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jueves, 19 de enero de 2012

La muerte progresiva de la cultura en Canarias.

No va a quedar nada. Tantos años viviendo de los excedentes del ladrillo para regresar al final a la época del botijo. Ya lo decía algún economista avispado en aquellos tiempos en los que el PIB español le hacía la gracieta a las locomotoras europeas: “esto es un bluf... pan para hoy y hambre para mañana”. Pero, ¿quién se iba a detener en eso de la burbuja inmobiliaria cuando aquí ganaba dinero hasta el Kiko? Si el homo sapiens se caracterizara por una pizca de previsión, si fuésemos capaces de pensar en línea, si miráramos más allá de la satisfacción inmediata (un rasgo -dicen algunos- de total ausencia de inteligencia emocional) posiblemente no nos hubiéramos dado semejante batacazo. Si a esto le añadimos nuestra proverbial carencia de memoria histórica, esta fatal inclinación por incurrir mil y una veces en las mismas meteduras de pata, entonces ya cerramos el círculo infernal de la estupidez.
Todas las manías de nuevos ricos, auspiciadas por esta caterva política entregada a los negocios, se revelan ahora como monumentos a la vacuidad. De entrada pienso en auditorios de autor, con adornos arquitectónicos carísimos y perfectamente inútiles, tranvías urbanos con alfombras de cesped que ahora no se pueden ni regar, macropuertos injustificados y que atentan contra el sentido común y contra el medio ambiente. En fin... Mientras, lo que creímos como conquistas sociales van cayendo una detrás de otra. La educación y la sanidad pública están siendo llevadas hasta la más pura indigencia, la cultura en Canarias ha recibido un hachazo de muerte, la protección del patrimonio histórico y natural empiezan a verse seriamente comprometidos, etc. Tenemos, encima, que soportar que la plutocracia que nos gobierna (Soraya Sáenz de Santamaría dixit) afirme muy ufana ella que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que quienes mantienen un nivel de vida del copón nos sermoneen con que tenemos que ajustarnos el cinturón.
Escribo estas líneas en el momento en que me entero que han suspendido el Festival MiradasDoc. Esta decisión llega cuando muchos tenemos aún en la retina la magistral intervención en este festival isorano de Eduardo Galeano en medio de un llenazo tremendo. Esta suspensión se añade a la defunción del Festival Mueca y a los recortes brutales en las programaciones culturales de las distintas administraciones. Lo peor de esta historia es que esta ciudadanía tan despierta y reivindicativa que tenemos admite que en este estado de excepción encubierto todo es posible y justificable. Todo, menos poner en cuestión la mayor: ¿y si lo que falla es este modelo económico y social que nos sacrifica a todos en el altar de los mercados? [El Catalejo 2]

domingo, 30 de octubre de 2011

El Cazador de Libros (18) Inmortal Galeano

Reconozco que no he leído “Las venas abiertas de America Latina” de Eduardo Galeano. Una de mis muchas asignaturas pendientes. Pero algunos otros libros de este escritor uruguayo sí. Hoy, como muchos cientos de personas, he tenido la oportunidad de asistir por primera vez, en el marco del festival Miradas Doc, en Guía de Isora, a una conferencia / lectura de este escritor. Y ¿qué puedo decirles? Sencillamente que fue una experiencia inolvidable. Galeano, con su voz abaritonada, cadenciosa y embriagadora, leyó unos textos de su próxima publicación. Unos textos que, afortunadamente, continúan en esa línea de literatura político y social que siguen siendo tan necesaria hoy en día. De hecho, Galeano es algo así como la voz de la humanidad doliente, la de los desposeídos y arrinconados de la historia. Ahora que viene un largo invierno derechoso en estas tierras desventuradas tengo la sensación de que muchos de los asistentes fuimos con la intención de cargar las alforjas para encarar esta larga travesía que nos espera. Y es que Galeano es el alimento de los que anteponen la defensa de lo humano a la insidia de los poderosos. Hace realidad aquello de que no hay nada más desarmante y perentorio que la memoria histórica, sobre todo frente a quienes defienden que la amnesia colectiva es la garantía del progreso (el del suyo particular, por supuesto). Fue también reconfortante comprobar cómo aún tiene poder de convocatoria la llamada del compromiso con los vencidos y los humillados, cómo se saludan fraternalmente quienes se dan cita en ese pequeño altar de las letras con alma que representa la obra de Galeano.
En el pequeño puesto que se montó a la entrada del Auditorio solo alcancé a comprar “Días y noches de amor y de guerra” (Alianza 2008), una suerte de memorias -otra de mis grandes pasiones. Intenté ver la forma de que, junto al ejemplar de “El libro de los abrazos” que llevé de mi biblioteca, me los firmara Galeano pero este se perdió entre bambalinas y el gentío que pululaba por todas partes. ¡Qué le vamos a hacer! Por lo menos quedará en mi durante bastante tiempo el eco de sus palabras que hablan directamente al corazón del ser humano.