Decía Nietzsche: “nunca creería en un dios que no supiera bailar”. Quizás es la cualidad de la que carece el actual Olimpo y por eso las cosas van como van. Siempre he fantaseado con que en un momento dado una gran y espontánea coreografía se montara a partir de la nada en cualquier instante de nuestra vida cotidiana. ¿Se imaginan? Un día cualquiera por la calle y, de repente, de los bares, comercios y soportales una multitud bailando en perfecta sincronía al son de una música que suena desde no se sabe dónde. En un colegio, alumnado y profesorado, a media mañana de la jornada escolar, saliendo en estampida de las aulas mientras se forma un gran musical por los pasillos. Y cuando se termina el último de los acordes todo el mundo volviendo a sus quehaceres como si nada hubiera ocurrido. Efectivamente, eso que muchas veces contemplamos extasiados en alguna película del género y que en nuestro interior catalogamos en el mundo de las fantasías. Debe ser que hay más de uno que también sueña con lo mismo. Y si no pinchen en el enlace que les adjunto (que me envió una amiga) y vean la que se armó en la Estación Central de Trenes de Amberes (Bélgica) en marzo del pasado año. A las 8 am una grabación de la célebre canción de Julie Andrew “Do, Re Mi...” (perteneciente como sabemos a la lagrimógena “Sonrisas y Lágrimas”) empieza a sonar a través de la megafonía de la estación. Unos 200 bailarines comienzan a surgir de entre los transeuntes y se monta un buen espectáculo. ¿Por qué no pasarán estas cosas aquí?http://www.youtube.com/watch?v=7EYAUazLI9k&an