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domingo, 25 de septiembre de 2011

El Aula (15) (Des)concierto educativo

Parece que el chollo empresarial empieza a vislumbrarse en cubrir aquellos servicios públicos esenciales de los que la administración comienza a no querer saber nada. Si usted es un capitalista (no me entienda mal, alguien con la suficiente capacidad inversora) vaya pensando en abrir un centro médico o una clínica privada. Esto va a ser un chollo, oiga. Y también, por qué no, una escuela con vocación concertada. Imagínese: usted abre una empresa y consigue que el gobierno le pague el capítulo de gastos más abultado: el del personal docente. Lógicamente, previo estudio de mercado, asegúrese que la zona en la que vaya a instalar la empresa tenga un estatus medio / alto (nada de zonas rurales o suburbios inmundos). Hay que procurar evitar al alumnado inmigrante, con algún retraso educativo o de otro tipo que afeen los resultados (para eso está la escuela pública -si se nos cuela alguno ya veremos la forma de endosárselos). Luego vendrán las triquiñuelas para conseguir que la empresa empiece a tener los imprescindibles beneficios. Como los vientos neocon soplan a favor encima parecerá que le estamos haciendo un favor a la sociedad, ahorrando costes y optimizando resultados. ¡No se lo piense más, hombre! Este es el momento de invertir en todo ese pastel que el Estado piensa dejar en manos de los tiburones de las finanzas. Si usted es más atrevido no es mala idea lo de una cárcel de diseño o incluso un ejército privado para defender grandes superficies de las masas de zombis hambrientos que van a aparecer por doquier (todo llegará). Mientras, como buen padre / madre preocupado por la educación de sus hijos “razones” no le faltarán para elegir la mejor escuela concertada: que si lo mejor es una educación bilingüe, que si al final no hay nada como una educación tradicional (fe y disciplina), que si está demostrado que el nivel... Vamos, que el que no encuentra motivos es porque no quiere. Y como todavía queda un poco de caridad cristiana por ahí lo mejor es un cheque escolar (más dinero del Estado, disfrazado de derecho a elegir e igualdad de oportunidades) para que el pobrecillo de turno tenga la posibilidad de codearse (en la fila de atrás, eso sí) con alumnado de rancio abolengo y apellido ilustre. ¡Pobre escuela pública, tienes los días contados! (el 20N + 1 ya me dirán).

lunes, 14 de septiembre de 2009

El impertinente (7) La educación invisible

Mi último artículo en Tangentes trata, por razones de calendario, sobre esta educación que nos quita, por lo menos a algunos, el sueño.

Ahora que comienza de nuevo el curso escolar podremos seguir asistiendo al progresivo abandono de la educación pública. Sumaremos un capítulo más ante el desinterés general. Habrá nuevas deserciones y desandaremos un poco más el camino. El grado de invisibilidad del mundo educativo, de sus problemas y demandas, de sus logros y aspiraciones, ha llegado a cotas alarmantes. Pero ¿es que queda alguien por ahí?
Las clases altas hace tiempo que mantienen a sus hijos en una burbuja educativa, alejada de toda inconveniencia y contaminación, atrincherados en los muy escasos y exclusivos colegios privados. Las élites son las élites, aquí y en Pekín. Las clases medias (permítaseme utilizar esta terminología clásica) han querido seguir en los últimos años el mismo camino. Vaya por delante mi respeto hacia las libres decisiones del personal, pero la idea de que gastarse un dineral en la educación de los vástagos o meterlos en un centro concertado (gratuito pero menos) es un signo de preocupación y distinción social, que garantiza una mejor educación, parece haber calado hondo con los efectos que eso tiene. El principal de ellos es que paralelamente la educación pública termina por quedar relegada a una función meramente asistencial, destinada sobre todo, a las clases humildes y carentes de recursos. Aun siendo esta función noble y necesaria, esto acaba con el sueño afrancesado de una educación igualitaria y universal, basada en la igualdad de oportunidades, en la superación de las limitaciones de partida y cuyo principal objetivo era la construcción de una ciudadanía democrática. Ahora, con esto de la crisis, parece que hay un cierto retorno a la escuela pública, un retorno forzado y a regañadientes, pero el daño ya está hecho. Bonito sueño que hemos dejado en el cajón, como tantos otros.
Una vez resuelto dónde dejar a mi niño, con sus permanencias y actividades por las tardes, con sus muchas tareas y actividades para que esté convenientemente entretenido, al resto que le den. No es de extrañar, por tanto, que la educación ocupe un puesto significativamente bajo entre las preocupaciones de los canarios, tal y como reflejan las encuestas. ¿Es que tenemos un sistema educativo a la finlandesa con el que podemos sentirnos tranquilos? No parece. Hace poco un titular de prensa mostraba que casi un tercio del alumnado canario no conseguía obtener el título de educación secundaria. ¿Alguien se ha parado a valorar adecuadamente este dato? Que cada año uno de cada tres alumnos canarios no tenga una titulación educativa mínima, sumado al montante histórico acumulado de personas con baja o ninguna titulación, proporciona un retrato cuando menos desalentador de estas islas. ¿Dónde está el clamor popular? ¿Alguien exige responsabilidades? Claro que la liga de fútbol comienza pronto y al final el niño ya encontrará un enchufillo donde trabajar. Siempre está el taller o la peluquería de la familia para salir del paso, sobre todo ahora que la construcción ya no da para más.
La educación se ha vuelto invisible. Es un tránsito más por el que hay que pasar, como la primera comunión o la primera nintendo. De ella sólo esperamos que no nos dé problemas y nos los resuelva todos. Pasar por el centro o participar en la vida del mismo ocupa probablemente el último lugar en la lista de prioridades. Al contrario, si no me llaman es que todo va bien. Conocer el proyecto educativo del centro, integrar una asociación de padres y madres o aportar alguna iniciativa de mejora es como pedirles a los ya de por sí angustiados padres que además tienen que escalar el K2 ¿Qué hay conflictos en el mundo educativo? Bueno, eso es cosa de ellos. Yo también tengo los míos. El problema es que la educación es algo demasiado importante como para dejarlo en manos únicamente de los políticos, más preocupados por la foto de hoy que por los logros del mañana. Una ciudadanía sin un nivel educativo adecuado presupone una sociedad inviable, una sociedad sin futuro. Y en esas estamos.