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sábado, 29 de enero de 2011

El Aula (3) ¿De qué Paz hablamos?

En estos días muchos centros educativos celebran el “Día Escolar Por la Paz”. Soy de los que cree que estas efemérides son necesarias. Es cierto que estas cosas deben “celebrarse” todos los días y no en una jornada concreta. Vale. Pero los humanos somos muy dados a estas componendas y no está mal del todo. La Paz y la Solidaridad siguen siendo valores esenciales para la escuela. El problema es que, si queremos que tengan un mínimo de significado, tienen que estar ligadas a demandas, situaciones y problemas concretos. Hemos abusado de una simbología que ha terminado por vaciarse de contenido. No se puede reducir la demanda de paz y la exigencia de justicia a un conjunto de blanquísimas palomas y muñecotes angelicales, abstracciones casi metafísicas sin capacidad transformadora alguna. Esa es la manera de pasar de puntillas por el expediente, recurrir a los lugares comunes que no exigen compromiso alguno.
Por eso es habitual y deseable aprovechar estas ocasiones para vocear demandas concretas. En estas islas, en los últimos años (sobre todo en el marco de la Red Canaria de Escuelas Solidarias) hemos hecho coincidir este día con acciones de sensibilización sobre la inmigración irregular y la situación de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental -cosas que nos tocan muy de cerca. Sin obviar, claro está, esa pléyade de conflictos e injusticias que asola nuestro planeta.
La escuela no puede ser neutral. Porque ¿qué es la neutralidad? ¿la sutil equidistancia entre víctimas y verdugos? ¿el distanciamiento acrítico de los hechos? ¿la obsesión por no molestar a nadie? Existe, además, la consideración de fondo de que el alumnado sufre algún tipo de discapacidad mental grave. Hay quien piensa que las débiles mentes infantiles y juveniles podrían sufrir algún tipo de shock postraumático, de difícil arreglo posterior, si se entra en detalle respecto a algunos problemas, si se denuncia la causa de las injusticias, si se llama a las cosas por su nombre. Mejor mantenerlos en el mundo de Heidi para que de adultos puedan ejercer de felices y despreocupados consumidores. Dicho esto, hay que dejar claro que no se trata de adoctrinar, peligroso planteamiento que hay que evitar a toda costa. Denunciar la violación de los derechos humanos hallá donde se produzca, la causas sistémicas que están detrás de la pobreza y la exclusión, de la destrucción de nuestro planeta, de la violencia de género, promover la democracia, etc. no es impartir una doctrina. Es darle contenido a la educación. ¿Qué si no es educar para la ciudadanía? ¿en qué consiste entonces la 'competencia social y ciudadana'?
La escuela debe ser, en todo caso, plural. La pluralidad es una garantía precisamente contra el peligro del adoctrinamiento. Quienes se rasgan las vestiduras porque se exhiba, pongamos por caso, una bandera saharaui en un marco escolar son precisamente quienes incurren en un atroz sectarismo. Hay también un miedo irracional (como todos los miedos) a que se 'haga política' con el alumnado. Este miedo tan extendido recuerda a aquel famoso comentario que se le atribuía a Franco cuando le recomendaba a sus propios ministros “que no se metieran en política”. Uno de los males sociales que nos aquejan, herencia quizás de aquellos años de oscuridad, es la despolitización de la ciudadanía. Se confunde torticeramente 'política' con 'política de partido'. Hacer política no es hacer propaganda de las tesis de un partido. Han sido los partidos políticos y su clase profesional quienes se han agenciado para ellos el ejercicio de la política, que es una de las condiciones esenciales de la ciudadanía. Nos han hecho creer que la política es una cosa mala y sospechosa, que mejor está en manos de quienes se presentan ad eternam a las elecciones y pasan de un cargo a otro como quien juega a la oca (y tiro porque me toca).
En estos tiempos que corren parece estar produciéndose una gran confluencia de intereses para arrebatarle a la ciudadanía los últimos despojos de soberanía, aquella que tan pretenciosamente aparece en los preámbulos de declaraciones y constituciones varias. Y para ello se recurre a la vieja técnica del miedo. Y el miedo genera parálisis. Justo lo que necesitan quienes desean que en el solar la cosa esté tranquilita.
Frente a todo esto la escuela sigue siendo el último refugio de la esperanza.

domingo, 23 de mayo de 2010

El Aula (4) La Red Canaria de Escuelas Solidarias

El pasado día 20 de mayo, nos reunimos en Las Palmas de Gran Canaria unos cuarenta profesores en representación de la Red Canaria de Escuelas Solidarias (RCES) y la Asociación Canaria de Enseñantes por la Paz y la Solidaridad (ACEPS). Para los malpensantes hay que hacer constar que esto fue financiado con los fondos de la ACEPS, de los que ni un céntimo procede de la Consejería de Educación. En estos tiempos que corren, en los que nuestra administración educativa está aplicada únicamente en ver por dónde puede aún meter algún tijeretazo, en los que la apatía, la resignación y la desesperanza se ha apoderado del conjunto del profesorado, que todavía quede un grupo de irreductibles que se confabulan para seguir adelante (después de 18 años en la brecha) con su trabajo de educación en valores cívicos, solidarios y democráticos, empieza a ser toda una proeza. Es precisamente en estos momentos, en los que todo quisqui se prepara para una larga temporada en los 'cuarteles de invierno', cuando más habría que visibilizar lo que aún le queda de dignidad a la escuela.
Muchos hemos asistido en estos dos años a un proceso de desmantelamiento de la escuela pública sin precedentes. En el viaje de ida en el barco, comentaba algún histórico de la educación que asistía a la reunión que esto, en realidad, no es una operación de mero derribo y demolición, sino el resultado de un plan elaborado en el que el gobierno sabe muy bien a dónde quiere ir y qué papel le tiene asignado a la escuela pública. Se lo pueden imaginar.
Sin embargo, lo asombroso es comprobar cómo esto no parece importarle a nadie. Para empezar ni siquiera a una parte importante del profesorado que asiste entre noqueado e indiferente al espectáculo y, mucho menos, al conjunto de la sociedad. Comentaba otro compañero que si le hubieran dicho hace unos años que alguien podría atreverse a tocar alguno de los logros de la escuela en los últimos años (la atención a la diversidad, los proyectos de mejora, los programas de innovación, por poner algunos ejemplos de urgencia) habría respondido que, en todo caso, sería a costa de una buena pelotera. Hemos podido comprobar que eso no ha sido así. La ínclita crisis ha sido el comodín que ha venido en auxilio de los que piensan que el sistema educativo público debe tener una función meramente asistencial y que para eso no hace falta tanta algarabía. Basta con tener a los niños entretenidos de ocho a dos. Si quiere servicios y recursos váyase a la concertada y si quiere preparar a su niño para formar parte en el futuro de la casta dirigente para eso está la privada (si puede pagárselo, claro).
Hemos podido comprobar en la reunión de la RCES y de la ACEPS el valor moral, al menos, de la resistencia. El valor de los que saben que los políticos pasan pero la escuela queda. De que al final, somos nosotros los que tendremos que sacar esto adelante contra viento y marea, con dignidad y tesón. Simplemente porque nuestro alumnado se lo merece y porque no sabemos hacer otra cosa.

jueves, 28 de mayo de 2009

Acción Solidaria (2) Proyecto Música Solidaria

En estos tiempos que corren las acciones de educación y sensibilización intercultural son casi una obligación ética. En este marco de crisis global quienes terminan por pagar el pato son siempre los sectores más desfavorecidos y entre estos sectores sin duda alguna el de los inmigrantes ocupa lamentablemente un lugar destacado. En esta entrada queremos destacar un proyecto que merece todo el reconocimiento. Se trata del proyecto Música Solidaria, que tiene como objetivo propiciar la integración de menores inmigrantes no acompañados a través del ejercicio de su propia música. En mi centro educativo tuvimos la oportunidad de realizar el pasado mes de febrero un encuentro con este grupo que dejó una sensación inmejorable en toda la comunidad educativa. Fruto de este encuentro surgió la necesidad de apoyar este proyecto, formando con el Comité de Solidaridad una batucada y adquiriendo instrumental africano para su propia dotación. El corolario, por lo menos hasta la fecha, de este proyecto ha sido un nuevo encuentro entre el alumnado realejero y el grupo de menores africanos. En el mismo ambas formaciones interpretaron por separado su repertorio para terminar mezclados en un auténtico ejercicio de catarsis colectiva. La parte saharaui del grupo nos regaló una danza autóctona en recuerdo del reciente viaje de centros de la Red Canaria de Escuelas Solidarias a los campamentos de Tinduf. Nosotros les correspondimos regalándoles una parejas de tambores djum djum comprados directamente a una proveedora senegalesa. Al final el resultado era el previsible: una corriente de empatía y afinidad que termina por estrechar los lazos de jóvenes que comparten más cosas de las que parece. Son muchos los centros de la RCES que vienen realizando actividades de este tipo trabajando muchas veces contracorriente y haciendo realidad una educación comprometida con los Derechos Humanos.






domingo, 24 de mayo de 2009

Acción Solidaria (1) Esperanza en los tiempos oscuros

Estamos en Canarias en el año 2009. Toda Canarias está ocupada por los romanos… ¿toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles solidarios resiste todavía y siempre al invasor. Efectivamente, en estos tiempos de hibernación docente, de hastío y oscurantismo resulta verdaderamente sorprendente que aún quede un grupo de locos que resista la llegada de mejores tiempos para la educación. Se celebró el pasado mes de abril, en el municipio de Telde el XIV Encuentro de la Red Canaria de Escuelas Solidarias. Un acto realizado contra viento y marea, contra los que nos quieren silenciados, contra los mercaderes de la educación que sólo entienden de balances contables. La última representación de la escuela que se entiende a sí misma como foco de ciudadanía, como ejercicio de valores democráticos y solidarios, se resiste a morir. Ahora que las mesnadas están en retirada, ahora que todo lo impensable resulta posible, ahora que el profesorado tiró la toalla, ahora que la pírrica victoria de quienes les sobraba una escuela participativa es ya una realidad, es cuando los últimos de Filipinas se aprestan a pasar el invierno. Pero que nadie dude que mañana volverá a amanecer. Mañana la escuela será pensada de nuevo por los que verdaderamente viven la educación. Mañana la escuela será de nuevo solidaria o no será.