Ojeando, casualmente, unos periódicos atrasados encuentro en uno del 5 de mayo el siguiente titular “Bruselas y el gobierno descartan un rescate a los bancos”. Apenas un mes después tenemos encima la sombra de una intervención por mucho que quieran ocultarlo con todo tipo de subterfugios. Aunque ya sabemos que las declaraciones gubernamentales son tan poco de fiar como los cantos de una sirena esta gente del PP está batiendo récords en el arte de la manipulación. ¿Cómo puede alguien desdecirse con tal rapidez y tanta alegría? ¿Se acuerdan cuando aseguraban que no pensaban tocar el IVA? Bueno pues la cosa está cantada y, por orden de los bancos alemanes, toca hacerse cada día más pobres (eso sí, a los pringados de siempre). Ahora resulta que los asalariados, parados y pensionistas tenemos que hacernos cargo de los desmanes de la banca española (un ejemplo de rigurosidad y fortaleza, hasta hace poco). Los altos ejecutivos bancarios que se llenaban los bolsillos hasta ayer mismo con todo tipo de primas, que se retiraban a los 55 años con pensiones escandalosas, que representaban el modelo de éxito social por excelencia, son el objeto de un cuantioso rescate que tendremos que pagar entre todos. Curioso sistema este que rescata a los bancos y a los pudientes y condena a los Dimitris (jubilados y enfermos) a pegarse un tiro en una plaza pública. Lo que jode de verdad es la sensación de impunidad que acompaña a todo este desaguisado. Estamos con el agua al cuello y aquí nadie tiene responsabilidad alguna. Por lo visto las penurias de millones de parados, trabajadores en precario y el largo etcétera de parias son cosa de la vida, pura casualidad con un poco de fatalismo. Los responsables de la política económica de este país, la cúpula financiera y demás depredadores se van, una vez más, de rositas. A las ovejas solo nos queda seguir enganchados con la Eurocopa a la espera de que las mentes grises de la economía lo resuelvan todo para que podamos volver a los niveles de consumo, derroche y estupidez de hace unos años. Si tuviéramos un mínimo sentido de la dignidad, un poquito de memoria histórica y una gotitas de coraje mezclado con un leve aroma de nihilismo acamparíamos, no en una plaza pública, sino en el interior de los bancos hasta que nos devuelvan lo que es nuestro.
Mientras, me pongo en el youtube la banda sonora de Gladiator. No sé porqué.

