer pero me llamó mucho la atención una aseveración del primer capítulo del libro en el que daba por obsoleto al ecosocialismo y reclamaba (no lo dice con estas palabras) la pureza de los postulados ecologistas y en particular del ecologismo libertario. Resulta curioso que un planteamiento político como el ecosocialista que, hasta donde yo sé, no ha tenido la oportunidad de probar aún sus bondades y sus defectos, sea despachado de esa forma tan categórica por el autor. El argumento de fondo no me suena a nuevo: mis postulados teóricos son los únicos capaces de dar una explicación global y una respuesta a los problemas de nuestro tiempo y la principal tarea de quienes creemos en ellos es que permanezcan incontaminados. Si la ciudadanía se da cuenta de esta verdad revelada y nos vota ¡estupendo! Y si no aquí seguiremos aguantando la vela de las esencias entreteniéndonos básicamente con quienes están a nuestro lado en el ideario -sobre todo para echarles una puya de vez en cuando. Hay que decir que esta tendencia al puritanismo ideológico es bastante habitual en las izquierdas de distinto signo. Los soberanistas e independentistas, por ejemplo, suelen pasar pruebas de pedigrí nacionalista antes de sentarse a hablar con cualquiera, no sea que el interlocutor termine siendo un opresor neocolonialista y no se haya dado cuenta todavía de ello. Algunos ecologistas suelen manifestar más simpatía por un individuo claramente de derechas que tiene la buena costumbre de reciclar las botellas de plástico que por un tipo de izquierdas que anda por el mundo con esas cosas de la justicia redistributiva y  los Derechos Humanos pero que deja el grifo del agua abierto mientras se cepilla los dientes. En fin, aquí todo el mundo hace de su capa un sayo.
Yo suelo insistirle a mi alumnado que los planteamientos filosóficos, políticos, artísticos... más fecundos a lo largo de la historia han sido aquellos que han supuesto una síntesis de otros anteriores, que recogen en su seno tradiciones y corrientes aparentemente contrapuestas -incluso- pero en las que se han dado puntos de encuentros que alguien ha sabido poner de manifiesto. Las posturas absolutamente esencialistas, aquellas que pretenden permanecer inalteradas, terminan deviniendo, la mayoría de las veces, en reductos sectarios, ahistóricos, impermeables a la realidad cambiante que pulula a su alrededor. Esto no significa un “todo vale”, cuidado, ni un totum revolutum sin pies ni cabeza. Es una modesta exhortación, en todo caso, a la necesidad de que los planteamientos progresistas de diverso signo, aunque procedan de distintas sensibilidades o pongan el acento en esto o aquello, establezcan las bases, de una vez por todas, de un gran acuerdo en lo fundamental. Alguien podría objetar que el término “progresista” es ambiguo o insuficiente. Pero si fuésemos capaces de darle entre todos un nuevo contenido a este concepto, que ha terminado siendo devaluado por un partido-empresa que representa todo aquello en lo que no debemos caer, ya habríamos dado un gran paso adelante. Mientras, me sigue apenando los esfuerzos de uno y de otros por presentarse como los únicos que aún no tienen mácula, los concebidos por obra y gracia del espíritu redentor de la ideología verdadera. No sé porqué me viene a la cabeza aquella estrofa de Pedro Guerra: “contamíname, mézclate conmigo...”

sábado, 3 de diciembre de 2011

El Aula (19) La Navidad en el aula.

La sana curiosidad del alumnado, víctima entre otras cosas de mi ateísmo militante, le lleva a hacerme preguntas como estas: ¿y tú celebras la Navidad? Les suelo contestar que ¡por supuesto! Este es el pretexto para poner sobre la mesa algunas cuestiones que a mi juicio son muy interesantes. En primer lugar la dimensión simbólica del ser humano y a continuación la vertiente antropológica y cultural de esta y otras festividades. Ya se ha puesto sobradamente de manifiesto que la Navidad cristiana fue una sustitución de las antiguas fiestas romanas de las Saturnales “(...) en las que se celebraba la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno” (Schultz, 1988) y de la Fiesta del Nacimiento del Sol Invicto, fijada por Aureliano el 25 de diciembre (Domené, 2010). Precisamente, la identificación de Jesús como “Sol invicto” produjo una asimilación de antiguas tradiciones. De hecho, la Natividad de Jesús es una de las festividades cristianas de raíces más claramente paganas. Tiene que ver, incluso, con rituales mucho más antiguos, de origen egipcio y mesopotámico, relacionados con el ciclo solar.
Hecho este preámbulo, hay que dejar claro que la imprescindible crítica de nuestra cultura no significa necesariamente que uno reniegue de ella. Cierta concepción de la Navidad relacionada con valores fraternales es perfectamente asumible y reivindicable. Y más ahora que ha terminado degradándose en una orgía consumista y mercantil, desprovista de toda simbolización y significado. Por estas mismas circunstancias se me ocurrió inaugurar en mi aula este antiguo ciclo festivo con una pequeña ceremonia centrada en el “Árbol de las Utopías”: un cono de papel que expresa algunas aspiraciones que mejorarían nuestra maltrecha convivencia. El encendido de unas velas, como símbolo solar, expresa esa idea antigua del fuego como elemento que reúne en sí mismo lo permanente y lo cambiante, lo catártico y lo mistérico. Algún que otro aditamento como la música de Gabriel Fauré o la lectura de un poema del siempre maravilloso Walt Whitman añaden un pequeño toque estético. De lo que se trata, en definitiva, es de ir más allá de lo dado, de forzar las tradiciones para acercarnos al trasfondo que encierran, de huir de los recursos trillados y de plantear  alternativas. ¡Ah, y que tengan unas Felices Fiestas!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Pasión por la Música (6) De Bandas y Coros

Sabemos que esta época oscura está trayendo consigo la destrucción de todo el tejido social y cultural de estas islas y de medio planeta. Así que resulta reconfortante comprobar cómo aún persisten células de resistencia como las que he tenido el placer de disfrutar este fin de semana. En primer lugar hay que mencionar el concierto de Bandas de Música llevado a cabo en la Casa de la Cultura de Los Realejos, en las que intervinieron la Sociedad Musical Filarmónica y la Agupación Musical Cruz Santa. Uno, que fue componente hace más de veinte años de una antigua banda de pasodobles y selecciones de zarzuela, comprueba con gran satisfacción el enorme salto cualitativo que han experimentado estas formaciones musicales en los últimos, al menos, quince años. Bandas que se atreven ya con una ejecución muy meritoria de la Obertura Guillermo Tell de Rossini, con una selección de The Blues Brothers, y donde contemplamos atónitos cómo uno de los directores se quita su chaqueta y ejecuta un solo con un clarinete multicolor que va desarmando progresivamente hasta quedarse con la boquilla mientras el resto de los músicos le acompañan sin perder el compás. Todo esto y más pudo verse en este concierto con motivo del Día de Santa Cecila. Extraordinario.
No menos extraordinaria resultó la interpretación de la Coral Juvenil David Goldsmith, uno de los coros de las Asociación Cultural Reyes Bartlet del Puerto de la Cruz, en la puesta en escena de una obra escrita para la ocasión, “El enigma de la estrella del Este”, dentro del III Festival Agatha Cristie. Aunque las distintas formaciones corales de la Reyes Bartlet nos tienen acostumbrado ya a un nivel artístico y creativo sobresaliente en sus numerosos proyectos es imposible no volver a quitarse el sombrero frente a otro ejemplo más de buen gusto y maravillosa ejecución. Mientras disfrutaba de la actuación, en la que se adivina la ya muy experimentada mano de Ricardo Rodríguez, profesor, cantante y actor – autor, y de la directora del coro, la joven pero ya muy veterana en estas lides Cristo Velázquez, me venían a la cabeza algunas reflexiones.
Pensaba que no deja de ser significativo que en medio de la polémica desatada por el recorte del 65% en Cultura (exterminio, podríamos decir) llevado a cabo por el Gobierno de Canarias, en un contexto en el que, como ya dije más arriba, se está dejando a cero el tejido socio-cultural que tanto tiempo y esfuerzo ha supuesto desarrollar en estas depauperadas islas, es de agradecer que desde las mismas entrañas de la sociedad civil, como son estas asociaciones, sociedades o agrupaciones culturales, se siga haciendo un trabajo de calidad. Un trabajo, además, que aúna dos cuestiones fundamentales para el futuro de los que habitamos en estos peñascos atlánticos: educación y cultura. El nivel que requiere la puesta en escena del concierto de las bandas o de la coral juvenil, es el fruto de mucho esfuerzo y constancia. Supone un plus impagable de formación para nuestros jóvenes, sin distinciones de condición social, y contribuye a mantener viva la epidermis social, tan dañada por las medidas de quimioterapia que se empeñan en poner en práctica estos médicos impostores que son nuestros políticos. Más allá de que un proyecto o una actuación concreta pueda estar subvencionada por una administración en particular, hace falta que se apoye decididamente y sin medias tintas a estos colectivos que, haciendo Cultura con mayúscula, suponen, al mismo tiempo, un recurso educativo de primera magnitud. Nos quieren engañar con el mensaje de que en estos tiempos de crisis la cultura es un lujo prescindible. Se me ocurren tantísimas cosas que sobran (ya puestos a meter tijera) que no tendría ni para empezar en el tamaño aconsejable de un post. Así que, como ciudadano, contribuyente cabreado, padre, paseante, amante de la música, docente y lector con ribetes apocalípticos, quiero agradecer enormemente el que estas manifestaciones de una sociedad que aún conserva algo de cordura y buen gusto sean todavía posibles.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El Aula (18) Escuela de calor

Algún día tenía que pasar. Aunque he tenido la oportunidad de tutorizar a algunos alumnos del extinto CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) y de otras materias puntualmente, nunca me había dirigido a una audiencia de un centenar de alumnos de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna, junto con otros cuatro compañeros/as, para hablar de una de mis pasiones: la aventura de educar. Traté de aportar dos ideas básicas: tenemos que convertir las aulas y los centros educativos en lugares de vida (en oposición al concepto de “no lugar” acuñado por el sociólogo Marc Augé, definido como espacios anónimos, donde se transita pero no se vive, como es un centro comercial o la estación de guaguas) y el (casi) imperativo moral del docente de tener algo interesante que hacer y que ofrecer. Con estas dos planteamientos (dando por hecho que la cuestión académica y demás ya viene convenientemente certificada) creo que un futuro maestro está más que servido. Sobre todo porque otros aspectos deseables como son el compromiso educativo, el entusiasmo o el enfoque social de la propia actividad ya vienen incluidos en ese hacer y ofrecer que hemos tildado (atrevidamente) de interesante. Claro que para hacer algo interesante hay que ser alguien minimamente interesante. Esta última exhortación no trata de ser un gesto de soberbia por parte del autor de este post sino una llamada a la necesidad por parte del docente, tanto en formación como en activo, de que debe llenar su vida de las experiencias vitales (entre las que incluyo las intelectuales) que son las que les van a sacar de los apuros que tendrá por delante.
Lo cierto es que estuve a punto de no acudir a la cita. Últimamente uno se planteaba si, en realidad, este discurso que se ha ido apoderando de mi en los últimos veinte años tiene ya alguna vigencia (como producto de algunas pequeñas frustraciones). Todos sabemos que el personal que habita las aulas va cambiando y que la realidad educativa es dinámica. También pienso que por muchas pizarras digitales y plataformas moodle que nos pongan delante lo esencial de la educación sigue siendo (no sé por cuánto tiempo) un “tú a tú”. ¿Se pueden tener los mismos planteamientos educativos al principio, al medio y al final de la carrera profesional?, ¿el alumnado es como nosotros los vemos, como nos gustaría que fuera o como es en realidad? y ¿cómo saberlo? Al final, afortunadamente, no es uno sino los demás, ese alumnado y esos compañeros imprescindibles que te acompañan día a día, los que suelen sacarte de este entuerto, los que te agarran del brazo cuando hace falta en esta “Escuela de calor”. Le agradezco especialmente a esta promoción de 2º de bachillerato, otro grupo extraordinario de personas, que me hayan ayudado a recuperar el centro, ese eje vital del que habla nuestro admirado José Mª Toro, y que es esencial para ponerse día a día frente a un grupo de alumnos. Esto me animó a acudir a la cita en la Facultad de Educación y, a parte de ese placer y ese honor que supone tener la oportunidad de dirigirse a un auditorio de este tipo, junto a maestros que tienen mucho más que decir que yo, pude disfrutar de una sorpresa que nos tenían preparada y que va dirigida directamente a ese punto neurálgico del docente que está en el mismo lugar donde habitan las emociones y el recuerdo. Gracias, también, a RECREAS (Rincón para el estudio de la creatividad social) por este trato y este mimo que nos prodiga de una manera totalmente inmerecida.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El Catalejo (35) La derecha sin complejos

Ya he aludido en más de una ocasión al proceso de “descomplejización” de la derecha. No se trata de que se se hayan vuelto más “simples” (que lo son) sino a que han perdido todos sus complejos y reticencias a mostrarse como tales (¿se acuerdan cuando todos afirmaban ser de “centro”?). Se encontraba el que suscribe esta mañana en una librería, único sitio decente (exceptuando alguna que otra cafetería) donde se puede pasar la “Jornada de reflexión”, cuando me topé con un librito que desató en mí todas las alarmas. Se titulaba “Libertad real ya” y adoptaba el mismo diseño, tamaño y estilo del  “¡Indignaos!” de Stephen Hassell. La diferencia más apreciable, además del famoso altavoz de la portada que está vez aparecía como un capirote en la cabeza de un monigote con malas pulgas, era el desafiante toro del logo de Intereconomía. ¡Se pueden imaginar! Ya había visto otros panfletos que trataban de desacreditar al Movimiento 15M y a todo lo que oliese a peligroso izquierdismo. Pero lo de este libelo ya roza lo insultante. Como no iba a comprármelo le dí una rápida ojeada. Se trataba de una especie de manual de urgencia para que el lector de derechas o simplemente el despistado que pasase por allí dispusiera de “argumentos” frente al desafío al sistema que suponen los perros flautas de medio mundo. El hecho de que el diseño del libro tratara de pasar por una publicación más del 15M no es una cuestión menor. Es la típica filosofía de la simulación y de la apropiación de la derecha (en este caso en su versión más ultra). La feroz ofensiva de los muchachos de la derecha, desde que se sintieran despojados del gobierno en aquellas elecciones marcadas por los atentados del 11M , con los César Vidal, Sánchez Dragó, Pío Moa, Jiménez Losantos, etc a la cabeza, ha consistido básicamente en apropiarse paulatinamente de conceptos clave y de referencias históricas que jamás estuvieron en su diccionario político. En primer lugar, el de la 'Libertad'. Si la derecha representa la Libertad la izquierda, lógicamente, representa la opresión. No vamos a entrar en la raíz del concepto de Libertad tal y como la derecha lo entiende, porque eso daría para una tesis, pero está claro que es la libertad de los que más tienen para conservar sus privilegios y sus modos de vida frente a la masa rencorosa y envilecida que no es capaz de reconocer que los valores fundamentales, los de toda la vida y por la gracia de Dios, está en el bando de la gente de bien (los de misa diaria y una buena cartera de inversiones). Pero lo peor es que, como conclusión de la rápida ojeada, ellos se reclaman como los auténticos indignados (frente al Estado rapaz que les regula su vida y les cobra impuestos) y como defensores (¡el colmo de los colmos!) de la clase trabajadora que solo puede tener asegurada un mínimo de prosperidad con las migajas que les toque en la arcadia anarco-capitalista a la que aspiran  los ricos de siempre, esa que les asegure su nivel de renta y sus ancestrales privilegios. Así que ojito, que esta gente viene muy crecida. Sobre todo porque saben perfectamente que estamos en un momento clave: la crisis social y económica estructural que estamos viviendo solo tiene dos posibles “salidas”: o revienta y vamos hacia algún tipo de modelo post-capitalista o da un salto hacia adelante con el desmontaje de lo poco que queda del Estado del Bienestar, acercándonos cada vez más al modelo asiático. Sobra comentar lo que esto último supone.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El Impertinente (10) Migajas para todos

Hace poco un mandatario local, de larguísima trayectoria política, animaba a los funcionarios presentes en unas Jornadas a “ser valientes”. En el contexto de la reunión no se trataba de una exhortación al valor moral frente a este mundo lleno de obstáculos vitales. ¡Qué va! Se refería a que tuvieran los arrestos suficientes para saltarse la normativa que impidiera que tal o cual proyecto, promovido por vaya a saber quién, pudiera llegar a realizarse. Por lo visto eso de los informes negativos, por parte de algún técnico excesivamente celoso de la cosa legalista, era algo del pasado. Parece que el matiz le quedó claro a todo el mundo. Estas y otras lindezas, dichas con luz y taquígrafos, habrían suscitado la reprobación general en cualquier país civilizado. Pero, curiosamente, en este pedazo de roca volcánica en la que vivimos, hay quien las entiende como la peculiar forma de expresión de un “hombre del pueblo”, llano y claro como cualquier otro. ¡Pues qué bien!
En un municipio de esos sures insulares un grupo pequeñito de vecinos, llegados muchos de ellos de otras partes de la isla, montan una manifestación contra viento y marea para denunciar la marbellización de esta tierra. A la mani acude poquita gente, como era de esperar. Unos porque consideran que la corrupción galopante y los pelotazos de todo tipo no son una cosa tan mala siempre y cuando a mi me toque algo del pastel; otros, sencillamente, por miedo y los más porque son ajenos e indiferentes a todo lo que no sea los avatares de la liga de fútbol. Los cuatro quijotes que corearon consignas contra el sinfín de corruptelas e ilegalidades que han acompañado ese desaforado y descontrolado boom inversor del sur de la isla, en estos años de despelote, tienen la difícil misión, además, de convencer a la ciudadanía de que es mejor tener derechos que no pedir favores.
En un caso y en el otro asistimos, algunos bastante atónitos, por cierto, a la maniobra de despiste general consistente en saltarse la legislación a la torera, llenarse los bolsillos y encima aparecer como los reyes del mambo. El colmo del cinismo termina siendo el hacer creer al personal que en el atracón de unos cuantos hay migajas para todos. Al final, un eslogan y una sonrisa profidén en una valla electoral lo arregla todo. Un par de entrevistas pagadas en medios de comunicación, la exhibición de miles de obras públicas, muchas veces sin orden ni concierto, la mano por el hombro, el “hágalo usted sin problemas”, el coro de estómagos agradecidos y postulantes que pululan alrededor, etc hacen el resto.
En un exitoso libro de lenguaje político, “No pienses en un elefante”, de George Lakoff, este se pregunta cómo es posible que muchos ciudadanos voten por opciones políticas que, si se analiza objetivamente, no tienen nada que ver con sus intereses particulares. La respuesta es clara: “la gente no vota por sus intereses, vota por su identidad”. Dicho de otra forma, la gente es sensible a aquellos mensajes que se identifica con su forma de ubicarse en el mundo. Esto, lógicamente, no se le escapa a los actores e ingenieros políticos. Da igual que, por ejemplo, el ciudadano de a pié compruebe día a día cómo empeora la asistencia sanitaria o educativa de la que es, o debería ser, beneficiario, cómo se retrocede en derechos laborales o cómo, ante sus ojos, los cuatro que tienen el sartén por el mango siguen viviendo a todo tren, como si aquí no pasara nada. Todo eso es pecata minuta. Hay que hacer creer al votante / cliente / usuario (la palabra “ciudadano” -persona, miembro de una comunidad, que goza de unos derechos- le causa urticaria a más de uno) que él también puede beneficiarse del festín, que “nosotros” - los buenos – representamos el orden natural de las cosas frente a los “otros” -los malos-, los que suponen el caos y la destrucción absoluta. Los expertos en el lenguaje político saben que esta forma completamente primaria de hablar y de pensar es del todo efectiva. La pena es que detrás de todo esto no hay sino la perenne necesidad de una clase político-financiera-empresarial de perpetuarse per secula seculorum. En todas estas, la ciudadanía no es sino la receptora de mensajes emitidos por unas agencias de publicidad en directa competencia con otras. Y así será mientras a la gente no le dé por leer (aunque sea alguna cosita más que el periódico deportivo de todas las mañanas).

viernes, 11 de noviembre de 2011

El Catalejo (34) Partidos - empresas

No es cosa de ahora. Los partidos políticos tradicionales hace tiempo que devinieron en partidos-empresas. Si el objetivo de una empresa es ganar cuotas de mercado y obtener pingües beneficios entre sus accionistas o propietarios el de los grandes partidos no es otro. El mercado de estos partidos son las distintas cuotas de poder que se reparten en las distintas administraciones y los beneficios, obviamente, residen en las oportunidades de control político y económico que eso supone. En el camino, las cuestiones ideológicas (perdón por la palabra) se han ido difuminado hasta convertirse en cuestiones prácticamente residuales. Al igual que cualquier empresa que pretenda ser “competitiva” estos partidos son jerárquicos y piramidales. Terminan convirtiéndose en aparatos al servicio de las carreras políticas de una élite que controla ferreamente las riendas de ese entramado (¿se ha fijado que son los mismos políticos los que se presentan elección tras elección?, ¿no le suena de algo la cara retocada por el fotoshop que cuelga de nuevo en la farola frente a su casa?). El militante, cual soldado raso, está para obedecer, agitar la banderita y ejercer de palmero cuando toque. A cambio, puede tener la esperanza de que en algún momento también a él le toque alguna migaja en el reparto de compensaciones y dividendos. Esta matriz antidemocrática es convenientemente enmascarada por estrategias propagandísticas y muchas dosis de telegenia. La política termina siendo un lamentable ejercicio de continua demagogia y vacuidad insultante.
Dicho esto, lo que resulta verdaderamente sorprendente es que una gran parte de la ciudadanía siga entrando una y otra vez en el juego de este mercadeo, en este zoco donde todo vale y todo tiene un precio. ¿No hay sobradas razones, a estas alturas del partido y con esta estafa en forma de crisis de por medio, para mandar a paseo a estos partidos que se han repartido el poder en los últimos años, tanto en Canarias como en el resto del Estado? Está claro que los millones de euros que solo pueden permitirse estas máquinas de ocupación del poder en campañas electorales obran prodigios. Hasta el punto de que el personal sea capaz de votar a quienes en realidad tienen como objetivo último acabar con las condiciones de bienestar social de sus propios votantes. ¡Vivir para ver! Hay por tanto sobradas razones para darles un portazo a estos partidos-empresa y optar de una vez por otras alternativas políticas. La cosa está tan mal -dicen- que no sería mala idea abrirse a opciones completamente nuevas. Sobre todo, si éstas apuestan por una idea clara: la economía está al servicio de las personas y si hay que rescatar a alguien mejor hacerlo con quien hayan arrojado a la calle que a un banco que quiere mantener el nivel de reparto de primas entre su consejo de administración (tener el yate amarrado en el puerto cuesta un pastón, oiga).

jueves, 3 de noviembre de 2011

El Catalejo (33) Grecia: ¿trampa o desafío?

La jugada de Papandreu es endiablada. De entrada, lo de someter a un referéndum el último tramo de la “ayuda”, del préstamo o como se quiera llamar esa forma de malvender el país, parece un ejercicio de sana democracia. Ya podían haberlo hecho hace mucho tiempo, cuando empezó a desvelarse que todo el entramado económico del país era una pura trampa o que la inversión en armamento, en su disparatada pugna con Turquía, como muy bien denunció en su día el histórico eurodiputado Cohn Bendit, suponía un agujero económico inadmisible (ante lo cual, los grandes países europeos, que ahora le aprietan las clavijas, asistían complacidos). Si en Islandia (cuyo ejemplo se quiere evitar a toda costa) enjuiciaron a los principales responsables de la bancarrota del país, en Grecia no darían a basto, pero eso tampoco está en ninguna agenda. Mucho me temo que el anuncio del referéndum por parte del gobierno griego esconde algún gato encerrado (de hecho, empieza a parecerme a aquella jugada maestra del referéndum de la OTAN promovido por el PSOE en 1986). A pesar del justificado y monumental cabreo de los griegos es de esperar que todo el aparato de poder mediático-financiero, no solo griego, sino fundamentalmente europeo y mundial se ponga firmemente a trabajar, si el referéndum llega finalmente a producirse, para convencer al personal de que a pesar de todo es mejor aceptar el embargo de facto del país que supone los planes de rescate, el desmantelamiento del Estado y la desprotección de las personas que no el armagedón que supondría la victoria del “no”, con consecuencias próximas al hundimiento de Europa en una falla tectónica y el regreso a las cavernas previas al euro. El caso es que el acceso a los medios de comunicación de los sectores que cuestionan el modelo social y económico que las corporaciones quieren imponer a Grecia (y a los que, por turnos, vienen -venimos- después) va a hacer estrictamente restringido. Las encuestan que en la actualidad dan un 60% a favor del “no”, seguramente no representan a juicio de los ingenieros políticos una barrera infranqueable. La presión y, sobre todo, el MIEDO que se va a meter en vena al votante griego bastará para rebajar esa cifra al 49% y con ello Papandreu, o al que le toque, podrá dar el golpe de gracia al país con todas las bendiciones. Y así los mercados respirarán tranquilos y los de siempre seguirán llenándose los bolsillos a destajo. Ya saben que el dinero cumple la segunda ley de la termodinámica: ni se crea ni se destruye, solamente cambia de manos (mejor podríamos decir que está siempre en las mismas manos). Espero, con todo, equivocarme y que la indignación acumulada de los griegos, a los cuales se les ha ninguneado y reducido a carne de cañón de los dichosos mercados, sea tal que termine, a la postre, provocando una vuelta de tuerca en este sistema. A ver si los griegos nos vuelven a regalar un nuevo amanecer.

domingo, 30 de octubre de 2011

El Cazador de Libros (18) Inmortal Galeano

Reconozco que no he leído “Las venas abiertas de America Latina” de Eduardo Galeano. Una de mis muchas asignaturas pendientes. Pero algunos otros libros de este escritor uruguayo sí. Hoy, como muchos cientos de personas, he tenido la oportunidad de asistir por primera vez, en el marco del festival Miradas Doc, en Guía de Isora, a una conferencia / lectura de este escritor. Y ¿qué puedo decirles? Sencillamente que fue una experiencia inolvidable. Galeano, con su voz abaritonada, cadenciosa y embriagadora, leyó unos textos de su próxima publicación. Unos textos que, afortunadamente, continúan en esa línea de literatura político y social que siguen siendo tan necesaria hoy en día. De hecho, Galeano es algo así como la voz de la humanidad doliente, la de los desposeídos y arrinconados de la historia. Ahora que viene un largo invierno derechoso en estas tierras desventuradas tengo la sensación de que muchos de los asistentes fuimos con la intención de cargar las alforjas para encarar esta larga travesía que nos espera. Y es que Galeano es el alimento de los que anteponen la defensa de lo humano a la insidia de los poderosos. Hace realidad aquello de que no hay nada más desarmante y perentorio que la memoria histórica, sobre todo frente a quienes defienden que la amnesia colectiva es la garantía del progreso (el del suyo particular, por supuesto). Fue también reconfortante comprobar cómo aún tiene poder de convocatoria la llamada del compromiso con los vencidos y los humillados, cómo se saludan fraternalmente quienes se dan cita en ese pequeño altar de las letras con alma que representa la obra de Galeano.
En el pequeño puesto que se montó a la entrada del Auditorio solo alcancé a comprar “Días y noches de amor y de guerra” (Alianza 2008), una suerte de memorias -otra de mis grandes pasiones. Intenté ver la forma de que, junto al ejemplar de “El libro de los abrazos” que llevé de mi biblioteca, me los firmara Galeano pero este se perdió entre bambalinas y el gentío que pululaba por todas partes. ¡Qué le vamos a hacer! Por lo menos quedará en mi durante bastante tiempo el eco de sus palabras que hablan directamente al corazón del ser humano.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Aula (17) Docencia y sentido

A José Mª Toro, por sus múltiples regalos.

Nada tiene un sentido intrínseco. Como mucho podríamos decir que el único propósito de la vida es asegurarse que las cadenas de transmisión del ADN no se interrumpan. Pero, bueno, está claro que este planteamiento tan descarnado difícilmente puede satisfacernos. Así que no nos queda más remedio a nosotros, seres dotados de conciencia (no todos), que poner sentido donde no lo hay, al menos para poder ir tirando. Y es ésta una tarea que muchas veces debemos encarar colectivamente puesto que no hay propósitos que nos atañan a nosotros solos. En el universo de la educación es quizás donde más perentoriamente tenemos que dotarnos de sentido. ¿Qué significa 'educar'?, ¿cuál es papel del docente y su inserción en la compleja red social en la que se encuentra?, ¿qué se espera de él?, ¿cuáles son los fines de la educación y cuáles los medios? El caso es que estas cuestiones no tienen un respuesta unívoca y definitiva. Pertenecen al registro más profundo de la función educativa y se nos presentan fastidiosamente una y otra vez a lo largo de nuestra vida profesional. Hay quienes pretenden obviarlas y cierran la cuestión dando un sonoro capertazo: ¡a mi me pagan para enseñar esto o lo otro! Y quizás tengan razón, sobre todo porque cuando superaron un proceso de oposición o los llamaron de unas listas de sustitución les hicieron creer que la cosa sería tan fácil como eso. Nos dijeron que íbamos a tener alumnos y nos encontramos con personas. Nos hicieron presentar una programación didáctica para jovencitos modélicos que iban reconocer nuestra autoridad de entrada con un sonoro taconazo e iban asistir extasiados ante nuestro imponente magisterio y nos encontramos con una tribu desconocida. ¡Nadie nos advirtió de esto! Nos apabullan con programaciones, con unidades didácticas hasta para ir al baño, con procesos evaluadores de competencias y pretendemos que ese océano de vida multiforme que puebla las aulas entre por el ojo de esa aguja. Siempre he pensado que lo esencial de la educación se resume en un principio muy sencillo: en la transmisión de un legado que un maestro adulto pone en las manos de un joven alumno. Pero ¿qué legado?, ¿de qué manera se transmite? y, sobre todo, ¿para qué hacerlo?
Estas reflexiones me vienen a la cabeza después de la visita a mi centro de José Mª Toro, un escritor y formador de maestros, que tiene esa terrible manía de confrontarnos con el sentido profundo de nuestra tarea como docentes. Vale la pena pararse de vez en cuando y pensar. Sobre todo porque el accionismo, (término acuñado por Theodor Adorno para designar esa tendencia irreprimible de algunos a la acción sin reflexión previa) suele tener consecuencias bastante contraproducentes. La principal de ella es que la fuerza de los hechos terminará, como muy bien insiste José Mª, por descentrarnos. Y un profesor descentrado es una baja que no nos podemos permitir en esta lucha sin fin por la humanización del individuo que es la educación.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El Aula (16) La soledad del profesorado

Decía Marx que una de las formas de alienación de los trabajadores es impedirles que se comuniquen entre ellos en el trabajo. Ahora que los vientos educativos, con la Aguirre a la cabeza, soplan en la dirección de reducir la actividad docente a prácticamente las horas lectivas esto se va a convertir en un sepulcro blanqueado. Dentro de una perspectiva tecnócrata los profesores no tienen nada de qué hablar, únicamente aplicar las programaciones y protocolos que les vienen dadas. Todo lo demás son zarandajas y pérdidas de tiempo que no van a ser financiadas con dinero público. En cualquier caso, para eso ya están las sesudas mentes pedagógicas que trabajan para los gestores de lo público, a parte de ver por dónde seguir metiendo la tijera, en emitir decretos a destajo que, generalmente a destiempo, aumentan todavía más la confusión del personal. Por eso no es de extrañar que en los pocos huecos que van quedando el profesorado aproveche para compartir sus dudas, temores y desconciertos, a veces de manera vehemente y deslavazada. Lo peor, sin duda, es que una parte importante de los docentes han terminado por interiorizar que esto no tiene salida. Una vez que la formación ha quedado reducida en gran parte a programas de teleformación, cuando la mayorías de las horas complementarias que van quedando están destinadas a guardias (una especie de vigilante de grandes almacenes sin porra ni esposas), o a partir de que la prioridad absoluta sea que un grupo de alumnos no se quede sin un profesor en el aula (aunque la cosa consista en que el profe de inglés les reparta unos ejercicios que casi nadie hace) entonces empieza a ser difícil seguir hablando del compromiso del profesor con su profesión. Para cerrar el círculo ya se han ocupado (los supuestamente encargados de defender la enseñanza pública) de difundir la idea de que la profesión docente es una especie de vacaciones permanentes remuneradas. Esto no tiene remedio mientras el profesorado no se empodere de nuevo, mientras no se decida a protagonizar el verdadero cambio educativo que todo el mundo reclama y nadie sabe o quiere cómo hacerlo, mientras no se decida a hablar sin tapujos ni complejos de todo aquello que le afecta y constituye el núcleo de la imprescindible y noble tarea de enseñar.

viernes, 14 de octubre de 2011

Arte a todas horas (6) Oscar Domínguez en el TEA

Próxima ya a su clausura, la exposición “Óscar Domínguez, una existencia de papel”, llevada a cabo en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), ha constituido un éxito histórico. Los promotores de la misma han logrado montar una muestra que nada tiene que envidiar a cualquier otra organizada por los principales centros de arte europeos. Lo cierto es que ésta era, a pesar de la corta existencia del TEA, una exposición obligada y esperada. Como todo el mundo sabe, la intención original del Cabildo de Tenerife era que este centro de arte llevara el nombre de nuestro pintor más internacional, Oscar Domínguez. Inicialmente iba a llamarse IODAC (Instituto Oscar Domínguez de Arte Contemporáneo) pero en una decisión un tanto incomprensible fue sustituido por el descafeinado, pero muy cargado de teína, nombre actual. Algunas malas lenguas apuntaron a un cierto complejo de última hora respecto a la altura artística de nuestro reivindicado Domínguez. El Cabildo llegó a adquirir, en aquellos años de bonanza económica, obras de este pintor con el propósito de dotar al centro de unos fondos mínimamente representativos. Desde luego este pintor surrealista afincado en París vivió a la sombra de los grandes monstruos de su época, Dalí, Ernst o Magritte. Pero casi sin lugar a dudas Oscar Domínguez dio ese salto internacionalista que tuvo como corolario uno de los momentos más fructíferos de la actividad artística en Canarias: la Gaceta de Arte o la segunda exposición surrealista celebrada en el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife en 1935, al que acudiera nada más y nada menos que el apóstol de este movimiento artístico, André Breton. Soy de los que cree que Domínguez reúne méritos suficientes para que el referente artístico de la isla de Tenerife lleve su nombre, cosa que esta magnífica exposición vuelve a poner de manifiesto. Pero, en fin, esta es una polémica, al parecer, cerrada. Hay que felicitar a su comisario, Isidro Hernández, por haber conseguido plasmar el contexto cultural e histórico en el que se inscribe el pintor. Varias de las salas muestran un diseño atrevido y sugerente y el efecto final que transmite es la de una exposición verdaderamente insuperable.
PD: casi como bonus track de la exposición de Óscar Domínguez, nos encontramos con el montaje de la feliz sociedad formada por los pintores Martín & Sicilia. Su muestra Black Friday te permite, por ejemplo, vivir toda una aventura detectivesca en un desguace de coches. Y si no vean la fotografía de abajo.

lunes, 10 de octubre de 2011

El Impertinente (9) Mi padre y la conciencia de clase

Mi padre era canalero. Se ocupaba de la distribución del agua en una de las muchas galerías del norte de Tenerife. Durante cuarenta años no tuvo un solo día de descanso en su trabajo. Ni un domingo, ni Navidad, ni Año Nuevo. Todos los días durante la mayor parte de su vida mi padre se levantaba a las cinco de la mañana para poner en marcha un motor que elevaba el agua desde un estanque al nivel del mar hasta una cota superior. Luego tenía que recorrer el canal de varios kilómetros de longitud y distribuir el agua entre los muchos accionistas que demandaban puntualmente el líquido elemento para sus jardines. El dueño de la galería, un aguateniente de mucho postín, era además uno de los grandes próceres de la industria turística. Alguna que otra vez acompañé a mi padre los días que acudía al gran hotel del magnate a recoger su salario en un sobre. En más de una ocasión tenía que esperar durante horas a que el patrón se dignara a recibirlo e incluso no era raro que tuviera que volver de vacío a casa. A pesar de esto, mi padre jamás se quejó. Para él el patrón pertenecía a una casta superior. Siempre hablaba de su jefe con una mezcla de admiración y respeto. El caso es que mi padre no era ningún analfabeto. Leía compulsivamente novelas del oeste, su periódico diario (comenzando siempre por la última página) y tenía un punto de cinéfilo de salón. El aguateniente que regía su vida no era, por otra parte, una persona precisamente docta. ¿Cuál era, por tanto, la diferencia esencial entre uno y otro? Pues muy sencillo. El patrón era un individuo sumamente rico y mi padre apenas se las apañaba para vivir. Esto lo aprendí desde pequeñito.
Decía el viejo Marx, un personaje al que muchos empiezan a remitirse de nuevo dada sus exhaustiva y clarividente crítica del capitalismo, que “detrás de cada rico hay un ladrón”. Esta frase provocadora encierra una profunda evidencia. ¿Alguien cree que una persona con el mero sudor de su frente, con el fruto exclusivo de su propio trabajo, puede llegar a convertirse en rico? Este aguateniente basaba gran parte de su fortuna en el trabajo de personas como mi padre que le entregaban su vida a cambio de un salario de mala muerte. Mi padre pensaba que ese era el orden natural de las cosas. El caso es que mi esforzado progenitor se murió a los pocos meses de jubilarse. Mientras su antiguo patrón acumulaba honores y bustos públicos sus empleados pasaban de puntillas por la vida sin que nadie les mostrara el más mínimo reconocimiento por sus muchísimos años de denodados esfuerzos. Puede decirse que mi padre carecía por completo de conciencia de clase. Para él los intereses de aquellos para los que trabajaba estaban muy por encima de los suyos. Que su familia no tuviera un solo día de vacaciones o que tuviera que pluriemplearse para poder llegar a final de mes no eran motivos suficientes para elevar una sola queja.
Cualquiera podría pensar que la manera de actuar de mi padre era consecuencia de una educación y de una época concreta. Y tiene toda la razón. Pero lo que me resulta preocupante es que esta identificación del común de la ciudadanía con los intereses espurios de la casta dominante parece volver a reactivarse. En estos tiempos de demolición y derribo que nos toca vivir parece estar produciéndose una especie de Síndrome de Estocolmo colectivo. ¿Se imaginan a una persona a la que le van a echar abajo su casa jaleando y aplaudiendo a quien se acerca amenazadoramente con la piqueta?, ¿pondría usted los servicios públicos esenciales (sanidad y educación, por ejemplo) en manos de quienes no necesitan hacer uso de ellos?, ¿piensa usted que quienes viven en una burbuja de lujo y bienestar van a perder el sueño por los cinco millones de parados?, ¿que les va a temblar el pulso a la hora meter la tijera donde más les duele a las clases humildes? Algo así parece estar sucediendo en estos momentos.
Con el objetivo de neutralizar los efectos de que la gente se pare a pensar hay quien afirma que eso de las clases sociales es una historieta del pasado, que la cosa hoy es mucho más compleja que en la época de la Revolución Industrial. Y debe ser así cuando resulta que, por lo visto, personajes como Amancio Ortega, el dueño de Zara y no sé que más, a la hora de pagar impuestos no tiene donde caerse muerto o que la élite económica y mediática de este país en realidad tributa en paraísos fiscales donde se ahorran unos buenos pellizcos. En realidad sí que existen las clases: la de los tontos y la de los listos.

viernes, 7 de octubre de 2011

Acción Solidaria (4) Nobel de la Paz 2011

Dos años después de la concesión del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama, ¿el jurado habría tomado hoy la misma decisión?, ¿ha convertido el presidente de los EE.UU aquellas esperanzas en realidad?, ¿el presidente que iba a terminar con el agujero negro de Guantánamo y acaba de negar al Estado Palestino ha acreditado su condición de “Príncipe de la Paz”? Evidentemente no. Después de la solemne metedura de pata que supuso este galardón, sumado a otros desaguisados históricos, la Academia Sueca vuelve por el camino de la racionalidad al otorgárselo a tres mujeres que se han destacado por su lucha por los Derechos Humanos. Las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gbowee y la yemení Tawakkul Karman. Un rápido vistazo a los perfiles de urgencia que han lanzado las agencias después de conocerse el fallo del jurado muestran a tres mujeres que han desempeñado una labor titánica en el peor contexto imaginable. Su condición de mujeres en entornos claramente hostiles representa un plus añadido extraordinario. De esta forma la Academia visibiliza aquello que la ciudadanía mundial necesita conocer, valorar y apoyar, que no es otra cosa que la lucha por los Derechos Humanos y la paz mundial. Y éste debiera ser el papel de una institución como la sueca. Hay que esperar que hayan aprendido de sus errores y dejen de jugar en el futuro la carta del oportunismo político y los intereses diplomáticos. Una vez tachados algunos pegostes de la lista de premios nobel hay que saludar con satisfacción la más que merecida incorporación de estas tres mujeres, que a buen seguro se convertirán en un referente ético del que tan necesitado estamos.

martes, 4 de octubre de 2011

El Catalejo (33) La izquierda que necesitamos

Hay que tener un cerebro del tamaño de una almendra para pensar que la salida a esta crisis la van a protagonizar quienes son los responsables de este desaguisado. El amplio espectro de la derecha (la real, la oficiosa y la disimulada) debe estar que no cabe en sí de gozo contemplando este gigantesco proceso de desmantelamiento del Estado del Bienestar y de los derechos laborales y civiles conquistados en las últimas décadas. Obviamente, la única respuesta social, efectiva y contundente a esta estafa en forma de crisis debe proceder de la izquierda. Ahora bien, en esta tesitura la izquierda tiene que estar a la altura del enorme envite que se nos viene encima. El actual panorama, caracterizado por la desarticulación, el numantinismo y el cainismo de diverso signo en los que incurren un día sí y otro también los distintos grupos políticos de la izquierda real es el mejor caldo posible para el desguace total en el que estamos inmersos. El despiste y la desazón que en grandes sectores de la población provoca que un partido autodenominado de izquierda (no sé si aún siguen utilizando esa denominación o ya la han sustituido en sus manuales de estilo por algún eufemismo) como es el PSOE lleve a cabo políticas neoliberales sin rubor alguno, al menos en lo que verdaderamente da de comer (o mejor lo quita) como es la economía, ha causado un daño tremendo a la causa verdaderamente progresista. El caso es que ahora parece que al PSOE sus propios complejos y su deriva esquizofrénica le va a pasar factura lo cual supone un reto añadido para quienes aún piensa que las personas están antes que las finanzas. La izquierda que necesitamos en estos momentos es la izquierda que es capaz de ponerse de acuerdo ella misma en lo esencial, con altura de miras y el periscopio puesto en lo que tenemos por delante, esto es, en las tremendas dosis de sufrimiento que los mercados y toda esa jerga mercantil aledaña van a causar a una multitud de personas. Este y no otro es el verdadero enemigo. ¿Quién va a poner el freno a este disparate?, ¿quién va a ejercer de paraguas de los desprotegidos?, ¿quién va a ser la voz de la legión de desposeídos que empezarán a vagar por doquier?, ¿quién se opondrá enérgicamente al avance de las tesis negacionistas del cambio climático que se abren paso con fuerza día a día? El 15M, con todo lo que tiene de vendaval de aire fresco, ha puesto de manifiesto también una importante debilidad: su renuncia a una organización efectiva y su rechazo frontal a generar nuevos liderazgos (obsesionados por el prurito de no caer en en las prácticas del sistema al que se oponen, no sin razón, frontalmente). Son estos dos elementos, precisamente, organización y liderazgo, lo que se requiere perentoriamente hoy en día. Pero, eso sí, ambas cosas mediatizadas por un requisito previo fundamental: el escrupuloso respeto a los procedimientos democráticos. Así que, hoy más que nunca, la izquierda tiene que llegar a un gran consenso para pasar a lo que verdaderamente importa: la lucha social que tenemos por delante en un escenario cada día más parecido a La Matanza de Texas (que se lo cuenten a los griegos).

viernes, 30 de septiembre de 2011

El Catalejo (32) El circo electoral

¡Comienza el circo electoral!, ¿y van...? Ahora que los grandes partidos están “cerrando las listas” (esto es: acuchillándose unos a otros por ocupar un “puesto de salida”) la cosa empieza a calentarse. En realidad, todo este proceso electoral constituye una carrera sin cuartel por colocarse (y colocar a los colegas) en puestos que aseguren una buena tajada en los próximos cuatro años. ¿Qué otra cosa podemos pensar cuando leemos en el periódico cosas como estas?: “la pugna está condicionada por la pretensión de algunos dirigentes en ir en lugares de salida tras haber perdido sus puestos en las municipales y autonómicas” (…) “Los barones pactaron la candidatura de XXXX a cambio de mantener la paz interna” (…) “Ahora el candidato ha impuesto la mayoría de sus condiciones pero no ha logrado situar bien a algunos colaboradores”, etc. Aunque estas citas, extraídas del periódico El País de hoy, se refieren a un partido concreto valdrían perfectamente para cualquiera de los grandes que, a la postre, se reparten el pastel parlamentario. Esto es propio de una forma de entender la política como una profesión que, fastidiosamente, hay que revalidar cada ciertos años en la cita con las urnas. Ahora toca recuperar la cercanía con el electorado perdida desde el día después de las últimas elecciones, parir propuestas e ideas a todo trapo aunque pasado mañana haya que dejarlas de nuevo en la cuneta, repasar los manuales del partido y acostarse prácticamente con el responsable de campaña. Pero, sobre todo, hay que sacar las navajas para pasar por delante del supuesto compañero, del camarada de filas, y asegurarse un buen puesto en las listas cerradas que el partido presentará como la mejor del mundo mundial. No creo pecar de ingenuidad ni reivindico un espíritu angelical en la cosa política. Solo es un poco de hartazgo frente a esta parafernalia bastante desacreditada. Una ciudadanía con un mayor nivel de conciencia terminaría por censurar este mercadeo. Sobre todo ahora en el que nuestros futuros administradores / gobernantes (o mejor dicho, directores generales de esta empresa de demolición en la que se han convertido los poderes del Estado) van a tener la responsabilidad de decidir sobre nada más y nada menos que las condiciones de supervivencia de la gran mayoría de la población. De todos modos, hay que tener pocas esperanzas ahora que volvemos a tener fútbol todos los días.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El Aula (15) (Des)concierto educativo

Parece que el chollo empresarial empieza a vislumbrarse en cubrir aquellos servicios públicos esenciales de los que la administración comienza a no querer saber nada. Si usted es un capitalista (no me entienda mal, alguien con la suficiente capacidad inversora) vaya pensando en abrir un centro médico o una clínica privada. Esto va a ser un chollo, oiga. Y también, por qué no, una escuela con vocación concertada. Imagínese: usted abre una empresa y consigue que el gobierno le pague el capítulo de gastos más abultado: el del personal docente. Lógicamente, previo estudio de mercado, asegúrese que la zona en la que vaya a instalar la empresa tenga un estatus medio / alto (nada de zonas rurales o suburbios inmundos). Hay que procurar evitar al alumnado inmigrante, con algún retraso educativo o de otro tipo que afeen los resultados (para eso está la escuela pública -si se nos cuela alguno ya veremos la forma de endosárselos). Luego vendrán las triquiñuelas para conseguir que la empresa empiece a tener los imprescindibles beneficios. Como los vientos neocon soplan a favor encima parecerá que le estamos haciendo un favor a la sociedad, ahorrando costes y optimizando resultados. ¡No se lo piense más, hombre! Este es el momento de invertir en todo ese pastel que el Estado piensa dejar en manos de los tiburones de las finanzas. Si usted es más atrevido no es mala idea lo de una cárcel de diseño o incluso un ejército privado para defender grandes superficies de las masas de zombis hambrientos que van a aparecer por doquier (todo llegará). Mientras, como buen padre / madre preocupado por la educación de sus hijos “razones” no le faltarán para elegir la mejor escuela concertada: que si lo mejor es una educación bilingüe, que si al final no hay nada como una educación tradicional (fe y disciplina), que si está demostrado que el nivel... Vamos, que el que no encuentra motivos es porque no quiere. Y como todavía queda un poco de caridad cristiana por ahí lo mejor es un cheque escolar (más dinero del Estado, disfrazado de derecho a elegir e igualdad de oportunidades) para que el pobrecillo de turno tenga la posibilidad de codearse (en la fila de atrás, eso sí) con alumnado de rancio abolengo y apellido ilustre. ¡Pobre escuela pública, tienes los días contados! (el 20N + 1 ya me dirán).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El Catalejo (31) Espe nos mata

Envalentonada por su nueva y holgada mayoría electoral la ubicua Esperanza Aguirre nos desvela un día sí y otro también el “programa oculto” del Partido Popular. Esta pirómana metida a política de toda la vida considera lo público como el patio trastero de su casa (precisamente en el momento en el que toca hacer limpieza). Y puestos a meter tijera de dónde mejor que aquellos servicios públicos que atienden a la chusma. En el orden natural de las cosas la calidad solo está al alcance de quienes se lo pueden permitir, de la casta elegida por los dioses para mostrarnos a los demás qué significa saber vivir. Esta plutocracia que nos gobierna es incapaz de entender lo público como un bien común. Es difícil que alguien que hace uso habitual de la sanidad o la escuela privada tenga un mínimo sentido de la protección de lo público. Sin embargo, lo que me llama poderosamente la atención es que haya tantos ciudadanos que votan y jalean a personajes de esta especie. ¿Qué pasa?, ¿la mayoría de la población de este país tiene llenos los bolsillos y debería pagar el impuesto de patrimonio?, ¿ahora resulta que todo el mundo piensa que la enseñanza no estrictamente obligatoria debería ser de pago?, ¿qué el profesorado de la pública es una pandilla de vagos que no trabajan sino 18 horas a la semana?, ¿que hay que cerrar ambulatorios aquí y allá?, pero ¿sabe la gente realmente lo que vota?, ¿tiene el españolito (lo guarde Dios) que esperar a comprobar en sus propias carnes lo que supone aupar al poder al Tea Party patrio? Lo malo de todo esto es que la Sra. Aguirre se ha convertido en la luminaria que muestra el camino al resto de la troupe, la Juana de Arco de la derechona que blande la espada contra todo sospechoso de posturas socializantes. Si por lo menos existiera un átomo de aquella conciencia de clase de las que nos hablaban los denostados teóricos de las utopías socialistas, el común de los mortales tendría mucho cuidado en elegir como su representante a los que nada tienen que ver con ellos. ¿De verdad piensa un parado que un ricacho metido a político pierde el sueño con el 21% de desempleo? En fin… estaba esta tarde leyendo el periódico en una terraza de un bar, asqueado de las ocurrencias de la Espe, indignado con lo que le están haciendo al pueblo griego y algunas otras nimiedades como estas cuando en la mesa de al lado estalló una discusión a cuenta de un penalti anulado a un equipo de fútbol cuyo encuentro estaba siendo retransmitido por el super plasma colocado estratégicamente. ¡Todo en orden! –pensé.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cine a solas (4) El árbol de la vida

Un auténtico poema visual. Eso es “El árbol de la vida”, la última genialidad de Terrence Malick. Fui a verla con todas las expectativas propias de un admirador de “La delgada línea roja” y hay que decir que este peculiar director se supera a sí mismo. Su última película es un acercamiento nada más y nada menos que a lo inefable, un intento de abordar la dialéctica de la vida y de la muerte, la dimensión temporal del ser humano… ¡qué cosas! A mitad de la película me vino el encabezado del “Así habló Zaratustra” de Nietzsche : “un libro para todos y para nadie”. Esto es “El árbol de la vida”, una película para todos y para nadie, ¿el Eterno Retorno, por cierto? Desde luego el consumidor de cine de palomitas haría bien en no emplear su dinero en esta película. De hecho, al final hubo abucheos, risas, personas que se marcharon antes de que acabara y algunos tímidos aplausos. Algo así como el estreno de la “Consagración de la primavera” de Stravinski, un poema sinfónico que fue incomprendido en su día y que luego abrió nuevos caminos en la estética musical. Hay que estar dispuesto a abandonarse a un poderoso ejercicio de mística que por momentos alcanza cotas verdaderamente sublimes. Terrence Malick pertenece a otro mundo. Su reino no es de por aquí precisamente. Y entre tanta estupidez se agradece de vez en cuando una excentricidad de este calibre (en el mejor sentido de la palabra, es decir de aquello que está alejado del centro y que por tanto es raro y singular). La conjunción de fragmentos musicales de Mahler, Couperin o Smetana con el juego de imágenes que tratan de mostrarnos los interrogantes de la existencia resulta arrebatadora. “El árbol de la vida” admite muchas lecturas. Habrá quien lo vea como un panfleto religioso. Yo prefiero entenderlo casi como todo lo contrario. Porque al final solo veo el profundo misterio de la existencia que se encadena necesariamente con las grandes preguntas sobre el universo. ¿Existencialimo?, ¿panteismo?, ¿psicoanálisis?, ¿espiritualidad new age?, ¿todo esto junto y algo más? Malick se vuelca en aquello que está en los bordes y que seguramente pertenece al  terreno de la poesía. Solo acierto a decir que salí de la sala en un estado de schok y con esa sensación de frikie que a veces me invade cuando constato que a los mortales que me rodeaban la película no les había hecho maldita gracia. ¿Le recomiendo que vaya a verla? No lo sé. Yo pienso repetir.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Aula (14) Aulas habitables

Convertir la escuela, el lugar donde alumnos y profesores pasamos tantos años de nuestra vida, en un espacio habitado y habitable no es una cosa nueva. No son pocas las experiencias que existen por esos mundos en lo que el espacio de convivencia escolar se considera como un elemento más a cuidar del proceso educativo. Sin embargo, suelen ser proyectos individuales que tienen mucho con ver con las peculiaridades del docente y no tanto con un proyecto de centro o una apuesta colectiva. Apunto esto porque en el curso en el que cumplo veinte años de docencia (ya se sabe que veinte años no son nada –como dice el tango) he podido disponer de un aula dedicada en exclusiva a la enseñanza de la Filosofía. Por primera vez (y nunca es tarde) puedo hacer coincidir continente y contenido. Esto ha sido posible gracias a la decisión tomada en mi centro de adoptar el modelo de aulas temáticas en vez del de grupo-clase. Los profesores sabemos, sin embargo, que un número de casos importantes en los que un centro se ha lanzado a esta aventura no ha pasado de ser un simple apaño en el que el docente se queda quieto en un sitio y es el alumnado el que se mueve (con el inconveniente añadido del aumento del colesterol del malo). O en el mejor de los casos la ocasión para poner algún poster de la materia en la pared del aula. Pero este enfoque permite, salvando los imponderables de tipo económico y las propias limitaciones organizativas del centro, un salto pedagógico enorme. Algo que puede lograrse con un poco de voluntad, imaginación y atrevimiento (las precondiciones para cualquier enfoque innovador, por cierto). El aula de Filosofía “Hannah Arendt” trata de crear un espacio singular para el trabajo y la reflexión filosófica. ¡O al menos eso espero! Parto de la base de que hay unos principios que son consustanciales a la naturaleza humana (ya sé que esto es mojarse demasiado) y uno de ellos es que nos atrae aquello que nos hace sentir cómodos y nos repele justamente aquello que nos incomoda. En esto la organización y tratamiento del espacio juega un papel importante. Hay que atraer al personal y hacer que entienda su estancia en el aula como una experiencia de vida y no como un espacio ajeno y alienante. No hay ninguna razón para que los centros educativos tengan un aspecto anodino y en algunos casos carcelario, para que sigan mostrando la misma pobreza material (crisis mediante) que hace treinta años y que sigan generando esa falta de vínculo propia de los lugares de producción en serie. No hay motivo alguno para que sigan siendo, en palabras del sociólogo Marc Augé “no-lugares”. Esto es: un espacio de tránsito carente de identidad. En esto han devenido los centros educativos en las últimas décadas. Por el contrario, es necesario convertirlos en lugares habitables, con una historia que es producto de las personas que lo ocupan y con una vocación relacional. Este planteamiento no es necesariamente propio de un Aula de Filosofía, sino de un planteamiento docente válido para cualquier materia (¡incluso para las matemáticas! –a las que siempre se pone, sin que uno sepa muy bien porqué como ejemplo de todo tipo de limitaciones). En lo que a uno atañe, tengo claro que si queremos seguir aquel dictum de Kant: “lo importante no es enseñar Filosofía, sino enseñar a filosofar” hay que jugar con todos los elementos, incluido el del hábitat en el que nos movemos. Y, por cierto, cada vez tengo más claro también que los límites de nuestro potencial docente no son sino una de nuestras muchas taras psicológicas.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El Catalejo (30) ¿Qué hacías aquel 11S?

Como nadie me preguntará eso de “¿qué hacías tú en el 11S?” no me resisto a dejarlo caer. Me encontraba en un almuerzo con los compañeros del Departamento de Actividades Extraescolares de mi centro en un restaurante de San Juan de la Rambla, una muestra del gran trabajo que hicimos el curso anterior (aunque esté mal decirlo). Yo era el vicedirector y despedíamos a tres compañeros que cambiaban de centro. Nada más servirnos un apetitoso arroz caldoso me llegó un mensaje en el móvil de mi hermana. Acababa de estrellarse un avión contra una de las Torres Gemelas. “¡Vaya, ya tenemos argumento para una historia de catástrofe!” -pensé. De todos modos, me pareció muy extraño que pudiera ocurrir un accidente de ese tipo. Un avión puede estrellarse nada más despegar pero desviarse de su ruta y chocar contra aquel rascacielos... Los compañeros no terminaban de creérselo y alguno incluso bromeaba con el asunto. Mi hermana seguía mandado mensajes sobre si era un avión comercial o una avioneta. Así hasta que llegó otro mensaje tremendo: un nuevo avión se empotraba contra la segunda de las torres. A pesar de la incredulidad del resto de los comensales algo me decía que mi hermana no estaba de broma. ¡No cabía duda de que esto era un ataque en toda regla! Deje tres mil pesetas encima de la mesa (aunque parece que hace un siglo de esto faltaban unos meses para que se nos cayera encima el euro), el arroz a medio terminar y salí a toda prisa hacia mi casa. Me dio la impresión de que algún compañero cogía el mismo camino pero ni reparé en ello. La radio del coche confirmo los mensajes del móvil. Estuve hasta bien entrada la madrugada pegado al televisor con esa sensación de que la cosa tenía la dimensión de una “caída de Constantinopla” o de un Pearl Harbour cuanto menos. ¡Con lo que me gustan a mí los episodios históricos!

jueves, 8 de septiembre de 2011

El Catalejo (29) Nuestros amigos los políticos (ricos)

Por lo visto Canarias ha logrado no rebasar el límite del déficit establecido a estas alturas del año. Algunos deben estar poniéndose medallas por este hecho en estos momentos. Lástima que tal proeza haya sido gracias al desmantelamiento del sistema educativo y a disponer de uno de los peores servicios sanitarios del Estado. Pero ¡los números son los números! ¡Y los mercados la nueva divinidad (una picadora de carne en realidad) ante la que se justifican todos los sacrificios y los holocaustos! Para el dogma neoliberal la contención del déficit, la reducción del gasto y, por tanto, de la inversión pública y el pago de los intereses de la bendita deuda es lo absolutamente prioritario. Ante estos objetivos se puede / debe sacrificar todo lo demás, incluido el bienestar de las personas, sobre todo el de las más desfavorecidas y que han cometido la atrocidad de haber nacido sin un buen patrimonio que les sirva de colchón frente a estos pequeños inconvenientes de nuestra economía capitalista. ¿Quién te mandó a ser pobre, a ver? Pero, ¡tránquilo! aunque nunca tendrás un Louis Vuitton al menos podrás ver la tele y jalear al Barça cuando gane. Las “medidas de ajuste” de las que hablan los tecnócratas no son otra cosa que más profesores en la calle y más cierre de ambulatorios. Cuestiones estas que poco le dicen a quienes tienen su nivel de vida asegurado. Y si no moléstense en consultar el patrimonio y los ingresos (declarados) de sus señorías, nuestros bien amados diputados, que acaban de hacerse públicos. Como pueden imaginarse no estamos hablando de mileuristas precisamente. Desde hace ya bastantes lustros se estableció que un cargo público debería cobrar un sueldo digno y adecuado con el fin de que no fueran únicamente los ricos los que pudieran dedicarse a este noble oficio. Pero, qué curioso, que al final vuelven a ser los señoritos los que copan la mayoría de los puestos. En Canarias tenemos ejemplos, incluso, de casos en los que papá millonario le monta un partido a su hijito ocioso para que juegue a la política y de paso defienda los intereses familiares. Para más inri hijito se lía a la cabeza la manta de la canariedad y de la cosa social. ¡Y hay gente que les vota y todo! Está claro que una buena chequera obra milagros. Pero ¿estos son los políticos que van a defender lo público y apuntalar lo que quede del sistema del bienestar?

lunes, 5 de septiembre de 2011

El Impertinente (8) Decrecer para sobrevivir

Haga usted el siguiente experimento, eso sí, con sumo cuidado dada su enorme peligrosidad. Escoja a un muchacho cualquiera a punto de cumplir los dieciocho años y hágale la siguiente batería de preguntas: ¿para qué quieres sacarte el carné de conducir?, ¿por qué no empleas ese dinero en otra cosa?, ¿no sería más sensato no seguir sumando coches a la carretera y apostar por el transporte público? Podemos imaginarnos la reacción airada del joven. Pretender privarlo de ese ansiado objeto del deseo es como condenarlo a galeras. Cualquier argumentación que cuestione el uso privado del coche vendría a ser un discurso entre satánico y quimérico.
Y, sin embargo, pocas cosas simbolizan nuestra conducta completamente disparatada como la universalización del transporte privado. Este es uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero, ha degradado la vida en las ciudades e inundado de asfalto el paisaje. Pero eso poco importa frente a la sensación de libertad, poderío y éxito personal que supone. En Canarias tenemos una de las tasas más altas de coches per cápita de Europa, en un territorio minúsculo e insular y frágil como pocos. ¡Y qué más da! ¡para qué privarse del placer de ir a comprar el pan a la esquina con un todoterreno!, ¡qué importa la calidad de vida colectiva o el cambio climático con el gusto que da aparecer en la fiesta con el coche nuevo que papá me ha comprado después de haber desistido de obtener el graduado escolar! Es muy complicado, casi temerario, decirle a alguien que ha sido educado en la acumulación desenfrenada de cosas perfectamente prescindibles que quizás en el futuro habrá que vivir con menos. ¿Probar con las estadísticas? No sé si será capaz de asimilar que a este ritmo, sobre todo el de los países desarrollados y emergentes, harían falta varios planetas como el nuestro para poder sostener semejante nivel de consumo de recursos o que en los últimos treinta y cinco años ha desaparecido el treinta por ciento de las especies. Demasiado abstracto quizás. ¿Probar con los previsibles efectos del cambio climático?, ¿qué tal con un escenario con dos o tres (sólo) grados de media de temperatura más? Habría que recordarle, por ejemplo, que un solo grado de temperatura puede ser la diferencia en un ser humano entre tener fiebre y no tenerla. Bueno, ¿y para qué preocuparse? El fatalismo siempre puede ser la última salida para quienes prefieren seguir mirando para otro lado.
Así que si esto no funciona imagínese usted qué sentido tiene hablar de cosas tales como la protección de la biodiversidad, la superpoblación o de la inevitable crisis energética. Lo más lacerante de todo esto es que son cosas en las que nos va la vida, que estamos hipotecando el futuro de las generaciones que están por venir y que condena a la pobreza a muchas de las que ya están sobre el planeta. A pesar de todo esto hay voces que claman (en el desierto) contra el disparate colectivo en el que nos hemos (o nos han) metido. Empieza oírse hablar de un término que, aunque no es nuevo, tiene cada vez más adeptos. Se trata del “decrecimiento”. Hemos llegado al punto en el que toda política basada en el crecimiento económico continuado es pan para hoy y hambre para mañana. La cuestión es relativamente simple: no se puede mantener un crecimiento infinito sobre unos recursos finitos. Es fácil de entender que al final solo hay un callejón sin salida en forma de colapso. Nuestra civilización se acerca a pasos agigantados hacia ese colapso. Así que solo hay una posibilidad: empezar a decrecer como única opción de supervivencia.
Siguiendo al profesor Carlos Taibo podría proponerse un plan de decrecimiento, con carácter de urgencia, basado en los siguientes puntos:
- Primar la vida social frente al consumismo y la competitividad.
- Entender el ocio desde un punto de vista creativo frente al vinculado al dinero y al consumo de la industria del tiempo libre.
- Repartir el trabajo.
- Establecer una renta básica de ciudadanía. Esto es, un subsidio para cada persona independientemente de  a qué se dedique.
- Reducir las infraestructuras de transporte, administrativas y productivas.
- Recuperar muchos elementos de la vida local frente a esta versión de la globalización hiper capitalista.    
- Descomplejizar la existencia y avanzar en formas de democracia directa y de autogestión.
- Propiciar la sencillez y la sobriedad en el terreno individual.
Esto para empezar. Está claro que cada uno de estos puntos daría para un amplísimo debate. Y eso sería, al menos, algo bueno: que empezáramos a hablar de lo verdaderamente importante y aparcáramos por un instante la banalidad que nos ocupa y nos preocupa?