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martes, 1 de marzo de 2011

El Catalejo (6) Wisconsin

Wisconsin no es precisamente un Estado de la Norteamérica profunda. Es un Estado del norte en la franja media alta dentro del conjunto del país. Pues bien, en Wisconsin se está jugando en estos momentos el futuro de los derechos sindicales y muchas cosas más. El Tea Party parece haber iniciado su ofensiva en este Estado a la orilla del Lago Michigan. El gobernador del Estado, Scott Walker, se ha convertido en uno de los más destacados líderes del movimiento ultraconservador. Como es bien sabido, esta gente tiene verdadera alergia a todo lo que huela a público. Este señor acaba de sacarse de la manga una ley que recorta de un hachazo el sueldo de los funcionarios, les hará pagar el 12% de su seguro médico y, lo que es más grave, les niega el derecho a cualquier negociación colectiva que no sea estrictamente salarial (los chupóteros de los empleados públicos no son nada y bastante agradecidos deberían estar con tener la oportunidad de vivir de los impuestos de los demás). En el sector de la educación pública, al parecer, estas medidas están acompañadas de otras que tienen como objetivo reducir la inversión al mínimo. Como es bien sabido, el horizonte ultraliberal consiste en una arcadia poblada por una élite ricachona, dueña de las principales empresas, donde se han abolidos los impuestos y la clase trabajadora vive de la compasión, del amor a la bandera y el temor de Dios. Todo lo demás es puro “comunismo”, palabra que desde los tiempos del senador MacCarthy es el principal anatema para un buen americano.
Pero he aquí que los funcionarios y trabajadores públicos se han echado a la calle y han tomado el Capitolio de Madison, la capital del Estado. Hay un clima de auténtica revuelta que el gobernador no ha tardado en utilizar como excusa para reforzar sus argumentos: detrás de cada trabajador público, o al menos de quien no agache la cerviz, hay un peligroso izquierdista en potencia que amenaza el American Way of Life. No ha dudado también en amenazar con despedir a todo el mundo -y ya se sabe que en el Far West se las gastan así. Como es habitual en estos casos, este corpúsculo ultraliberal utiliza la excusa de la crisis y el déficit presupuestario (argumentos que no son tales cuando se trata, por ejemplo, de acudir prestos en el rescate de algún banco en problemas por sus propias prácticas especulativas o de alguna corporación financiera). Pero está claro que detrás de todo esto hay algo más. Hay una lucha titánica por imponer un modelo económico y social a medida de estas élites depredadoras. No son pocos los estados en manos de los republicanos más extremistas que están a la espera de ver cómo se desarrollan estos acontecimientos para sumarse a esta fiesta con toneladas de teína. En el resto del mundo no tenemos muchos motivos para sentirnos tranquilos, al menos los que pensamos que el único horizonte viable es el del reparto de la riqueza, la universalización de los derechos humanos y civiles y un nuevo pacto con el medioambiente que garantice la supervivencia de nuestra especie a largo plazo. En Wisconsin se juega mucho en estos momentos -nuestros propios cachorros ultraliberales lo saben.

martes, 11 de enero de 2011

El Catalejo (2) Las recetas del Tea Party

La humanidad, aparte de desmemoriada, camina como los cangrejos. Siglos de constatar los peligros del fanatismo, del integrismo de todo signo, de creer que la verdad es algo que se posee en propiedad no han servido para que aprendamos algo. El reciente ataque de un fanático adlater del tenebroso universo del Tea Party contra la congresista demócrata Gabrielle Giffords, que dejó un reguero de muertos y heridos, es la más salvaje expresión de la barbarie cerril que parece abrirse camino. Puede que la historia sea cíclica y estemos viviendo de nuevo ese auge del fascismo que siguió a la Gran Depresión de 1929. Parece que la combinación fatal entre el nacionalismo ultramontano y el ultraliberalismo económico resulta atrayente para las masas descontentas. Supongo que la mezcla de recetas fáciles, promesas de enriquecimiento rápido, la técnica del chivo expiatorio, la demonización del otro, el liderazgo mesiánico, las banderas al viento, etc tienen la capacidad de captar una clientela con un alto grado de fidelidad. Una receta más que contrastada y acreditada en su instantánea digestión.
El presunto autor de la masacre, Jared Lee Loughner, es otro de los rostros desafiantes de esa ultraderecha norteamericana que se ve a sí mismo como el pueblo elegido por Dios, depositarios de valores superiores y eternos que se sienten siempre amenazados por un contubernio poblado de comunistas, negros, hispanos, musulmanes, hippies y todo aquel que, como decía Chalston Heston, no esté dispuesto a morir con un arma en la mano por la bendita supremacía WASP (White Anglo-Saxon Protestan).
La llegada de Obama a la presidencia, un presidente más que tibio pero peligroso a ojos de esta grey por proponer algo tan antiamericano como la salud universal, ser negro y llamarse también Hussein, ha desatado las neuras de los amantes del té en bolsitas de pólvora. El peligro es que estas cosas se contagien al resto del planeta. Que nuestros propios loquetas se apunten al tiro rápido, a la caza del rojo, del discrepante. Que se extienda una fraternidad universal de salvapatrias que al grito de “Dios lo quiere” destape una nueva era de progromos. Parece política ficción pero de nuevo un vistazo a la historia más reciente basta para que se nos desaten todas las alarmas. Los Estados Armados de América, para bien o para mal, siguen marcando tendencia, perseguidos a corta distancia por el nuevo modelo asiático (a cual peor). Su poderosa industria mediática y cultural tiene una capacidad de penetración inigualable. Puede que todavía a muchos ciudadanos civilizados las puestas en escenas de la derecha norteamericana nos sigan dando bastante grima pero ¿quién sabe? ¿veremos más pronto que tarde a algún Loughner entre nosotros? ¿tendremos alguna Sarah Palin en ciernes como anticipo de lo que nos espera?