El pasado viernes, dentro del ciclo “Realejos Fusión”, organizado por la Concejalía de Cultura de mi pueblo, tuve la oportunidad de asistir a un magnífico concierto de Anna Rodríguez y Eliseo Lloreda. De entrada, una actuación integrada por una vocalista y un guitarrista no suele despertar en mí un excesivo entusiasmo dado, como soy, a la cosa sinfónica. Pero en esta ocasión al dúo en cuestión no le falta nada ni tiene nada que envidiar a cualquier banda de jazz repleta de instrumental. La combinación de la cálida y prodigiosa voz de Anna con el virtuosismo acreditado de Lloreda solo puede tener como resultado un espectáculo memorable. En esta ocasión aprovecharon para presentar su último trabajo discográfico, What We Are. Se trata de versiones de clásicos del género, con inclusiones brasileñas, en las que tan bien se maneja, además, esta pareja musical. La patina intercultural de Anna se transmite en sus conciertos, aportando una sensibilidad y una magia que envuelve al público desde el primer momento. Al mismo tiempo, la gran afinidad y complicidad entre los dos intérpretes se proyecta también desde el escenario. Hay que destacar dos momentos especialmente mágicos: el clásico de Cyndi Lauper, Time After Time, en el que la cantante incluso hubo de imponerse a la agresión de un móvil que desde el patio de butacas se empeñó en cometer un crimen de lesa humanidad y el número final, Bye Bye Blackbird, de Ray Henderson, donde Anna Rodríguez pone en escena toda la simpatía que le adivinamos. Por tanto, no me queda más remedio que admitir que un espectáculo de jazz puede ser absolutamente brillante con una vocalista de primera fila y un genio de la guitarra (discúlpenme por mi particular descubrimiento del Mediterráneo). Muchas gracias por liberarnos de las tensiones de este mundo, demostrando una vez más que tenemos músicos de enorme calidad entre nosotros.
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domingo, 19 de junio de 2011
Pasión por la Música (3) Anna Rodríguez y Eliseo Lloreda
El pasado viernes, dentro del ciclo “Realejos Fusión”, organizado por la Concejalía de Cultura de mi pueblo, tuve la oportunidad de asistir a un magnífico concierto de Anna Rodríguez y Eliseo Lloreda. De entrada, una actuación integrada por una vocalista y un guitarrista no suele despertar en mí un excesivo entusiasmo dado, como soy, a la cosa sinfónica. Pero en esta ocasión al dúo en cuestión no le falta nada ni tiene nada que envidiar a cualquier banda de jazz repleta de instrumental. La combinación de la cálida y prodigiosa voz de Anna con el virtuosismo acreditado de Lloreda solo puede tener como resultado un espectáculo memorable. En esta ocasión aprovecharon para presentar su último trabajo discográfico, What We Are. Se trata de versiones de clásicos del género, con inclusiones brasileñas, en las que tan bien se maneja, además, esta pareja musical. La patina intercultural de Anna se transmite en sus conciertos, aportando una sensibilidad y una magia que envuelve al público desde el primer momento. Al mismo tiempo, la gran afinidad y complicidad entre los dos intérpretes se proyecta también desde el escenario. Hay que destacar dos momentos especialmente mágicos: el clásico de Cyndi Lauper, Time After Time, en el que la cantante incluso hubo de imponerse a la agresión de un móvil que desde el patio de butacas se empeñó en cometer un crimen de lesa humanidad y el número final, Bye Bye Blackbird, de Ray Henderson, donde Anna Rodríguez pone en escena toda la simpatía que le adivinamos. Por tanto, no me queda más remedio que admitir que un espectáculo de jazz puede ser absolutamente brillante con una vocalista de primera fila y un genio de la guitarra (discúlpenme por mi particular descubrimiento del Mediterráneo). Muchas gracias por liberarnos de las tensiones de este mundo, demostrando una vez más que tenemos músicos de enorme calidad entre nosotros.
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