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sábado, 11 de junio de 2011

El Impertinente (6) Spanish Revolution

Seguramente, cuando este artículo se publique las protestas ciudadanas que han ocupado la Puerta del Sol en Madrid y otros muchos lugares de España hayan concluido y su eco se haya disipado en el día a día informativo. Pero ¿qué ha pasado?, ¿ha tenido esto alguna trascendencia?, ¿quedará algo de lo que se llamó la “Spanish Revolution”?, ¿habrá un antes y un después? A uno le gustaría creer que sí. Que semejante estallido de indignación, seguido de una reacción ciudadana espontánea, reivindicativa, fresca y creativa no ha sido en balde.
Por una vez España pareció liderar algo a nivel mundial que no fuera los indices de paro, corrupción o fracaso escolar. Ya sabemos que una parte importante de la ciudadanía no se conforma con este estado de cosas ni juega a la resignación facilona. Hoy sabemos también que sí hay alternativa a este sistema. Y que la alternativa pasa por más democracia. No se puede dejar las decisiones importantes en manos exclusivamente de los mercados, al albur de personas que nadie conoce, que se representan a sí mismos y que les trae al pairo el interés general. Del “no se puede hacer nada” hemos pasado al “¡democracia real ya!”. Cuando a la gente le da por pensar las consecuencias son imprevisibles. Eso es lo que algunos llevan temiendo desde tiempo inmemorial y sus angustias se hicieron realidad. Se ha abierto una brecha en este gran sistema de despiste y distracción organizado para que nadie se plantee sus verdaderos problemas. El papel que nos adjudicó (y nos sigue adjudicando) este estado de cosas era el de meros consumidores, incluyendo el de votantes de opciones políticas que se presentan como meras marcas de consumo. Esto tuvo como consecuencia una paulatina pérdida de calidad democrática que se convirtió en el paisaje idóneo para la voladura controlada del Estado de Bienestar y de todo lo que oliera a derechos sociales. El espectáculo obsceno de la corrupción, de las componendas de los políticos profesionales, de la escandalosa sintonía entre el poder financiero y la oligarquía política (con el refrendo muchas veces de las urnas) supuso una reacción, no por previsible, menos sorprendente. Bastó que alguien prendiera la mecha, un joven de 94 años, Stéphane Hessel, por ejemplo, al grito de “indignaos”, o un par de aventureros convocando una manifestación a través de las redes sociales, para que todo el desencanto y la frustración acumulada durante años se desatara en un torrente de alcance y consecuencias imprevisibles. De hecho, la dimensión que llegó a tomar la cosa desconcertó a unos y a otros. ¡Olé! ¡Es la “Spanish Revolution”!
Los cambios tienen que ser también a nivel global. Esto supone una cierta inversión de aquel exitoso lema ecologista: “actúa local piensa global”. Ahora hay que pensar y actuar también a gran escala. Es lo propio de un mundo globalizado. La rápida respuesta de muchos ciudadanos en otros puntos del planeta y las repercusiones de las revoluciones democráticas en el mundo árabe ponen de manifiesto que los vasos comunicantes que se han ido tejiendo a lo largo de estos años no solo sirven para que los bonos basura norteamericanos contagien a las economías del resto del mundo sino para que la gente se entere además de que no hay democracia real sin democracia económica.
¡Se acabó la cultura del pelotazo! ¡Bienvenida la cultura de la toma de la plaza! No queda más remedio que plantearse nuevos modos de actuación. La Spanish Revolution es pacífica, festiva, asamblearia, autogestionada, espontánea y, sobre todo, muy reivindicativa. Es también un ¡basta ya! a que las consecuencias de esta estafa global en forma de crisis la paguen los de siempre, los trabajadores y la gente humilde. Alguien tenía que decirle al mundo que esto no puede seguir así. Tal y como repite una y otra vez José Luis Sampedro este sistema está enfermo. Más bien en situación agonizante. Y es que un modelo económico-social que condena a la bancarrota a Estados enteros, que deja fuera de juego a una generación completa de jóvenes y que al mismo tiempo hace ganar fortunas a la reducida élite de siempre debe sufrir al menos de algún tipo de demencia terminal. Puede que todo esto haya pasado a mejor vida o que los últimos rescoldo de esta movida se vayan apagando conforme llega la pretemporada futbolística. Pero el eco de lo que un día pasó en muchas plazas de España, sin que ningún sesudo analista de tendencias sociológicas lo haya llegado a vaticinar, quedará en la memoria de muchos. Sobre todo en la mente de quienes manejan los hilos de este entramado. Saben que esta explosión de indignación ciudadana puede volver a repetirse. Espero que la Spanish Revolution pase a ser, al menos, el sinónimo del despertar de la conciencia ciudadana cuando todo parece perdido.

domingo, 5 de junio de 2011

El Catalejo (20) La mala bilis de los pro-sistema

Las huestes pro-sistemas, los máximos exponentes del “anti-nosotros”, afilan sus cuchillos. Leo hoy, con un plus de indignación si cabe, los artículos de dos de los más señeros opinadores de un diario de Tenerife, conocido por sus posiciones cercanas a la xenofobia, agitador del pleito insular, postulante de un nacionalismo decimonónico y neoindigenista, donde insultan zafiamente a todo lo que tenga que ver con el 15M. El primero de ellos parece obsesionado con la cosa higienista (aunque solo le faltaría pasarse a la eugenesia como digno émulo de Goebbels). Para muestra un botón: “(...) los greñudos (…) están cagándolo todo, que son unos merdellones”. “(...) en tiempos de Franco (…) aprendías a comportarte y en esta a hacer lo que te da la gana”. “(...) a los de la Puerta del Sol (…) un agüita les vendría bien porque estos huyen del agua como los gatos. Un baldeado los dejaría limpitos que da gusto y sin ganas de repetir (...)”. “Aguarlos (…) para que aflojen esas greñas y se desprendan esas ladillas (...)”. El otro articulista, menos procaz pero igualmente eficaz en su cometido, afirma: “¿Por qué no nos indignamos menos con los políticos y nos abnegamos más con nosotros mismos (…)?”. Esta colección de dislates, de falacias ad hominen ofensivo, es una clara muestra de lo que se destila en las oligarquías que nos gobiernan. Pura bilis contra todo lo que se mueva. Precisamente el periódico El País de hoy afirma, según una encuesta, que “la gran mayoría [de la ciudadanía] respalda la indignación del 15M”. Esto debe ser, precisamente, lo que los pone nerviosos. De otra manera, ni se habrían molestado en dirigir su afilada pluma contra una inofensiva minoría. Eso de que haya una percepción creciente de que nuestro sistema político hace aguas, de la necesidad de un empoderamiento ciudadano y de una democracia real, supone una clara amenaza para una casta de individuos bien instalada en el orden actual de cosas.
Como muy bien afirma José Luis Sampedro “los que atacan el 15M son el ayer”. Representan un mundo destructivo que se resiste a morir, que defiende a zarpazos los privilegios de una élite enrocada en prebendas de todo tipo. ¿Se imaginan a uno de esos “greñudos” dirigiéndose en un medio de comunicación de masas, si tuviera la oportunidad (que difícilmente la tendrá), en esos mismos términos contra políticos y banqueros? Inmediatamente se encargarían de poner de manifiesto la violencia de su lenguaje y la amenaza que representaría para la convivencia ciudadana. Se convertiría en un claro ejemplo de la maldad e inconveniencia de sus ideas. Pero, tranquilos: solo quienes hacen gala de una mínima ética ciudadana tienen claro que no se debe pagar con la misma moneda.

miércoles, 1 de junio de 2011

El Catalejo (18) El 15M y la teoría conspirativa

Esto parece el cumplimiento, paso por paso, de un guión previamente escrito. Al estupor general que las movilizaciones del 15M y la posterior acampada multitudinaria de la Puerta del Sol y otros lugares señeros de la geografía española provocaron en el personal ahora viene el inevitable reflujo. Los que, por un lado, se sienten directamente amenazados por este brote de indignación ciudadana, que proponen cosas de carácter alucinógeno como más democracia y otras zarandajas que no interesan a nadie, reclaman la receta de la porra y las pelotas de goma. Por otro están los escépticos con tendencias paranoides que buscan motivaciones ocultas y manos negras que mueven los hilos detrás de las propuestas de Democracia Real Ya y otros grupúsculos. Entre medio una legión de indiferentes, futboleros con más derecho que nadie a ocupar plazas y partidos y asociaciones que tratan de sacar algún provecho entre tanta algarabía. Ya digo, parece la crónica de un despropósito anunciado. Entre lo último que circula por las redes hay algunas cosas que se mueven entre la risa y el esperpento. Por ejemplo, leo que algunos catalanistas destacados acusan a los acampados en Barcelona de ser un grupo de españolistas infiltrados con el fin de denigrar al catalán, dado que la mayoría de sus intervenciones se realizan en castellano. Hay quien sostiene que la tabla reivindicativa de estos neohippies no es sino una estrategia socialdemócrata para desactivar propuestas de mayor alcance político. Otros, sin embargo, se apuntan a la tesis conspirativa (y radicalmente opuesta) de que el 15M es en realidad un montaje urdido por un Tea Party Español, para lo cual aportan “pruebas” consistentes en declaraciones previas de líderes de la ultraderecha y supuestas coincidencias de cartelería con algún que otro ultra furibundo. No hay nada que enganche más que apuntarse el tanto de ser el primero que desarticula un montaje tremebundo que pasa desapercibido hasta para el más listo de la clase. La cosa conspirativa tira mucho. Plantearse que las raíces de este movimiento ciudadano se encuentran en una movida de la ultraderecha internacional es como suscribir aquello de que Elvis en realidad no ha muerto o que Michal Jackson era un extraterrestre verde y con lengua bífida (cosas que tampoco son del todo imposibles pero que solo da mecha para alguna película absurda – de esas que tanto me gustan, por cierto). ¡Pobrecitos ciudadanos indignados! ¡engañados en su buena fe por una suerte de contubernio fascista internacional! Ya puestos solo faltaría que el librito de Stephane Hessel fuese en realidad un remedo subliminar del Mein Kampf y que José Luis Sampedro fuera un medium que contacta con Franco todos los días antes de dormirse. ¡Es que no tenemos remedio!

viernes, 27 de mayo de 2011

El Catalejo (17) La democracia y el camión de la basura

El desalojo de la Plaza de Cataluña, tal y como se ha planteado, constituye una de las metáforas más vergonzosas que nos han soltado últimamente. Se desaloja a los integrantes de los movimientos agrupados en torno a Democracia Real Ya pretextando una operación de limpieza y salubridad. Es decir, se trata de equiparar en el inconsciente del ciudadano medio, del consumidor habitual, del votante potencial, la noción de acampado / reivindicativo con algo sucio e infeccioso. Así que, de alguna manera, ponerse a pedir más democracia y otras cosas subversivas es una forma de oler mal y terminar rodeado de basura. Nada que ver con el aseado y aséptico ciudadano que no se mete en nada, vota cada cuatro años a los partidos / empresa de rigor y desata sus pasiones solo cuando gana el equipo de fútbol de sus amores. Una persona de bien, que envía a sus hijos a un colegio concertado, paga su adosado religiosamente y da lustre a su todoterreno para ir a pasear los domingos al centro comercial no acampa en una plaza pública para pedir cosas raras e incomprensibles, más propias de peludos e individuos de mal vivir. Así que es normal que detrás de la policía y sus porras de juguete aparezcan los camiones de la basura. Lógico ¿no? Además, después del tsunami azul electoral está claro de quién es la calle. Si a Fraga le quedara un hilito de voz ininteligible volvería a gritar más alborozado que nunca “¡la calle es mía!”.
Decía Weber que el Estado es una forma de monopolizar y legitimar dentro de un territorio la violencia física a través de los instrumentos coercitivos adecuados. Esto, que podría interpretarse como una conquista civilizatoria, frente a un Estado de Naturaleza o una anarquía en plan vendetta, cobra una dimensión un tanto siniestra cuando vemos una y otra vez las imágenes de la intervención policial en Cataluña. Al final, la política de la porra, por mucho que sea ordenada por alguien investido de la legitimidad que proporcionan las urnas, se convierte en un (vamos a ser comedidos) despropósito lamentable. En un acto que, en realidad, pone de manifiesto que el decálogo de reivindicaciones de los manifestantes del 15 de mayo es más urgente que nunca. Al político encorbatado de turno habrá que recordarle que la democracia real surge también del ágora que en nuestros días se da cita en las plazas de muchas ciudades. Y que ésta no es menos legítima que la electocracia a la que quieren reducirla.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El Catalejo (15) Antisistema

Hasta hace poco el antisistema era sinónimo de vándalo, ácrata violento o paria. Pero a la luz de los derroteros que están tomando las cosas ser un antisistema se está volviendo casi un imperativo ético. Era verdaderamente incomprensible que con casi cinco millones de parados, políticas ultraliberales que cargan las tintas en los más desfavorecidos, el comportamiento escandaloso de las élites políticas y económicas que controlan el cotarro, siguiésemos instalados en estos mundos de Yupi. Parece que el enorme aparato de distracción basado en dosis ingentes de fútbol y entretenimiento alienante empieza a hacer aguas. No ha conseguido evitar que una parte de la ciudadanía se salga del guión establecido y manifestara su hastío en las manifestaciones del pasado domingo 15 de mayo convocados por la Plataforma Democracia Real Ya. Primera conclusión de todo esto: ¡no estamos muertos! (al menos no todos). Segunda conclusión: ¡algo empieza a moverse al sur de Copenhaguen! Tercera conclusión: ¡algunos empiezan a ponerse nerviosos!
Después de que los árabes se lanzaran a la calle con la intención de reclamar más democracia y barrer a sus regímenes corruptos y autocráticos en Europa nos hemos dado cuenta de que lo nuestro es para echarse a llorar. Hemos llegado a la conclusión de que la distancia entre la democracia formal y la real es cada vez mayor, de que esta progresiva pérdida de derechos adquiridos y conquistados amenaza con hacernos retroceder muchas décadas atrás, de que esta enorme estafa que es la crisis se está revelando como la escusa perfecta para desmontar el Estado del Bienestar.
Bastaba quizás que alguien prendiera la mecha. Algo de culpa en esto (sin ánimo de simplificar) debe tener Stephen Hessel y nuestro José Luis Sampedro. Tengo la sensación de que muchos han recogido el guante y dicen “¡estamos indignados y dispuestos a luchar por lo que nos han arrebatado!”. Asistiremos a partir de ahora a una reacción por parte del sistema y sus medios ingentes con el objetivo de acallar, desvirtuar y laminar este movimiento democrático. Los incontables pro-sistemas, los que participan de todo este entramado, los que tienen algún privilegio que preservar o simplemente actúan por miedo, iniciarán las maniobras de descrédito oportunas. En la medida en que la ciudadanía se convenza de que este sistema hace aguas, que se encuentra gravemente enfermo y que es radicalmente injusto, podremos avanzar en democracia. Y avanzar en democracia significa hacerlo en justicia social, inevitablemente. Por eso muchos miran con recelo este movimiento social, no sea que a la gente le dé por pedir lo que le corresponde.