
viernes, 28 de septiembre de 2012
Mammon en el Congreso

domingo, 23 de septiembre de 2012
Hasta siempre, conciudadanos
Estimados conciudadanos y conciudadanas, que
habitual u ocasionalmente han leído estos artículos publicados en la revista
que tienen en sus manos bajo el epígrafe “De puño y letra”: ha llegado el
momento, con esta cifra redonda de cincuenta publicaciones, de poner un ¡hasta
siempre! a esta colaboración. Todo tiene una acotación en el espacio y el
tiempo y estos artículos no iban a ser menos. Espero haber cumplido el
propósito que los animó desde el principio: incitar a una reflexión sobre el
presupuesto de que la condición ciudadana, hoy más amenazada que nunca,
requiere de un ejercicio de crítica, de repolitización y de inconformismo
frente a lo que se nos presenta como inevitable. No se nace ciudadano. La
ciudadanía se construye generación tras generación y es sinónima de democracia.
Estos y otros ideales, que tanto ha costado afianzar a lo largo de los años,
están hoy seriamente en entredicho. Frente al ideal ciudadano se está
imponiendo una nueva forma de retroceso a la antigua condición de súbdito. Se
trata de la sumisión, no ya a un monarca absoluto, sino al reinado de los
mercados, al entramado político y financiero que nos gobierna, al fatalismo del
“no se puede hacer nada”. Hoy las decisiones importantes ya no están en manos
de la soberanía popular. Todo conduce hacia un nuevo feudalismo, con estilismo
chino, donde el poder económico y político está en manos de unas élites, con
nombres y apellidos, y donde al personal solo le queda aguantarse y subsistir
como pueda en medio de generosas dosis de adormidera en forma de pantalla
gigante de ultimísima generación.
En este sentido tenemos que
reapropiarnos de la Política. Arrebatarle su uso exclusivo a quienes se han
convertido en profesionales de la toma de decisiones y de la gestión de lo
público. Tenemos que estar vigilantes contra este retroceso en derechos civiles
que parece no tener fin y que amenaza con devolvernos al siglo XVIII a poco que
sigamos descuidándonos. Esto ha sido posible, en parte, gracias a los nuevos
instrumentos de alienación colectiva, entre los que sobresale poderosamente el
fútbol. De ahí mi machacona insistencia en esta serie de artículos de
prevenirnos contra esta aparente e inocente forma de distracción lúdica. El
caso es que esta sociedad ha devenido en una hueca sociedad del espectáculo, o
dicho más certeramente, de “distracción masiva”. Si tenemos al personal
descargando la ansiedad y la mala hostia acumulada en las cuitas de estos
millonarios del balompié a lo mejor se olvidan de que sus neveras están vacías
y sus posibilidades de mejorar su nivel de vida han quedado truncadas. No sea
que les dé por señalar a los responsables de esta estafa y la cosa se ponga fea
de verdad.
En
el empoderamiento de la ciudadanía juega un papel esencial la educación. Como
esto lo saben los mandamases se han ocupado de justo lo contrario, de
devaluarla y de reducirla, fundamentalmente la pública, a su dimensión
meramente asistencial. Sin una educación pública, gratuita, universal y de
calidad esto no tiene arreglo. Pero lo lamentable es que ésta no perece ser una
demanda ciudadana ni una prioridad para nadie. Y así nos va. Tampoco lo es,
lamentablemente, llegar a un nuevo “pacto” con la Naturaleza (lo que no deja de
ser un pacto con nosotros mismo) de tal modo que tengamos algo que dejarles con
un mínimo de condiciones a las futuras generaciones. Y es que nuestra absoluta falta
de inteligencia colectiva llega a cotas asombrosas, hasta el punto de poner en
peligro, con nuestro modelo económico y nuestras prácticas políticas, nuestra
propia supervivencia como especie. No deja de ser otro signo de esa estupidez
rampante muchos de los comportamientos sociales que observamos: desde el culto
a la imagen personal al consumismo desaforado. Todo esto es el campo abonado
que nuestra afamada “clase política”, la de toda la vida, la que apenas
envejece (milagros del fotoshop)
campaña tras campaña, la que utiliza las instituciones como su cuarto de
aperos, necesita para que todo siga igual.
Indiscutiblemente,
son estos tiempos de lucha ciudadana. Tiempos en los que nos jugamos mucho,
tanto como nuestros propios derechos, nuestro modelo de vida basado en trabajar
para vivir y no al revés (cuando se tiene trabajo, claro). Son tiempos para
despertar de aquel largo sueño en el que pensábamos que a base de créditos
bancarios ilimitados tendríamos un nivel de vida sin parangón en la historia, que
el modelo a imitar era el de los jóvenes y agresivos cachorros de las finanzas.
Tiempos para replantearse de arriba abajo este sistema que se nos ha ido
revelando como insano, como pernicioso para la mayoría de las personas que
apenas llegan, o no llegan de ninguna forma, a final de mes. Tiempos de decir:
¡hasta siempre, conciudadanos!
domingo, 16 de septiembre de 2012
Por qué no soy nacionalista
lunes, 10 de septiembre de 2012
La valentía de un profesor
Hacía años que no visitaba el paraninfo de nuestra vieja y
querida Universidad de La Laguna. Me alegró verlo en su magnífica restauración.
Y, pese a que la ocasión, el acto de apertura del curso, era un motivo un tanto
extemporáneo para quien suscribe no quería perderme, de ninguna manera, la
lección impartida por el catedrático de periodismo, José Manuel de Pablos. El
amigo Josema nos ha regalado a algunos compañeros la oportunidad de asistir a
los últimos retoques de su discurso. ¿Y por qué no quería perdérmelo? Entre
otras cosas porque lo que Josema había escrito era un acto de valentía y de
compromiso social del que la Universidad está tan huérfana. En medio de las
fuerzas vivas (y no tan vivas) de la sociedad canaria, en medio de esa especie
de vuelta a la sociedad estamental que representa un acto de este tipo, con sus
prima donnas militares, políticas,
eclesiásticas y empresariales, con sus toques de campanillas para que el
auditorio se pusiera en pie (efectuada por una azafata a falta de monaguillo),
con sus Te Deum y sus Gadeamus Igitur, José Manuel de Pablos dio un puñetazo
dialéctico sobre el atril y le expetó al auditorio algo tan provocador y
revolucionario como la simple realidad social y política a la que esta grey
vive ajena. Josema habló de la extensión de la ignorancia como estrategia del
poder, del ataque frontal a la Universidad Pública que supone la subida de
tasas, de la manipulación informativa por parte de las oligarquías dominantes,
de la mediocridad de la clase política profesional, en fin…
Fue una lección
inaugural en tres actos donde no faltaron menciones a Gutenberg, Tim
Berners Lee (creador de la web), Julian Assange (perseguido
por airear a través de Wikeleads las miserias del Imperio intergaláctico) y
hasta el infaustamente nobelizado Obama.
Josema podía haber optado, como tantos otros catedráticos anteriores, por
cumplir con el trámite con una lección estrictamente académica o, como mucho,
con alguna mención de soslayo a este ataque frontal a los derechos civiles y
laborales de la ciudadanía como no se conocían desde el final de la II Guerra
Mundial. Y es que en José Manuel de Pablos habita un profundo sentido de una
ética de la justicia social, una clara convicción del papel de la Universidad
comprometida con la causa del progreso
colectivo. Pero el acto de nuestro profesor es también un acto de valentía, una virtud
moral claramente en retroceso en estos tiempos miserables que nos ha tocado
vivir, donde parece haberse impuesto el toque de queda para aquellos valores
que vayan más allá del sálvese quien pueda. La figura de Josema se agrandó no
solo por su texto perfectamente hilvanado, sino por el contexto, no en vano era
el escenario menos propicio para decir lo que se dijo, lo que había que decir,
lo que no se puede seguir ocultando. Muchas gracias, José Manuel. Al menos que
no nos arrebaten la voz ni la palabra.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
La esposa del candidato
Ya sabemos que los EE.UU son, entre otras cosas, el mayor
exportador mundial de estupidez, seguidos
muy de cerca por China (que no solo en el PIB se compite). Cuesta creer
que una mayoría, o una parte significativa de la población, de este país se
zampe al pie de la letra las puestas en escenas de las convenciones de los
partidos en liza para las presidenciales del Imperio. Convención tras convención la corte de
asesores y especialistas en mercadotecnia escenifican el mismo ritual de la
vacuidad en dolby sorraund. E
invariablemente el rebaño de ovejas se emociona ante las confesiones de la esposa
del candidato aireando las virtudes familiares y piadosas del presidenciable.
Las cámaras recogen a los maravillosos retoños de la pareja que asisten con
contenida satisfacción a las puestas en
escena de sus progenitores. No en vano coronan de esta manera toda una vida
enfocada a perfeccionar la telegenia y desempeñar el papel de perfectos White
Anglo Saxon Protestan (categoría en la que entra perfectamente un Obama más white
que ninguno). Los comentaristas, a falta de algo verdaderamente sustancioso, se
aplican en buscar algún guiño, una palabra fuera del guión, un renuncio que
añada algo nuevo a tanta previsibilidad.
Uno está, además, por crear algún tipo de frente unitario contra
las versiones cantadas por solistas a
capella del himno estadounidense. Por favor, señores mandamases ¡no nos
castiguen más con tanto arrebato de emoción patria! Ya sé que cada uno se monta el sarao como mejor le va (que para eso
también por estos lares tenemos nuestras convenciones a base de bocadillos de
mortadela). Pero como en este mundo globalizado en una sola dirección somos los
de este lado del planeta los que tenemos que tragarnos tanta estupidez
mainstream (y no al revés) tengan un poco de compasión de nosotros, pobres
siervos que pagamos religiosamente nuestro diezmo en forma de aplicados
consumidores de basura de todo tipo. Lo verdaderamente peligroso es que, como
ha quedado contrastado, la estupidez resulta altamente contagiosa. Y no habría
que extrañarse de que en un futuro cada vez más cercano, dada la indisimulada
cutre-política pepera, empecemos a ver a las esposas cañí de por aquí cerquita
alabando las paellas del candidato a dirigir la cosa patria, mientras los
niños, educados en los maristas (como corresponde a la clase dirigente), lucen
raya del pelo al lado y traje azul de chaqueta y corbata con gemelitos de oro,
recuerdo de la abuela. A veces pienso que,
al igual que pasa con la próstata, hay algún área del cerebro humano que debe
estar para que la envíen de nuevo al taller de diseño.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Sobre sueños satisfechos
Decía Aristóteles que para ser feliz había que tener,
previamente, algunas necesidades materiales y afectos satisfechos. Y a partir
de ahí pues a cultivar la virtud, la contemplación y esas cosas. Esto parece
una obviedad, pero ¿cuántas personas pueden decir que tienen ese prerrequisito
cubierto y sobre todo con la que está cayendo? Se entiende que a muchas
personas en su lucha diaria por la existencia eso de la felicidad le suene a una
soberana milonga. ¿Es la felicidad un estado mental alejado de cualquier
influencia mundana? Pero, en relación a esta vieja aspiración del
ser humano, el de alcanzar una vida plena y realizada, la cuestión es saber qué
hacer con nuestra existencia precisamente cuando estos requisitos previos, los
materiales al menos, están mínimamente cubiertos. Esta reflexión me viene a la
cabeza después de asistir hace unos días a la presentación por parte del joven
periodista tinerfeño, César Sar, de su largo viaje / odisea particular por el
mundo. César, hace poco más de un año, se lio la manta a la cabeza, dejó su
profesión y sus alforjas materiales y puso en práctica su sueño de toda la
vida. Con las dotes de gran comunicador que le caracteriza exhortó al público a
plantearse precisamente esa necesidad de enfrentarse algún día a los propios
anhelos y deseos insatisfechos.
Al día siguiente hablaba también con una mujer
que dejó su profesión y apostó vital y materialmente por un proyecto que muchos
tildaron de disparatado: poner en funcionamiento una sala de teatro con una
programación estrictamente formativa – cultural. El caso que pese al riesgo de
tamañas empresas ambas personas tienen en común una actitud vital que podríamos
pensar que raya en lo que los griegos llamaban la “eudaimonía”, la búsqueda de
la “Felicidad”. Si de ambos pudiéramos extraer algún tipo de generalización
(aunque sea con una muestra tan pequeña) podríamos decir que la cosa pasa por
tener el control de tu propia vida, por hacer aquello que “estas llamado a
hacer” y por liberarte de esa suerte de miedos, inercias y supuestas
imposibilidades en la que, en realidad, muchas veces nos educan. Por mi parte
solo puedo añadir, en mi modesta experiencia en estos asuntos, que, en efecto,
siempre he pensado que los límites (a pesar de que es muy importante saber que
los tenemos) son muchos más laxos de lo que creemos. Al final es más importante
ponerse en movimiento, aunque no tengamos muchas veces claro el rumbo ni el
destino, que quedarse en la Estación Termini
esperando eternamente a que se abran los cielos. ¡Enhorabuena a ambos,
compañeros!
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