lunes, 10 de septiembre de 2012

La valentía de un profesor


Hacía años que no visitaba el paraninfo de nuestra vieja y querida Universidad de La Laguna. Me alegró verlo en su magnífica restauración. Y, pese a que la ocasión, el acto de apertura del curso, era un motivo un tanto extemporáneo para quien suscribe no quería perderme, de ninguna manera, la lección impartida por el catedrático de periodismo, José Manuel de Pablos. El amigo Josema nos ha regalado a algunos compañeros la oportunidad de asistir a los últimos retoques de su discurso. ¿Y por qué no quería perdérmelo? Entre otras cosas porque lo que Josema había escrito era un acto de valentía y de compromiso social del que la Universidad está tan huérfana. En medio de las fuerzas vivas (y no tan vivas) de la sociedad canaria, en medio de esa especie de vuelta a la sociedad estamental que representa un acto de este tipo, con sus prima donnas militares, políticas, eclesiásticas y empresariales, con sus toques de campanillas para que el auditorio se pusiera en pie (efectuada por una azafata a falta de monaguillo), con sus Te Deum y sus Gadeamus Igitur, José Manuel de Pablos dio un puñetazo dialéctico sobre el atril y le expetó al auditorio algo tan provocador y revolucionario como la simple realidad social y política a la que esta grey vive ajena. Josema habló de la extensión de la ignorancia como estrategia del poder, del ataque frontal a la Universidad Pública que supone la subida de tasas, de la manipulación informativa por parte de las oligarquías dominantes, de la mediocridad de la clase política profesional, en fin…
Fue una lección inaugural en tres actos donde no faltaron menciones a Gutenberg, Tim Berners Lee  (creador de la web), Julian Assange (perseguido por airear a través de Wikeleads las miserias del Imperio intergaláctico) y hasta  el infaustamente nobelizado Obama. Josema podía haber optado, como tantos otros catedráticos anteriores, por cumplir con el trámite con una lección estrictamente académica o, como mucho, con alguna mención de soslayo a este ataque frontal a los derechos civiles y laborales de la ciudadanía como no se conocían desde el final de la II Guerra Mundial. Y es que en José Manuel de Pablos habita un profundo sentido de una ética de la justicia social, una clara convicción del papel de la Universidad comprometida  con la causa del progreso colectivo. Pero el acto de nuestro profesor  es también un acto de valentía, una virtud moral claramente en retroceso en estos tiempos miserables que nos ha tocado vivir, donde parece haberse impuesto el toque de queda para aquellos valores que vayan más allá del sálvese quien pueda. La figura de Josema se agrandó no solo por su texto perfectamente hilvanado, sino por el contexto, no en vano era el escenario menos propicio para decir lo que se dijo, lo que había que decir, lo que no se puede seguir ocultando. Muchas gracias, José Manuel. Al menos que no nos arrebaten la voz ni la palabra.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La esposa del candidato


Ya sabemos que los EE.UU son, entre otras cosas, el mayor exportador mundial de estupidez, seguidos  muy de cerca por China (que no solo en el PIB se compite). Cuesta creer que una mayoría, o una parte significativa de la población, de este país se zampe al pie de la letra las puestas en escenas de las convenciones de los partidos en liza para las presidenciales del Imperio.  Convención tras convención la corte de asesores y especialistas en mercadotecnia escenifican el mismo ritual de la vacuidad en dolby sorraund.  E invariablemente el rebaño de ovejas se emociona ante las confesiones de la esposa del candidato aireando las virtudes familiares y piadosas del presidenciable. Las cámaras recogen a los maravillosos retoños de la pareja que asisten con contenida satisfacción a las puestas  en escena de sus progenitores. No en vano coronan de esta manera toda una vida enfocada a perfeccionar la telegenia y desempeñar el papel de perfectos White Anglo Saxon Protestan (categoría en la que entra perfectamente un Obama más white que ninguno). Los comentaristas, a falta de algo verdaderamente sustancioso, se aplican en buscar algún guiño, una palabra fuera del guión, un renuncio que añada algo nuevo a tanta previsibilidad.
Uno está, además,  por crear algún tipo de frente unitario contra las versiones cantadas  por solistas a capella del himno estadounidense. Por favor, señores mandamases ¡no nos castiguen más con tanto arrebato de emoción patria! Ya sé que cada uno se  monta el sarao como mejor le va (que para eso también por estos lares tenemos nuestras convenciones a base de bocadillos de mortadela). Pero como en este mundo globalizado en una sola dirección somos los de este lado del planeta los que tenemos que tragarnos tanta estupidez mainstream (y no al revés) tengan un poco de compasión de nosotros, pobres siervos que pagamos religiosamente nuestro diezmo en forma de aplicados consumidores de basura de todo tipo. Lo verdaderamente peligroso es que, como ha quedado contrastado, la estupidez resulta altamente contagiosa. Y no habría que extrañarse de que en un futuro cada vez más cercano, dada la indisimulada cutre-política pepera, empecemos a ver a las esposas cañí de por aquí cerquita alabando las paellas del candidato a dirigir la cosa patria, mientras los niños, educados en los maristas (como corresponde a la clase dirigente), lucen raya del pelo al lado y traje azul de chaqueta y corbata con gemelitos de oro, recuerdo de la abuela.  A veces pienso que, al igual que pasa con la próstata, hay algún área del cerebro humano que debe estar para que la envíen de nuevo al taller de diseño.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sobre sueños satisfechos


Decía Aristóteles que para ser feliz había que tener, previamente, algunas necesidades materiales y afectos satisfechos. Y a partir de ahí pues a cultivar la virtud, la contemplación y esas cosas. Esto parece una obviedad, pero ¿cuántas personas pueden decir que tienen ese prerrequisito cubierto y sobre todo con la que está cayendo? Se entiende que a muchas personas en su lucha diaria por la existencia eso de la felicidad le suene a una soberana milonga. ¿Es la felicidad un estado mental alejado de cualquier influencia  mundana?  Pero, en relación a esta vieja aspiración del ser humano, el de alcanzar una vida plena y realizada, la cuestión es saber qué hacer con nuestra existencia precisamente cuando estos requisitos previos, los materiales al menos, están mínimamente cubiertos. Esta reflexión me viene a la cabeza después de asistir hace unos días a la presentación por parte del joven periodista tinerfeño, César Sar, de su largo viaje / odisea particular por el mundo. César, hace poco más de un año, se lio la manta a la cabeza, dejó su profesión y sus alforjas materiales y puso en práctica su sueño de toda la vida. Con las dotes de gran comunicador que le caracteriza exhortó al público a plantearse precisamente esa necesidad de enfrentarse algún día a los propios anhelos y deseos insatisfechos.
Al día siguiente hablaba también con una mujer que dejó su profesión y apostó vital y materialmente por un proyecto que muchos tildaron de disparatado: poner en funcionamiento una sala de teatro con una programación estrictamente formativa – cultural. El caso que pese al riesgo de tamañas empresas ambas personas tienen en común una actitud vital que podríamos pensar que raya en lo que los griegos llamaban la “eudaimonía”, la búsqueda de la “Felicidad”. Si de ambos pudiéramos extraer algún tipo de generalización (aunque sea con una muestra tan pequeña) podríamos decir que la cosa pasa por tener el control de tu propia vida, por hacer aquello que “estas llamado a hacer” y por liberarte de esa suerte de miedos, inercias y supuestas imposibilidades en la que, en realidad, muchas veces nos educan. Por mi parte solo puedo añadir, en mi modesta experiencia en estos asuntos, que, en efecto, siempre he pensado que los límites (a pesar de que es muy importante saber que los tenemos) son muchos más laxos de lo que creemos. Al final es más importante ponerse en movimiento, aunque no tengamos muchas veces claro el rumbo ni el destino, que quedarse en la Estación Termini esperando eternamente a que se abran los cielos. ¡Enhorabuena a ambos, compañeros!

domingo, 26 de agosto de 2012

¿Por qué me gusta Sacha Baron Cohen?


Después de ver “El Dictador” (2012) uno solo tiene dos opciones ante Sacha Baron Cohen: o rasgarse las vestiduras en nombre de la decencia y las buenas costumbres o rendirse incondicionalmente ante la capacidad de transgresión sin límites de un tipo que, claramente, está más allá del bien y del mal. Si con Borat se ganó, y no era para menos, la declaración de enemigo público número uno de Kazajistán, con El Dictador, el actor y director inglés traspasa todos las líneas rojas de lo políticamente incorrecto. Más allá del afán escandalizador hay en los personajes de Baron Cohen una carga de profundidad directa y demoledora a la hipocresía y la doble moral de occidente. Su aparente desdén por las convenciones culturales, sexuales, religiosas, éticas, etc. admite otra lectura. Este hombre ha sabido captar el oscuro trasfondo que en realidad rige el orden social y utiliza para ello una de las mayores armas de destrucción masiva que se conocen: el humor. Un humor irreverente, corrosivo, descarnado y obsceno en no pocas ocasiones. La escena en el que el dictador se dirige a los políticos mundiales en una sala de lo ONU recomendándoles un régimen totalitario como mejor forma política y poniéndoles como ejemplo lo que ellos ya hacen es, sencillamente, impagable.  El momento en que su consejero y traidor pacta con un político chino homosexual y altos ejecutivos de las principales petroleras del mundo la venta de los yacimientos de su país a cambio de generosas comisiones es más demoledora que cualquier sesudo tratado de teoría política. En su asistencia al parto de una mujer en medio de una tienda se le fue la cabeza por completo, pero Cohen tiene la particularidad de que en el proceso de progresivo enloquecimiento de su película hasta eso termina por tener cabida. Vueltos al mundo real, uno tiene la sensación de que la línea que separa las convenciones sociales de un circo de lo absurdo es más delgada de lo que parece. A lo mejor el protagonista de  Borat y Aladeen terminará convirtiéndose en una especie de filósofo nihilista del siglo XXI que filma con el martillo, escandaliza a los bien pensantes de medio mundo  y nos rompe la mandíbula a carcajadas al resto. Bien por Sacha Baron Cohen, el segundo periodista más famoso de Kazajistán y el Almirante General más disparatado de todos los almirantes generales del planeta (y miren que hay una buena corte de candidatos –oficiales y encubiertos).

jueves, 23 de agosto de 2012

Gene Kelly que también estás en los cielos.


Gene Kelly hubiera cumplido hoy cien años. ¡Cien años! Me sorprende de entrada que uno de mis más admirados personajes tenga edad, que no sea un personaje fuera del tiempo, anclado permanentemente en los 40 años que tenía cuando rodó “Cantando bajo la lluvia”. Quizás no fuera uno de los mejores actores de su época pero como bailarín, como productor y como artistas nos legó un puñado de películas inolvidables. Al clásico indiscutible ya mencionado, habría que añadirle una de mis favoritas: “On the Town”, un musical que marcó época y que fue de los pioneros en salir a la calle y abandonar los decorados de cartón piedra. O ¿qué me dicen de “Un americano en París” y sus números inmortales? ¿Quién no se ha puesto a tontear alguna vez con un paraguas bajo la lluvia o ha esbozado alguna mala imitación de claqué? Yo sí, aunque con resultados, evidentemente, desastrosos. Frente al acartonado y excesivamente atildado Fred Astaire, Kelly sigue resultando un tipo moderno, atrevido, acróbata (no en vano estaba dotado de una fuerza y elasticidad excepcionales). Supo retirarse a tiempo y pasar a segunda fila cuando ya el cuerpo empezaba  a no estar para grandes alegrías. Era un obseso perfeccionista y exigía que los números musicales se ensayaran hasta la extenuación. El “pobre” Frank Sinatra lo pasaba fatal con él, no en vano era un tipo más proclive a vivir de su carita que a meterse a un maratón de ensayos entre pecho y espalda.
Llevo tiempo intentado encontrar alguna bibliografía en español sobre Gene Kelly, pero ¡nada! Ni siquiera con la excusa del centenario, como suele pasar en otros casos, parece haberse movido la cosa. Así que si algún lector tiene noticia de ello este humilde bloguero le estará muy agradecido. Reconozco que Kelly era un tipo que me causaba, y lo sigue haciendo, una profunda admiración. Gestualmente apenas iba más allá de esbozar su característica sonrisa marcada por esa cicatriz suya de la mejilla. Pero cuando se ponía en movimiento…  A mí esta movida de los grandes musicales siempre me ha parecido el género más fascinante del séptimo arte. Incluso he llegado a pensar que si convirtiéramos la existencia en un gran musical otro gallo nos cantaría (o nos bailaría). Gene Kelly que estás en los cielos, márcate unos pasos y alégranos esta maldita y mediocre existencia dominada por peperos y mercadeos.

martes, 21 de agosto de 2012

Previsores


Hace algo menos de veinte años, en el transcurso de un acto público en el que el político de turno responsable de las grandes infraestructuras de esta ínsula trataba de justificar la última de sus mega ocurrencias, tuve la oportunidad de hacer una pregunta claramente impertinente: ¿tiene usted alguna proyección de las posibles condiciones de vida en esta isla a diez, veinte o treinta años?  El político me miró como si le hubiera preguntado por el Teorema de Fermat. El caso es que uno, en mi ingenuidad de entonces, pensaba que los políticos también estaban para eso, para gestionar y tomar decisiones mirando al futuro. Por supuesto que en aquella reunión se nos aseguró que esa y otras infraestructuras eran las condiciones necesarias para un futuro económico y social esplendoroso para esta tierra y que los que ponían objeciones no eran sino peligrosos cavernícolas, abonados al ‘no’ a todo. Pues bien, un par de lustros después (y con unas cuantas obras faraónicas de por medio) estamos donde estamos, en medio de una crisis económica galopante que tiene a nuestras islas en un increíble e inasumible 30% de paro. Es cierto que desde entonces ha habido quienes han ganado mucho dinero con todo esto, que todo se ha multiplicado por no sé cuánto, que los municipios han crecido de manera exponencial muchos de ellos. Pero, curiosamente, esto no nos ha librado del gran batacazo. Es más, en cierto sentido nos ha llevado a él. Previsores que somos…
Mientras el beneficio económico inmediato de unos pocos siga siendo el motor de las decisiones de calado que se toman en estas islas no tendremos remedio alguno. Y mientras el personal piense que las cosas no pueden ser de otra forma pues más de lo mismo.  Al final, lo único que hemos conseguido es condenar a una o varias generaciones de jóvenes a tener que marcharse de su tierra. Tenemos a una hornada de sociólogos, psicólogos, científicos y un largo etcétera cuidando niños en Londres o repartiendo pizzas en París. Y es que aquí, por muchos planes insulares de esto o de lo otro, mucho documento técnico sobre ordenaciones de todo lo ordenable, en realidad se carece de una perspectiva seria (o dicho de otro modo, sostenible, viable y justa) del futuro de estas islas. Sobre todo porque se sigue apostando por un modelo de crecimiento que está ya absolutamente caduco, basado en la construcción, el turismo de masas y el faraonismo para mayor gloria del mandamás que toque. Un modelo de “coge el dinero y corre”. Un modelo que nos ha dejado las costas de esta isla que da pena verlas, pueblos abigarrados con su identidad borrada (la mayoría de ellos), un parque automovilístico brutal y, quizás, lo que es peor, la misma pobreza cultural que antes. Bien se dice que lo peor, con todo, son las manías de nuevos ricos que nos entraron en las últimas décadas. Pensábamos que esto iba a ser una especie de Montecarlo pero a lo bestia, sazonado, eso sí, con mucha romería y exaltación de la cosa verbenera-folklórica (con todos mis respeto por los verbeneros -folklóricos). El caso es que perdimos (si es que llegamos a tenerla alguna vez) todo rastro de memoria histórica. Nos olvidamos que esta tierra, en su fragilidad, fue tierra de inmigrantes, que esto fue debido en gran parte a los sucesivos monocultivos, a la estructura política caciquil, a nuestra dependencia económica, la nula diversificación productiva… Más o menos como hasta ahora. No sé porqué me he acordado en estos días de aquel político de entonces.

viernes, 17 de agosto de 2012

La educación prohibida

Congratula comprobar cómo, de vez en cuando, la educación se pone en el primer plano, pero no por los miles de desastres que la aquejan, sino porque todavía hay quien apuesta por una “revolución” en los fines y en los medios. “La educación prohibida”, una especie de película – documental, de factura independiente y libre distribución, está inspirada en los principios de pedagogías que, si bien no son nada nuevo (como son las pedagogías Waldorf o Freinet), siguen resultando un soplo de aire fresco en medio del proceso de cosificación de la educación y por ende del ser humano que estamos viviendo. Hace poco oía alarmado en una tertulia radiofónica cómo se ensalzaba al modelo educativo surcoreano, en tanto que base de su enorme crecimiento económico, y se hacía un llamamiento para que este pobre país nuestro tomara buena nota del mismo. ¡Horror! Esos tertulianos quizás desconocían (o lo que es peor, poco les importaba) que este país tenga la mayor tasa de suicidios escolares del mundo y que su modelo educativo cuasi militarizado sea absolutamente inhumano. Parece que todo puede ser sacrificado ya en el altar de los mercados, incluida la vida de nuestros niños.  Es sintomático que una película que habla de amor, libertad, respeto y creatividad en la educación, en las escuelas, cause todavía tanta sensación, sobre todo si tenemos en cuenta que es una producción hecha al margen de los circuitos comerciales y que ha tenido una recepción exponencial  en las redes sociales.  La abarrotada Sala Timanfaya del Puerto de la Cruz era buena muestra de ello.
Por otra parte, también es un síntoma de la terrible deriva que ha llevado la enseñanza (en especial la pública) en los últimos años, obsesionada (informes Pisa mediante) con la cuantificación, la burocratización (enmascarada bajo certificados de calidad y otras zarandajas) y el reglamentarismo. En todo este proceso se ha ido perdiendo la noción de una educación centrada en el desarrollo integral de la persona para terminar, de nuevo, en una visión industrializada donde cualquier atisbo de vida creativa, alegría y empatía es convenientemente cercenada. “La educación prohibida” pone el acento en un debate ya antiguo pero no por ello (lamentablemente) desfasado. Como profesor siento un poco de rubor al comprobar cómo, de alguna manera, uno contribuye a mantener  esa visión notarial de la educación. Pero, esta batalla no se resuelve de un día para otro (aunque ya empieza a durar demasiado). Por ponerle un “pero” a la película habría que decir que quizás tiene un exceso de metraje y resulta un tanto redundante en los mensajes nucleares. Aunque, pensándolo bien, el proceso educativo también suele tener un exceso de metraje y ser redundante en los mensajes nucleares. Las mejores cocciones son las que se realizan a fuego lento. Al final de la película una veintena de irreductibles protagonizamos un animado debate que terminó, como no podía ser otra forma, recorriendo los caminos de la política y la naturaleza humana.

Postdata 1. Hacía diez años que no veía una película en esta Sala, el tiempo justo que lleva mi padre fallecido, y del que era acomodador y taquillero. Me pareció verlo detrás de la cortina con la cara de satisfacción que se le ponía cuando  en algún estreno el aforo estaba a rebosar y sentía que el cine era una cosa importante.
Postdata 2. Aprovecho para felicitar a Mónica Lorenzo, empresaria cultural portuense, por su heroica apuesta por mantener viva esta llama en medio de los tiempos oscuros que nos ha tocado vivir.

jueves, 9 de agosto de 2012

De Curro Jiménez a Sánchez Gordillo

Pues se ha muerto Sancho Gracia, el actor que encarnara al bandolero más guay que ha parido las sierras andaluzas. ¿Quién de una cierta edad no recuerda esa épica musiquilla de la cabecera de la serie mientras aquellos jinetes, trabuco en ristre, no terminaban nunca de acercarse en el horizonte? Curro Jiménez en su lucha contra los franceses invasores repartía justicia y unas monedillas entre los aldeanos y labriegos, la grey proletaria de aquellos tiempos. Pues muerto Curro Jiménez nos ha salido otro “bandolero bueno”, Manuel Sánchez Gordillo, diputado andaluz y alcalde de Marinaleda. La reciente acción de este antipolítico ha desatado todas las alarmas del Sistema (así, con mayúscula). No hay nada más desarmante que aplicar una lógica simple: 1) en las grandes superficies hay muchos alimentos que son objeto de especulación económica, 2) hay un número exponencialmente creciente de personas que pasan hambre, por tanto, 3) anteponiendo un criterio de humanidad expropiemos esos alimentos.
Desde un punto de vista ético es un razonamiento completamente plausible. El problema es que en nuestro mundo la ética se da de tortas con la política. Por eso, y como buen bandolero, Sánchez Gordillo ha sido proclamado enemigo número uno del Leviatán de nuestros días, no sea que la cosa se propague y a los menesterosos del mundo les dé por saciar su hambre directamente de las estanterías de las grandes superficies y ¡adiós al negocio! Es de suponer que estos sindicalistas de los de antes (nada que ver con el sindicalismo oficial recibido con la correspondiente chaqueta y corbata por nuestro Jefe del Estado especializado en elefanticidios)   han sopesado muy bien el alcance de su acción. Y es de suponer también que los consejos de administración de las grandes superficies estén temblando no sea que los nuevos bandoleros acaben con esta invasión, no ya de los gabachos, sino de los bancos teutones que nos tienen bien acogotados y de la mancha de aceite ultraliberal que se propaga por todas partes. La pregunta es ¿Curro Jiménez habría hecho lo mismo?, ¿aparecería el apuesto bandolero junto a sus inseparables  Algarrobo y Estudiante, al final de la calle, sobre sus corceles de fina raza española, entrando a saco en un Mercadona? Y mira que nos caía simpático este hombre.

martes, 7 de agosto de 2012

Entre Marilyn y Audry

Acaba de conmemorarse el cincuentenario de la muerte de Marilyn Monroe. Siempre he dicho que si se inventara una máquina del tiempo me gustaría trasladarme a aquella habitación de su casa californiana donde Marilyn pasó su última noche. ¿Suicidio o asesinato? Otro de los muchos enigmas del siglo XX. Seguramente desde mi  atalaya privilegiada contribuiría a derribar el ya maltrecho mito de los Kennedy. Quizás el reverso de Marilyn Monroe  sea  Audry Hepburn,  dos de los grandes iconos del pasado siglo que siguen viviendo una sorprendente aunque bien merecida actualidad. Desde su condición ya de clásicos perviven más allá del bien y del mal. Y, sin embargo, son dos figuras aparentemente contrapuestas. La voluptuosa Marilyn es un producto de los años 50 y la estilizada y frágil Audry, básicamente, de los 60. La primera tuvo una vida compleja y atormentada, devorada por su propio personaje, como otros tantos mitos del celuloide. Audry, sin embargo, llevó una vida discreta y muy alejada de los escándalos propios del medio, lo cual es menos habitual. Curiosamente, la interminable publicación de las colecciones de fotos familiares de ambas en los últimos años no ha hecho sino acrecentar sus mitos. Debe ser cosa de los años, pero suele darse un proceso de identificación con ciertos personajes que parecen acompañarnos a lo largo de la vida y que representan, de alguna forma, lo universal de nuestra maltrecha existencia.
Hay gente que se declara más de Marilyn o más de Audry, como si fueran dos modelos distintos de abordar  el ser y el estar. Pero en este caso, como en tantos otros,  hay que sumar. Es cierto que en todo esto hay algo de perspectiva androcéntrica de entender lo femenino. Bueno, también hay quienes se declaran más de Marlon Brandón versus Paul Newman y no pasa nada. Tampoco habría que ser excluyente en este caso. Lo cierto es que esto de la mitomanía es una cuestión irracional por definición, por lo que no queda otra cosa que abandonarse gozosamente a las pasiones. Esto me ocurrió esta mañana cuando una biografía de Audry Hepburn me habló en una librería y ni corta ni perezosa se apoderó de mi cartera (no sé si he comentado en alguna ocasión que a mí los libros me hablan y que al igual que los relojes de Cortazar son ellos los que me poseen y no al revés como al resto de los mortales).  La suma no solo de estas dos megaestrellas del cine sino de todo el panteón acumulado tiene casi la categoría de patrimonio de la humanidad. Y, claro, con tanta vieja gloria acumulada, ¿quién tiene tiempo para los novísimos aspirantes al Panteón de la inmortalidad?
PD. Saldo, por ahora, una pequeña deuda con mi amiga Ane, quien siempre echa, con razón, un poco en falta algo más de mitomanía en este blog.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sadismo económico


No he leído  mejor definición de lo que está pasando que la que acaba de emplear Ignacio Ramonet en su Le Monde Diplomatique, “sadismo económico”. No otra cosa es el empeño que ponen los responsables de la cosa macroeconómica, una aplicación sin límites en el arte de hacer sufrir a la ciudadanía. Encima, para suerte de estos prebostes, al personal le ha dado por el rollo masoquista. Y es que las ovejas aguantan lo que le echen. Elegimos a una corte de plutócratas para que nos dejen con lo puesto. Personajes a los que la maldita crisis o bien les hace más ricos o como mucho se ven obligados a prescindir de una de sus muchas empleadas del servicio o de algún Ferrari de su flota de coches. Y así nos va. Luego los lobos nos asustan diciendo que si nos portamos mal vendrán otros lobos más malos aún. Eso  lo hemos visto en Grecia, por ejemplo, donde a pesar del sufrimiento infinito causado a la población al final se sigue eligiendo a los mismos para administrar la nada. Aquí algunos se ilusionan con unas elecciones anticipadas o algún tipo de referéndum después de que, como estaba cantado, el PP hiciera todo lo contrario de lo que propugnaba. El lógico (y hasta poco) descontento social al final terminará plegándose mayoritariamente a algunos de los dos partidos que controlan el cotarro. Para ello ya se pondrá la maquinaria mediática a asustar al personal, como si lo que ya tenemos encima fuera un juego de niños. Algo muy propio de una pandilla de sádicos. Si el Marqués de Sade levantara la cabeza se sentiría muy satisfecho viendo el empeño que ponen los nuevos cachorros del ultraliberalismo con la fusta y el silicio de siete colas.