
No me resistí a abordar a Juan Tomás y le pedí que me dedicara el librito. Terminamos hablando un rato sobre Guinea Ecuatorial y sobre su decisión de permanecer en el país pese a ser un opositor al régimen -cosa que, evidentemente, supone un serio riesgo para su vida. Su dedicatoria fue tan cordial y cercana como su conversación.
Pues bien, hace unos días Juan Tomás Ávila inició una huelga de hambre con el objeto de reclamar una transición democrática en su país. Su huelga coincidió con la visita del presidente del Congreso de los Diputados de España, José Bono, quien, para variar, fue a darle una palmadita en la espalda al dictador. La política exterior del gobierno español es una extraña mezcla de cinismo y patetismo. Al mismo tiempo que declara solemnemente que nada de lo que pueda hacer el gobierno marroquí afectará al buen rollito con España (¡vía libre, amigos, en el Sáhara!) se apresura a celebrar la caída de Mubarak una vez que los egipcios terminaron por quitárselo de encima. Es una política supuestamente beatífica que al final deviene en la lamentable falta de una ética mínima que observamos día tras día.
Frente a esto, personas que juegan en otra división moral, como Juan Tomás Ávila, son las que marcan la pauta. Los últimos acontecimientos en el Magreb demuestran que también los dictadores tienen los pies de barro. Nada puede parar a una marea ciudadana, sobre todo cuando ésta enarbola la bandera de los Derechos Humanos, la Libertad, la Democracia y la Dignidad. Este hombre nos ha lanzado un reto poniendo en juego lo único que tiene, en puridad, una persona: su propia vida. ¿Qué se puede hacer en la distancia? Afortunadamente, las nuevas formas de comunicación nos permite una capacidad de acción renovada. Ahí están las redes sociales y el correo electrónico. Busquemos formas imaginativas de ampliar la voz de Juan Tomás.
El blog de Juan Tomás Ávila es http://www.fronterad.com
Leer este post me da alegría de seguir con vida. Me voy p'allá. Por cierto, me gusta su mirada. Un fuerte abrazo.
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