
Después de que los árabes se lanzaran a la calle con la intención de reclamar más democracia y barrer a sus regímenes corruptos y autocráticos en Europa nos hemos dado cuenta de que lo nuestro es para echarse a llorar. Hemos llegado a la conclusión de que la distancia entre la democracia formal y la real es cada vez mayor, de que esta progresiva pérdida de derechos adquiridos y conquistados amenaza con hacernos retroceder muchas décadas atrás, de que esta enorme estafa que es la crisis se está revelando como la escusa perfecta para desmontar el Estado del Bienestar.
Bastaba quizás que alguien prendiera la mecha. Algo de culpa en esto (sin ánimo de simplificar) debe tener Stephen Hessel y nuestro José Luis Sampedro. Tengo la sensación de que muchos han recogido el guante y dicen “¡estamos indignados y dispuestos a luchar por lo que nos han arrebatado!”. Asistiremos a partir de ahora a una reacción por parte del sistema y sus medios ingentes con el objetivo de acallar, desvirtuar y laminar este movimiento democrático. Los incontables pro-sistemas, los que participan de todo este entramado, los que tienen algún privilegio que preservar o simplemente actúan por miedo, iniciarán las maniobras de descrédito oportunas. En la medida en que la ciudadanía se convenza de que este sistema hace aguas, que se encuentra gravemente enfermo y que es radicalmente injusto, podremos avanzar en democracia. Y avanzar en democracia significa hacerlo en justicia social, inevitablemente. Por eso muchos miran con recelo este movimiento social, no sea que a la gente le dé por pedir lo que le corresponde.
Tocan tiempos de caídas estructurales, es decir de estructuras políticas y sociales, me gustaría pensar que las subsiguientes serán mejores. Es más, desconfío hasta tal punto que me pregunto si "el poder de siempre" estará detrás de estos movimientos, porque le interese controlarlos. Y es que..... una ya no se fía. Beso.
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