Un gesto de resistencia es también la reciente celebración, contra viento y marea, de la V edición de las Jornadas Maestropasión (promovidas por RECREAS – Rincón para el estudio de la creatividad social). Este pequeño conciliábulo de docentes irredentos se regaló a sí mismo otra sesión de spa profesional. Los que nos dedicamos a la docencia (y casi a cualquier otro colectivo) apenas tenemos ni espacio ni tiempo para hablar de lo que hacemos, de nuestros medios, fines y neuras. Y no es una cosa baladí: decía el viejo Marx que ésta es una de las formas de la alienación y por tanto de deshumanización que se cobra luego un alto precio (así nos va). No es de extrañar, por tanto, que cuando se reúnen algunos viejos y no tan viejos maestros la cosa alcanza un cierto voltaje. Además, si este encuentro está vertebrado por personas como Antonio Rodríguez, profesor de la ULL, José María Toro, maestro de maestros y, en esta ocasión, el joven poeta y antropólogo Miguel Angel Arenas, el resultado termina siendo espectacular. Las Jornadas Maestropasión están concebidas como una forma de insuflar energías para proseguir en esta dura tarea de la resistencia física y anímica. Entre los miembros de esta suerte de secta se elige a algún compañero que encarne los valores colectivos de quienes asisten regularmente. En esta ocasión el reconocimiento Maestrapasión 2011 ha recaído en Victoria Soto, una docente entregada a su profesión y perfecta representante de los innumerables docentes que pueblas las aulas y que realizan una labor callada e insustituible.
sábado, 30 de abril de 2011
El Aula (8) Una forma de resistencia
Un gesto de resistencia es también la reciente celebración, contra viento y marea, de la V edición de las Jornadas Maestropasión (promovidas por RECREAS – Rincón para el estudio de la creatividad social). Este pequeño conciliábulo de docentes irredentos se regaló a sí mismo otra sesión de spa profesional. Los que nos dedicamos a la docencia (y casi a cualquier otro colectivo) apenas tenemos ni espacio ni tiempo para hablar de lo que hacemos, de nuestros medios, fines y neuras. Y no es una cosa baladí: decía el viejo Marx que ésta es una de las formas de la alienación y por tanto de deshumanización que se cobra luego un alto precio (así nos va). No es de extrañar, por tanto, que cuando se reúnen algunos viejos y no tan viejos maestros la cosa alcanza un cierto voltaje. Además, si este encuentro está vertebrado por personas como Antonio Rodríguez, profesor de la ULL, José María Toro, maestro de maestros y, en esta ocasión, el joven poeta y antropólogo Miguel Angel Arenas, el resultado termina siendo espectacular. Las Jornadas Maestropasión están concebidas como una forma de insuflar energías para proseguir en esta dura tarea de la resistencia física y anímica. Entre los miembros de esta suerte de secta se elige a algún compañero que encarne los valores colectivos de quienes asisten regularmente. En esta ocasión el reconocimiento Maestrapasión 2011 ha recaído en Victoria Soto, una docente entregada a su profesión y perfecta representante de los innumerables docentes que pueblas las aulas y que realizan una labor callada e insustituible.
martes, 26 de abril de 2011
El Catalejo (12) La lección no aprendida de Chernobyl

Al mismo tiempo otras mentes menos pensantes pero mucho más peligrosas idearon situaciones disparatadas, dentro de la lógica infernal de la llamada disuasión nuclear. Un general norteamericano, por ejemplo, planeó en los años cincuenta la instalación ¡en la Luna! de una base de misiles nucleares que apuntaran hacia la URSS -eso cuando todavía ni se tenía una idea muy clara de cómo llegar hasta ella. Ya se sabe además que detrás de la carrera espacial había una clara intencionalidad militar y que los usos “pacíficos” y militares de la energía nuclear son muchas veces difusos. De igual modo que siempre se dijo que una guerra nuclear sería la última de las guerras, una catástrofe nuclear puede ser también la última de las catástrofes (al menos para las amplias zonas contaminadas por la radiación que pueden llegar a tener escala planetaria).
En su día algunos técnicos militares dedicaban una enorme cantidad de tiempo a calcular el número de muertos (en decenas o cientos de millones o incluso en términos de aniquilación completa de la especie) que supondría una guerra nuclear y la capacidad de los supervivientes para “derrotar” al adversario y “reconstruir” lo que quedara. En este sentido sigue resultando asombroso comprobar cómo todavía hay a quiénes les salen los cálculos del coste / beneficio de la energía nuclear, como si pudiera ser asumible un Chernobyl cada dos décadas, año arriba, año abajo. Suelen ser los mismos que tienen una fe ciega en los progresos de la tecnología del ramo y quienes dan por ineficiente otro tipo de energías alternativas. Es la misma lógica fría del beneficio inmediato y de la incapacidad para pensar en términos del interés de la humanidad y a largo plazo. Lo que asombra de todo esto, y es en lo que Russell siempre ponía el acento, es la ilimitada estupidez del ser humano. Bastaría con un poco de sentido común para poner fin a este completo desaguisado.
sábado, 23 de abril de 2011
El Cazador de Libros (10) Día del Libro futuro

martes, 19 de abril de 2011
Filosofía de la Mañana (6) Nietzsche manga

En este librito se plantea un supuesto Zaratustra joven antes del momento, podríamos decir, que irrumpe en escena con la buena nueva del superhombre. El guionista presenta un conflicto con un hermanastro abandonado y recogido en una iglesia por su padre pastor que personifica la moral de los siervos. La figura enigmática de una joven y voluptuosa mujer, Salomé (nombre nada inocente desde varios puntos de vista) representa el lado carnal y rabiosamente vital que arrastra al joven Zara hacia el otro lado de la existencia. Claramente no puede dejar de ser una historia sobre el conflicto entre los valores cristianos y la nueva moral que proclama Zaratustra, con el anuncio fundamental, la “Muerte de Dios”, como telón de fondo. Es también la historia de la metafórica transformación del espíritu de camello cristiano en el león que se rebela y, finalmente, en el niño que es radicalmente inocente. El joven Zaratustra parece en el cómic una versión dieciochesca del protagonista de La naranja mecánica, violento y destructivo, atrapado inicialmente en las diferentes formas del nihilismo. Supongo que este es el espíritu provocador que le hubiera gustado a Nietzsche, aunque esto sería aventurar demasiado. Hay que tener clara una cosa: al final no deja de ser un cómic con todas las licencias habidas y por haber. Lo bueno es que sabemos que a estas alturas los clásicos están para lo que están: para malearlos a gusto y hacer con ellos mangas si hace falta, con bigotes de Nietzsche de regalo (Herder lo hizo, no es broma, oiga). ¡Como Dios ha muerto viva la iconoclastia!
sábado, 16 de abril de 2011
Arte a todas horas (4) El Coliseo mancillado

jueves, 14 de abril de 2011
El Cazador de Libros (9) Las armas y las letras

martes, 12 de abril de 2011
El Catalejo (11) Islandia

domingo, 10 de abril de 2011
El Catalejo (10) Por qué "Sí se Puede"

viernes, 8 de abril de 2011
El Impertinente (4) Más democracia


miércoles, 6 de abril de 2011
El Aula (7) Bachillerato segregado

domingo, 3 de abril de 2011
Filosofía de la Máñana (5) Laicismo cuaresmal

viernes, 1 de abril de 2011
El Catalejo (9) La Casa Amarilla, monumento a la ignorancia


Suscribirse a:
Entradas (Atom)