
jueves, 30 de junio de 2011
El Cazador de Libros (14) Españistán

domingo, 26 de junio de 2011
Pasión por la Música (4) Los Miserables

domingo, 19 de junio de 2011
Pasión por la Música (3) Anna Rodríguez y Eliseo Lloreda

viernes, 17 de junio de 2011
El Aula (12) El legado

martes, 14 de junio de 2011
El Cazador del Libros (13) Miguel Brieva


sábado, 11 de junio de 2011
El Impertinente (6) Spanish Revolution

Por una vez España pareció liderar algo a nivel mundial que no fuera los indices de paro, corrupción o fracaso escolar. Ya sabemos que una parte importante de la ciudadanía no se conforma con este estado de cosas ni juega a la resignación facilona. Hoy sabemos también que sí hay alternativa a este sistema. Y que la alternativa pasa por más democracia. No se puede dejar las decisiones importantes en manos exclusivamente de los mercados, al albur de personas que nadie conoce, que se representan a sí mismos y que les trae al pairo el interés general. Del “no se puede hacer nada” hemos pasado al “¡democracia real ya!”. Cuando a la gente le da por pensar las consecuencias son imprevisibles. Eso es lo que algunos llevan temiendo desde tiempo inmemorial y sus angustias se hicieron realidad. Se ha abierto una brecha en este gran sistema de despiste y distracción organizado para que nadie se plantee sus verdaderos problemas. El papel que nos adjudicó (y nos sigue adjudicando) este estado de cosas era el de meros consumidores, incluyendo el de votantes de opciones políticas que se presentan como meras marcas de consumo. Esto tuvo como consecuencia una paulatina pérdida de calidad democrática que se convirtió en el paisaje idóneo para la voladura controlada del Estado de Bienestar y de todo lo que oliera a derechos sociales. El espectáculo obsceno de la corrupción, de las componendas de los políticos profesionales, de la escandalosa sintonía entre el poder financiero y la oligarquía política (con el refrendo muchas veces de las urnas) supuso una reacción, no por previsible, menos sorprendente. Bastó que alguien prendiera la mecha, un joven de 94 años, Stéphane Hessel, por ejemplo, al grito de “indignaos”, o un par de aventureros convocando una manifestación a través de las redes sociales, para que todo el desencanto y la frustración acumulada durante años se desatara en un torrente de alcance y consecuencias imprevisibles. De hecho, la dimensión que llegó a tomar la cosa desconcertó a unos y a otros. ¡Olé! ¡Es la “Spanish Revolution”!
Los cambios tienen que ser también a nivel global. Esto supone una cierta inversión de aquel exitoso lema ecologista: “actúa local piensa global”. Ahora hay que pensar y actuar también a gran escala. Es lo propio de un mundo globalizado. La rápida respuesta de muchos ciudadanos en otros puntos del planeta y las repercusiones de las revoluciones democráticas en el mundo árabe ponen de manifiesto que los vasos comunicantes que se han ido tejiendo a lo largo de estos años no solo sirven para que los bonos basura norteamericanos contagien a las economías del resto del mundo sino para que la gente se entere además de que no hay democracia real sin democracia económica.
¡Se acabó la cultura del pelotazo! ¡Bienvenida la cultura de la toma de la plaza! No queda más remedio que plantearse nuevos modos de actuación. La Spanish Revolution es pacífica, festiva, asamblearia, autogestionada, espontánea y, sobre todo, muy reivindicativa. Es también un ¡basta ya! a que las consecuencias de esta estafa global en forma de crisis la paguen los de siempre, los trabajadores y la gente humilde. Alguien tenía que decirle al mundo que esto no puede seguir así. Tal y como repite una y otra vez José Luis Sampedro este sistema está enfermo. Más bien en situación agonizante. Y es que un modelo económico-social que condena a la bancarrota a Estados enteros, que deja fuera de juego a una generación completa de jóvenes y que al mismo tiempo hace ganar fortunas a la reducida élite de siempre debe sufrir al menos de algún tipo de demencia terminal. Puede que todo esto haya pasado a mejor vida o que los últimos rescoldo de esta movida se vayan apagando conforme llega la pretemporada futbolística. Pero el eco de lo que un día pasó en muchas plazas de España, sin que ningún sesudo analista de tendencias sociológicas lo haya llegado a vaticinar, quedará en la memoria de muchos. Sobre todo en la mente de quienes manejan los hilos de este entramado. Saben que esta explosión de indignación ciudadana puede volver a repetirse. Espero que la Spanish Revolution pase a ser, al menos, el sinónimo del despertar de la conciencia ciudadana cuando todo parece perdido.

miércoles, 8 de junio de 2011
El Catalejo (21) Más sobre Islandia

Los islandeses sufren las consecuencias de la crisis, como todo hijo de vecino que paga una hipoteca o cuenta los céntimos para llegar a final de mes. Pero al menos se están dando el gustazo de pasarle la factura a la jet político-financiera que paseaba su Lamborghini por Montecarlo. Además, para sorpresa de los muchachos del FMI, los indicadores económicos reflejan que Islandia está empezando a remontar la crisis. Supongo, también, que como estos nórdicos han demostrado sobradamente su inteligencia recorrerán un nuevo camino lejos de aquellas prácticas económicas que llevaron al país al colapso. De hecho, andan en plan refundación y esas cosas ¡Qué envidia! ¡Propongo Reykjavik como nueva capital de Canarias!
domingo, 5 de junio de 2011
El Catalejo (20) La mala bilis de los pro-sistema

Como muy bien afirma José Luis Sampedro “los que atacan el 15M son el ayer”. Representan un mundo destructivo que se resiste a morir, que defiende a zarpazos los privilegios de una élite enrocada en prebendas de todo tipo. ¿Se imaginan a uno de esos “greñudos” dirigiéndose en un medio de comunicación de masas, si tuviera la oportunidad (que difícilmente la tendrá), en esos mismos términos contra políticos y banqueros? Inmediatamente se encargarían de poner de manifiesto la violencia de su lenguaje y la amenaza que representaría para la convivencia ciudadana. Se convertiría en un claro ejemplo de la maldad e inconveniencia de sus ideas. Pero, tranquilos: solo quienes hacen gala de una mínima ética ciudadana tienen claro que no se debe pagar con la misma moneda.
viernes, 3 de junio de 2011
El Catalejo (19) La Iglesia momificada

La Iglesia Católica es una institución anacrónica en esencia con tendencia a la momificación y el alcanfor. Todavía recuerdo cuando en 1992, mi primer año como profesor, coincidió una clase mía sobre la Revolución Científica del Renacimiento con el reconocimiento de la Iglesia de las tesis de Galileo. A esas alturas los sabios purpurados decidieron que ya era tiempo de admitir que la Tierra gira alrededor del Sol ¡nunca es tarde!, ¡unas buenas risas nos echamos con aquello! Estas cosas son propias de quienes aún andan a cuesta con lo de las verdades reveladas y esas cosas.
Pero entremos en materia. Resulta toda una curiosidad intelectual (siendo comedidos, vaya) que cuestiones morales que afectan hoy a miles de individuos sean el resultado de los antiguos códigos de comportamiento de un pueblo del medio oriente, misógeno como tantos otros, obsesionado con el fin de los tiempos, productor de mesías como setas, a hostias con los romanos y tremendamente rigorista en sus actitudes. Esta fundamentación moral provoca argumentaciones pintorescas. Como la que sostiene que el celibato de los sacerdotes es producto de que el líder de la cosa prefirió la soltería mística o que el papel de las mujeres como carne de convento se deba a que optó por rodearse de hombres en su círculo íntimo de seguidores. Claro que cada uno cree en lo que le parece ¡faltaría más! Para que luego no se diga que eso del progreso es una patraña.
No hay nada más antinatural que prescindir de algo tan incrustado en el ADN de los humanos como la sexualidad. Y resulta curioso que esto lo plantee la Iglesia Católica, que anda siempre a vueltas con su particular interpretación de una supuesta “Ley natural” que les sirve para oponerse furibundamente a cualquier interrupción del embarazo, la homosexualidad o a decidir sobre la propia muerte. Por lo visto la expresión de los deseos y la realización sexual, entre otras cosas, no forma parte del orden natural de las cosas. Esta ceguera es la causante de severos desórdenes de la personalidad que afecta a algunos sacerdotes y similares (con las consecuencias horrorosas que están en la mente de todo el mundo). No hay que estar demasiado ducho en psicología para darse cuenta inmediatamente de ello.
La Iglesia Católica, o mejor dicho, el poderoso y jurásico núcleo vaticanista, tiene un profundo miedo a los cambios pues su preeminencia se basa en la aceptación ciega y acrítica de un conjunto de dogmas históricos que son la piedra angular de todo el entramado. Deben temer que si ceden en algunos de estos aspectos, por pequeño que sea, el chiringuito se les viene abajo en un plis plas. Por encima de cuestiones creenciales aquí hay un asunto de puro y duro poder. No otra cosa es (y ha sido siempre, al menos desde San Pablo) este tinglado católico. A pesar de todo reconozco mi simpatía por ciertos católicos críticos que se empeñan en darse de bruces con la jerarquía gerontocrática y panzuda y con muchos católicos que eligen el bando de los pobres y los desposeídos (tan denostados por sus propios mandamases como si fuesen portadores de la peste). Y yo me pregunto ¿qué hace un ateo como yo hablando de estas cosas? Es que en el fondo nos gusta...
miércoles, 1 de junio de 2011
El Catalejo (18) El 15M y la teoría conspirativa

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