La sana curiosidad del alumnado, víctima entre otras cosas de mi ateísmo militante, le lleva a hacerme preguntas como estas: ¿y tú celebras la Navidad? Les suelo contestar que ¡por supuesto! Este es el pretexto para poner sobre la mesa algunas cuestiones que a mi juicio son muy interesantes. En primer lugar la dimensión simbólica del ser humano y a continuación la vertiente antropológica y cultural de esta y otras festividades. Ya se ha puesto sobradamente de manifiesto que la Navidad cristiana fue una sustitución de las antiguas fiestas romanas de las Saturnales “(...) en las que se celebraba la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno” (Schultz, 1988) y de la Fiesta del Nacimiento del Sol Invicto, fijada por Aureliano el 25 de diciembre (Domené, 2010). Precisamente, la identificación de Jesús como “Sol invicto” produjo una asimilación de antiguas tradiciones. De hecho, la Natividad de Jesús es una de las festividades cristianas de raíces más claramente paganas. Tiene que ver, incluso, con rituales mucho más antiguos, de origen egipcio y mesopotámico, relacionados con el ciclo solar.
Hecho este preámbulo, hay que dejar claro que la imprescindible crítica de nuestra cultura no significa necesariamente que uno reniegue de ella. Cierta concepción de la Navidad relacionada con valores fraternales es perfectamente asumible y reivindicable. Y más ahora que ha terminado degradándose en una orgía consumista y mercantil, desprovista de toda simbolización y significado. Por estas mismas circunstancias se me ocurrió inaugurar en mi aula este antiguo ciclo festivo con una pequeña ceremonia centrada en el “Árbol de las Utopías”: un cono de papel que expresa algunas aspiraciones que mejorarían nuestra maltrecha convivencia. El encendido de unas velas, como símbolo solar, expresa esa idea antigua del fuego como elemento que reúne en sí mismo lo permanente y lo cambiante, lo catártico y lo mistérico. Algún que otro aditamento como la música de Gabriel Fauré o la lectura de un poema del siempre maravilloso Walt Whitman añaden un pequeño toque estético. De lo que se trata, en definitiva, es de ir más allá de lo dado, de forzar las tradiciones para acercarnos al trasfondo que encierran, de huir de los recursos trillados y de plantear alternativas. ¡Ah, y que tengan unas Felices Fiestas!