A muchos visitantes de la casa de José Saramago les asombraba que este, ateo furibundo, tuviera entre sus bienes más preciados un pequeño conjunto escultórico de una piedad. El premio nobel solía responder que él no veía en esa pieza otra cosa que la representación del sufrimiento humano. Esta misma reflexión me vino a la cabeza anoche mientras asistía a la actuación de la Coral Reyes Bartlet y de la Capilla Cayrasco con un programa de Orlando di Lasso y Palestrina, enmarcado en el X Festival de Música Antigua y Barroca del Puerto de la Cruz (¡diez años ya!). La Missa Bell' amfitrit' altera viene a ser lo mismo que esa piedad de Saramago: un canto a la necesidad humana de trascender sus propios límites, una expresión sublime de lo bello y lo misterioso. Dicho esto, es de justicia volver a agradecer a la Asociación Cultural Reyes Bartlet que nos siga regalando, en estos tiempos de oscuridad y pequeñez, proyectos de tan fina factura y de tanto alcance en lo artístico y musical. Ya desde los primeros compases del Kyrie puede observarse el extraordinario nivel de las voces, el perfecto empaste, la complicidad absoluta con el grupo orquestal... El sonido resulta redondo, lleno de matices, pleno de emoción. La Coral Reyes Bartlet es un grupo en un estado de madurez, en un estado de gracia evidente que le capacita para llevar a buen puerto apuestas musicales que no están al alcance de cualquiera. Esto no es sino el resultado de la pasión por el trabajo bien hecho y por el alto nivel de autoexigencia de esta formación coral. Quien suscribe, como antiguo integrante de este coro, sabe muy bien de la intensidad del trabajo que hay detrás de un proyecto de este tipo, las horas de dedicación en casa, el análisis minucioso de cada frase musical, el acercamiento al sentido y al contexto de la obra, etc. Sorprende, como he escrito en anteriores ocasiones, que en estos tiempos de absoluta decadencia todavía haya quienes creen en una manifestación de la cultura que necesita de una gran cantidad de claves para poder ser valorada y, lo que es más importante, disfrutada. Todo esto no puedo dejar de verlo como una forma de resistencia, como una pequeña luz en este fondo gris que nos envuelve. Gracias, queridos artistas.
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domingo, 1 de abril de 2012
domingo, 27 de noviembre de 2011
Pasión por la Música (6) De Bandas y Coros
Sabemos que esta época oscura está trayendo consigo la destrucción de todo el tejido social y cultural de estas islas y de medio planeta. Así que resulta reconfortante comprobar cómo aún persisten células de resistencia como las que he tenido el placer de disfrutar este fin de semana. En primer lugar hay que mencionar el concierto de Bandas de Música llevado a cabo en la Casa de la Cultura de Los Realejos, en las que intervinieron la Sociedad Musical Filarmónica y la Agupación Musical Cruz Santa. Uno, que fue componente hace más de veinte años de una antigua banda de pasodobles y selecciones de zarzuela, comprueba con gran satisfacción el enorme salto cualitativo que han experimentado estas formaciones musicales en los últimos, al menos, quince años. Bandas que se atreven ya con una ejecución muy meritoria de la Obertura Guillermo Tell de Rossini, con una selección de The Blues Brothers, y donde contemplamos atónitos cómo uno de los directores se quita su chaqueta y ejecuta un solo con un clarinete multicolor que va desarmando progresivamente hasta quedarse con la boquilla mientras el resto de los músicos le acompañan sin perder el compás. Todo esto y más pudo verse en este concierto con motivo del Día de Santa Cecila. Extraordinario.
No menos extraordinaria resultó la interpretación de la Coral Juvenil David Goldsmith, uno de los coros de las Asociación Cultural Reyes Bartlet del Puerto de la Cruz, en la puesta en escena de una obra escrita para la ocasión, “El enigma de la estrella del Este”, dentro del III Festival Agatha Cristie. Aunque las distintas formaciones corales de la Reyes Bartlet nos tienen acostumbrado ya a un nivel artístico y creativo sobresaliente en sus numerosos proyectos es imposible no volver a quitarse el sombrero frente a otro ejemplo más de buen gusto y maravillosa ejecución. Mientras disfrutaba de la actuación, en la que se adivina la ya muy experimentada mano de Ricardo Rodríguez, profesor, cantante y actor – autor, y de la directora del coro, la joven pero ya muy veterana en estas lides Cristo Velázquez, me venían a la cabeza algunas reflexiones.
Pensaba que no deja de ser significativo que en medio de la polémica desatada por el recorte del 65% en Cultura (exterminio, podríamos decir) llevado a cabo por el Gobierno de Canarias, en un contexto en el que, como ya dije más arriba, se está dejando a cero el tejido socio-cultural que tanto tiempo y esfuerzo ha supuesto desarrollar en estas depauperadas islas, es de agradecer que desde las mismas entrañas de la sociedad civil, como son estas asociaciones, sociedades o agrupaciones culturales, se siga haciendo un trabajo de calidad. Un trabajo, además, que aúna dos cuestiones fundamentales para el futuro de los que habitamos en estos peñascos atlánticos: educación y cultura. El nivel que requiere la puesta en escena del concierto de las bandas o de la coral juvenil, es el fruto de mucho esfuerzo y constancia. Supone un plus impagable de formación para nuestros jóvenes, sin distinciones de condición social, y contribuye a mantener viva la epidermis social, tan dañada por las medidas de quimioterapia que se empeñan en poner en práctica estos médicos impostores que son nuestros políticos. Más allá de que un proyecto o una actuación concreta pueda estar subvencionada por una administración en particular, hace falta que se apoye decididamente y sin medias tintas a estos colectivos que, haciendo Cultura con mayúscula, suponen, al mismo tiempo, un recurso educativo de primera magnitud. Nos quieren engañar con el mensaje de que en estos tiempos de crisis la cultura es un lujo prescindible. Se me ocurren tantísimas cosas que sobran (ya puestos a meter tijera) que no tendría ni para empezar en el tamaño aconsejable de un post. Así que, como ciudadano, contribuyente cabreado, padre, paseante, amante de la música, docente y lector con ribetes apocalípticos, quiero agradecer enormemente el que estas manifestaciones de una sociedad que aún conserva algo de cordura y buen gusto sean todavía posibles.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Pasión por la Música (7) Coral Reyes Bartlet
Acabo de pasar una hora en el cielo. Me explico. El concierto de Navidad de la Coral Reyes Bartlet (CRB), del Puerto de la Cruz (Tenerife), se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de la buena música (perdón por el pleonasmo). En esta ocasión se daban varias circunstancias añadidas: un programa dedicado casi en su totalidad a Mozart, la participación de varias solistas entre los que destacaba Augusto Brito (quizás uno de los mejores bajos de Canarias), una formación musical de circunstancias, la KV Ensemble, que supo estar al nivel requerido, un director, José María de Vicente entusiasta y el hecho, muy significativo, de que este concierto conmemoraba el cuarenta aniversario de la CRB.Tuve la fortuna de formar parte durante varios años de esta formación coral. En esos años aprendí y disfruté tremendamente. Conservo la mayoría de las partituras. Sobre todo aquellas de los conciertos sinfónicos-corales en los que hubiera pagado de buena gana por vivir semejantes momentos. Permitirle a un modesto aficionado adentrarse en un mundo como este no tiene precio. La pena es que carezco ya de la autodisciplina necesaria para encarar un proyecto con el nivel de exigencia que la CRB demanda. Sin embargo, esta experiencia me permite valorar con conocimiento de causa el esfuerzo, la ilusión y el talante perfeccionista que está detrás de un concierto de estas características. El director de la CRB, José Hijar Polo, ha sabido dotar a este conjunto de una personalidad propia, basada, sobre todo, en la búsqueda de la excelencia, en un sonido homogéneo, dotado de intensidad y delicadeza al mismo tiempo.
Como suele ser habitual el aforo, que llenaba casi en su totalidad la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, era mayoritariamente extranjero. El Puerto de la Cruz es considerado como el primer municipio turístico de Canarias, al menos cronológicamente. Hoy es un destino “maduro”, lo que en el argot profesional, significa “obsoleto”. Quienes vienen dándole vueltas a la cabeza sobre cómo reflotar este sector se empeñan en fórmulas trilladas. Un municipio como el Puerto de la Cruz, que comenzó su andadura ligado al turismo de salud, que tiene como clientela a visitantes de cierta edad y considerable formación, sobre todo el que procede del norte de Europa, debe considerar la Cultura como una apuesta estratégica. Un festival como "Mueca" (de teatro y perfomance en la calle) que estaba en pleno auge fue laminado, el espacio que hacía las funciones de sala de conciertos, el Parque San Francisco, está en ruinas, y una coral como la Reyes Bartlet tiene serios problemas para subsistir (haciendo un decálogo de urgencia). Parece que más allá de la parranda y la cosa cachanchán se agota la imaginación y la voluntad política. Ese público extranjero del que estaba rodeado, como decía, es un público atento, formado y exigente. Esa supuesta frialdad de la que algunos hablan no es sino respeto hacia los artistas y comunión con la música. La mejor prueba del éxito del concierto fue ver a la mayoría del auditorio puesto en pie aplaudiendo con ganas.
Quizás la desgracia de la CRB sea estar ubicada en lo que, al fin y al cabo, no deja de ser, con perdón, un pueblo. Resulta raro encontrar formaciones de esta naturaleza, capaces tanto de montar una misa de Mozart con una orquesta de cámara como de colaborar en un “Ivan el Terrible” nada menos que con la Orquesta Sinfónica de Tenerife, por poner solo unos ejemplos, que no estén ubicadas en alguna capital o ciudad de gran entidad. El Puerto de la Cruz es una ciudad de unos treinta mil habitantes, tan aquejada por el desolador panorama que pinta el informe PISA como cualquier otra. Pese a esto, la labor educativa que viene haciendo la Asociación Cultural Reyes Bartlet es extraordinaria. Desde hace años mantiene una red de coros escolares y una coral juvenil por la que han pasado cientos de jóvenes (a la que hay que sumar una reciente Escuela de Canto). Como profesor sé perfectamente que los alumnos que tienen una formación musical, del tipo que sea, suelen destacar por encima del resto, tienen algo especial, sobre todo un sentido de la disciplina y una sensibilidad más acusada que se traduce en una mayor tasa de éxito en sus estudios. Hay que agradecer, por tanto, a esta Asociación su vocación educativa. Estoy convencido de que dará sus frutos más tarde o más temprano. De hecho, no han sido poco los jóvenes que se iniciaron en el mundo de la música en la CRB y que hoy, de una forma u otra, se dedican profesionalmente a ella o siguen con su actividad como aficionados a un nivel impresionante. Quizás llegue un momento en el que la proporción de canarios que son capaces de valorar y disfrutar de un concierto como este aumente ligeramente. Lo veremos (espero que sea antes del cincuentenario).
martes, 22 de septiembre de 2009
Pasión por la música (4) Sinfonía nº 2 de Mahler
Hace doce años, en septiembre de 1997, tuve la primera y más intensa ocasión de participar en un proyecto sinfónico – coral de la mayor magnitud. Se trataba nada más y nada menos que de la Sinfonía nº 2 “Resurrección” de Gustav Mahler. Al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, que ya entonces era y es una de las mejores formaciones de España, y conjuntamente con la Orquesta Sinfónica de Galicia, se encontraba Víctor Pablo Pérez. Por la parte coral el Polifónico de la Universidad de La Laguna y la Coral Reyes Bartlet de Puerto de la Cruz. Entre unos y otros habría casi 300 personas que abarrotaban el escenario colocado al efecto en el Recinto Ferial de Tenerife. Como todo el mundo sabe, esta sinfonía incluye un quinto movimiento sinfónico coral con la intervención además de una soprano solista (en este caso a cargo de la ya por entonces consagrada María Bayo) y de una contraalto (Cornelia Kallisch).Acababa de llegar a la Reyes Bartlet y tuve la ocasión de besar el cielo. ¡Participar de un proyecto semejante! Aunque no fuera sino la centésima parte de una masa coral suponía una experiencia única. Los ensayos iniciales en la propia coral fueron muy intensos. Aparte de la ya de por si tremendamente exigente partitura, con tesituras vocales extremas, había que perfeccionar al máximo la dicción del alemán. Mi pasión por Mahler, y particularmente por esta Sinfonía, me llevó a acompañar el periodo de ensayos con la lectura de la biografía de Mahler escrita por su discípulo Bruno Walter. Una experiencia irrepetible. Después del vapuleo en los ensayos corales, especialmente intenso para un aficionado recién llegado como era mi caso, pasamos al trabajo directo con Víctor Pablo. Muchos habríamos pagado por tener esta experiencia. En esa ocasión, y en otros proyectos posteriores, Víctor Pablo Pérez, responsable de haber colocado la OST al nivel del que goza actualmente, me pareció un director tremendamente sobrio y al mismo tiempo exigente. Procuraba poner toda mi atención para no perderme ninguna de sus indicaciones, sobre todo en aquellas en las que aportaba su visión musical de la obra. Esa austeridad en los ensayos se transformaba luego en el concierto en un torrente de expresividad y efectismo. Esta obra, monumental en sí misma, se prestaba a ciertos recursos extras, como los de colocar a una sección de metales fuera del escenario para hacer un efecto de eco o por el extraordinario papel de la percusión en algunos momentos fundamentales. Cuando se produjo la fusión de la parte coral e instrumental en los últimos ensayos previos al concierto el cúmulo de sensaciones musicales ya era apabullante. Para un neófito como yo compartir escenario con estos músicos súper profesionales era un auténtico lujo.
El día del concierto el Recinto Ferial estaba abarrotado. Indudablemente se trataba del acontecimiento musical del año en la isla. En esta obra el coro tiene una corta pero intensa intervención en el último movimiento. Mientras tanto y durante más de una hora ha de permanecer sentado asistiendo al desarrollo instrumental de la orquesta. Cuando al final llega su turno empieza con un triple pianísimo cantando el célebre pasaje “Aufersteh’n, ja aufersteh’n wirst du…” Esta es una parte extremadamente delicada. Cualquier salida de tono o de volumen de un coralista, cualquier pérdida de tensión, puede echar abajo todo el trabajo colectivo. Mi sentido de la responsabilidad, un tanto patológica en este caso, me impedía callarme durante este pasaje, cosa que hubiera sido lo más sensato. El desarrollo de este 5º movimiento va en un continuo crescendo y termina justamente al contrario de cómo empieza: con un triple fortísimo en el que se termina echando la bilis. Para un humilde barítono como era mi caso resultaba casi imposible llegar a determinada tesituras, sobre todo en lo graves.
Al final acabé extenuado pero feliz. Fue mi primera experiencia de este tipo, y como un primer amor, jamás se olvida. Desde entonces me auto regalo de vez en cuando alguna audición a oscuras en mi propia casa de la 2ª Sinfonía de Mahler en la que no puedo dejar de evocar aquella sensación de “estar dentro” de la obra.
viernes, 22 de mayo de 2009
Pasión por la Música (1) Cantar Haydn
Después de tres años de abstinencia vocal acabo de retomar mi faceta de cantante coralista aficionado (barítono) en una de las mejores formaciones de Canarias en este género, todo hay que decirlo, la Coral Reyes Bartlet de Puerto de la Cruz. El proyecto en el que participo es la Harmoniemesse de Joseph Haydn. Fue estrenada en 1802 y está considerada como la mejor de las misas compuestas por este célebre músico. Se trata de una pieza religiosa creada para honrar el santo de la princesa María Josefina Hermenegilda Esterházy, esposa del príncipe Nicolaus II, mentor de Haydn. Aunque se trata, por tanto, de una obra de encargo es el reflejo de un Haydn maduro y pleno de facultades, no en vano posee una amplia sección de vientos para los cánones de la época y goza de una enorme expresividad.Sólo quienes han tenido la experiencia de tocar un instrumento, cantar o bailar en un grupo conocen esa sensación tan particular que proporciona un acto de creación o interpretación colectiva. El proceso, en lo que respecta a una coral como esta, suele empezar con la primera toma de contacto con la obra: una pequeña audición con la partitura delante y las observaciones pertinentes por parte del director. Luego empiezan los ensayos por cuerda, con el jefe de cuerda al frente, en los que el coralista tiene que haber estudiado previamente las partes a ensayar. El siguiente paso es la conjunción de las voces masculinas por un lado y las femeninas por otro. Después se pasa al trabajo con todo el coro. Este es el momento en el que más suelo disfrutar y también en el que hay que mantener el
mayor nivel de concentración posible. Aquí ya no se dispone del apoyo del piano y hay que atender a las instrucciones sobre dinámicas y matices interpretativos. Es el momento en el que todas las individualidades deben fundirse en una unidad casi perfecta. Si se trata de una obra con orquesta, como es este caso, el último peldaño es el ensayo con la misma. No suelen ser más de dos o tres sesiones por lo que prácticamente aquí sólo se trata de balancear adecuadamente el sonido y conjuntar instrumentos con voces. Ya está todo preparado para la presentación del resultado final al público. Si todo se ha hecho bien el éxito está asegurado.
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